domingo, 21 de enero de 2018

Leer


Hoy me han enviado vía whatsapp este vídeo, muy simpático:


Y claro, no puedo evitar aprovecharlo para dejar una de mis famosas filípicas. Así que ya sabes, si te quieres ahorrar el sermón, deja de leer pero ya mismo, después no te quejes, que yo aviso a tiempo, ¿eh?

Aparte de lo simpático de la anécdota, este niño muestra uno de los mayores problemas que hay hoy en día. La gente, sobre todo los más jóvenes, sabe leer, sí, pero les sucede algo muy similar a lo del vídeo: leen pero no saben, no entienden.

Veo a adolescentes muy inteligentes, trabajadores y maravillosos que se esfuerzan por mantener una buena nota, pero que están "automatizados", son como máquinas, aprenden algo de una forma y como se cambie una letra o se planteen las cosas de forma diferente, están perdidos, no tienen ni idea.

Gente a quien no le gusta leer, que cuando tienen que hacerlo por fuerza, sólo piensan en acabar lo antes posible y no son capaces de contarte qué es lo que han estado leyendo.

Yo crecí en una época en la que los profesores pegaban y castigaban a los alumnos. Y el castigo o las tortas eran por partida doble, porque si se enteraban en casa que te habías portado mal o que te habían castigado o dado unos reglazos.... "algo habrás hecho". Esa parte de la educación de la época creo que es prescindible. Lo que ya me parece que no lo es, es el respeto por los docentes. Ni me parece prescindible el enseñar a leer, pero comprendiendo lo que se está leyendo. Poner escollos a los alumnos para que aprendan a defenderse, a buscar, a encontrar, a entender.

En mis años escolares, teníamos diez asignaturas como máximo. Ibamos y veníamos solos al colegio. Hacíamos los deberes y estudiábamos solos también. Teníamos tareas en casa. Teníamos imaginación, jugábamos y nos montábamos unas películas tremendas. Por ejemplo, y no te rías, pero de jovencilla jugaba con mis amigas a Los ángeles de Charlie (la serie de los años setenta), y yo era Sabrina. Teníamos cada una nuestro carnet identificativo, que nos lo currábamos. Y pistolas. Pero no de juguete, teníamos pistolas que fabricábamos con pinzas de madera, de las de la ropa, y que conseguíamos que lanzaran media pinza como si fuera una bala. Ahí es nada. Nos montábamos nuestras redes de espionaje y lo pasábamos genial.

Suena a tontería, pero creo que es el tipo de cosas que te hace desarrollar aptitudes y actitudes. Nosotros leíamos, escribíamos nuestras chorradillas y jugábamos. Ahora, se les da a los estudiantes un modelo de examen "las preguntas serán de este estilo" y ya. Y si por casualidad cambian el orden de una pregunta, ya están perdidos.

Creo que estamos aborregando a los niños. Y creo que estamos protegiéndolos demasiado. Ojo, que me incluyo en el paquete, ¿eh?. Y nos reímos con el niño del vídeo, sin darnos cuenta de que nosotros, en casa o en el edificio o en el barrio, tenemos niños como ese.

Ea, ya se ha acabado :)

2 comentarios:

Margari dijo...

Uys, la de pistolas que he hecho yo con pinzas de tender! Que también me gustaba jugar a los ángeles de Charlie. Qué tiempos! Sí, estamos cuidando demasiado a nuestros hijos, que también me incluyo, y así están, más flojos y más inútiles... Y lo de razonar no lo llevan muy bien. En fin...
Besotes!!!

Osheaa dijo...

Toda época tiene sus cosas buenas y malas. Lo pasábamos genial jugueteando con los amigos y amigas, imaginando cosas, haciendo nuestros propios juguetes, pero también es cierto que quizás (y hablo en mi caso) éramos un poco "muy" inocentones.

Creo que lo ideal sería un punto medio entre el pasado y el presente. Porque ahora a los veinte todos están de vuelta de todo, veo a los muchachos y muchachas sin ilusiones, sin ganas de nada, apáticos, pasivos...