miércoles, 9 de agosto de 2017

Si decido quedarme, 2014



En las películas americanas no hay término medio: las familias son un desastre o son idílicas. Y dentro de cada tipo, hay una gran variedad. En esta película la familia es perfecta y se encuadra en el tipo de padres superguaysqueloflipas y un hermanito pequeño listillo pero (supuestamente) encantador.

La protagonista es una adolescente que toca el violoncelo. El resto de la familia es rockera, su padre fue miembro de un discretamente famoso grupo de rock. El novio que se echa es también perfecto y comprensivo y maravilloso y compone y toca en otro grupo de rock.

Y básicamente ese es su gran drama: a ella le encanta escuchar y tocar música clásica y a la gente que quiere, les gusta escuchar clásicos pero del rock. Y realmente es sólo ella la que ve un problema en eso, el resto de personas acepta su gusto sin mayor problema.

El caso es que todo esto se va sabiendo a partir de un accidente de tráfico en el que ella queda en coma y debatiéndose entre la vida y la muerte. Está ella intubada, en la cama del hospital y ella (supuestamente espíritu) que va correteando por los pasillos. Y recordando su historia más reciente, cómo conoce al chavalín ese, cómo son sus padres, su mejor amiga, etc.

Que se quiere dejar ir, morirse pero que no se decide del todo. A veces quiere quedarse, a veces quiere irse y lo más incongruente es que no sabe ni cómo conseguir ninguna de las dos cosas.

No te la recomiendo, es el tipo de película que te ausentas diez minutos sin pausarla y la retomas al primer vistazo. Lenta, aburrida y siempre con lo mismo a cuestas. Incluso las típicas escenas que deberían ser de lo más emotivo, con familia y amigos tomando su mano y pidiéndole que se quede o que haga lo que ella desee hacer, son aburridas.

Pues eso, no da ganas de vomitar ni nada. Pero con la de cosas que hay para ver, leer, escuchar, no pierdas el tiempo con esta. Es mi consejo, tú verás lo que haces, claro.

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