sábado, 11 de noviembre de 2017

Luz de gas, 1940




Un clásico de los que no fallan, aún a pesar de las décadas que han pasado desde su filmación. Una historia interesante de manipulación, cómo el confiar en las personas a quienes queremos puede resultar muy peligroso, a veces.

En la película está todo bastante exagerado, naturalmente, pero en la vida real hay casos parecidos, casos en que familiares, amigos y parejas llegan incluso a hacernos dudar de nosotros mismos, gente en quienes confiamos tanto que perdemos el norte.

La protagonista parece demasiado inocentona, demasiado débil, dejándose llevar por todo lo que el marido le hace creer. Y él es todo un maestro, ni un gesto que le delate, una total adaptación a cada situación y momento.

La gran pega que le encuentro a la historia es, justamente, el final. Imposible y totalmente inverosímil que ocurra lo que ocurre, sobre todo después de lo que ha pasado la muchacha.

Si no la has visto, es una buena opción para una tarde o noche de invierno.

2 comentarios:

Margari dijo...

Esta sí la vi hace años. No me importaría verla de nuevo.
Besotes!!!

osheaa dijo...

Hay una versión inglesa, creo que con el mismo director y distintos actores, estoy en busca y captura :)

Bicos!