jueves, 14 de septiembre de 2017

Recaída


Hoy he tenido un día movidito. No voy a entrar en detalles aburridos, sólo te diré que a las cuatro de la tarde me encontraba delante de una tienda viendo el letrero del horario donde ponía claramente que abría a las cuatro y media. Media hora. Y empezaba a caer una lluvia fina.

No me apetecía meterme en una cafetería, entre otras cosas porque llevaba sin comer ni beber desde la noche anterior y tomar un refresco o algo así sólo haría que me sintiera peor. Así que ahí estaba yo, bajo la llovizna, pensando qué hacer durante media hora. Si no lloviera, me pondría a leer (bendito libro electrónico a pesar de no tener el encanto del papel), pero así....

Y entonces decidí ir a la biblioteca, que quedaba muy cerca. Eso sí, no cogería ningún libro, me limitaría a echar un vistazo al periódico o, como mucho, a coger un libro y ojearlo, nada de llevarlo a casa.

Subí a la biblioteca, en el sitio donde antes estaba la bibliotecaria "de siempre" o el bibliotecario "de siempre", había ahora una mujer joven, muy atareada al teclado de un ordenador.

Cogí un periódico y me senté en una de las largas mesas de la sala de lectura. Sonreí al recordar los tiempos en que estaba ahí a primera hora de la mañana, acompañada por cuatro o cinco ancianos que se repartían la prensa diaria, alguno de ellos incluso tomando notas y se los iban pasando unos a otros. Al cabo de un par de semanas, sin yo decir ni hacer nada, empezaron a pasármelos a mí también.

Bueno, me puse a leer por encima las noticias. Ninguna buena, la verdad. Fui pasando páginas despacio. Y al final, tras veinte minutos decidí ir al baño y volver a la tienda esperando que ya estuviera abierta.

Y así lo hice, fui al baño y cuando salí, vi que alguien se dirigía directamente hacia donde yo estaba. Pensé que sería alguien que también querría utilizar el lavabo, así que me hice a un lado. Para mi sorpresa, era el bibliotecario de siempre. (Para que te hagas una idea, era una mezcla de Timothy Dalton y Carlos, quizás por ese parecido siempre me ha sido simpático). Se acercó a mí, con una sonrisa enorme en la cara, diciéndome que hacía mucho tiempo que no me veía. Y sonreía de verdad.

Siempre me sorprende que la gente se acuerde de mí, sobre todo tras tanto tiempo y cuando tienen trato con muchas personas diferentes. Además suelen acercarse a mí con una sonrisa, no sé si por la alegría de verme de nuevo o por la alegría de haberme tenido fuera de su vista durante tanto tiempo.

El caso es que fue ver al bibliotecario y recaer. El sabe exactamente el tipo de libros que me gustan y siempre tenía un par de ellos semiescondidos para ofrecérmelos.

Así que rememorando viejos tiempos, me recomendó dos: La psiquiatra, de Wulf Dorn y Fulgor, de Manel Loureiro.

He empezado a leer Juego de tronos. Tengo tres novelas que me ha prestado Chelou pendientes de lectura. Pero claro, en quince días tengo que devolver los libros a la biblioteca, así que, sí, he caído y me pondré a leerlos :)

Sólo espero que cuando vaya a devolverlos no estén ni la bibliotecaria ni el bibliotecario de siempre, porque saben exactamente con qué tentarme. Ains.

Edito para añadir que en breve me compraré un flexo para poder leer con más comodidad en cama. Una costumbre que fui dejando atrás poco a poco, hasta perderla. (lo de leer en cama, no lo de comprar flexos, ainss)

4 comentarios:

Margari dijo...

Es lo "malo" cuando ya empiezan a conocerte y a conocer tus gustos... Pero en el fondo nos gusta... Lo de leer en la cama antes lo llevaba bien, pero ya no. Cuando voy por la segunda página ya empiezo a no enterarme de nada. Se me empiezan a cerrar los ojos y no hay manera.
Besotes!!!

osheaa dijo...

Lo de leer en cama era casi una necesidad. Lo malo es cuando compartes cama pero no afición a leer antes de dormir...

Agradezco un montón la existencia de libros electrónicos, pero sigo pensando que no hay nada comparable a tener un libro entre las manos, pasar páginas... Ains

Bicos!

Isi dijo...

Que todas las recaídas sean como esta :)

osheaa dijo...

Ojalá :)