sábado, 15 de julio de 2017

Sonata per a violoncel, 2015


Hace ya bastantes años, casi recién nacido este siglo, me puse enferma. Tenía dolores bastante fuertes, normalmente acompañados de vómitos. Aparecían sobre todo por las noches.

Después de varias visitas al servicio de urgencias, otras tantas al médico de cabecera y a un par de especialistas, se determinó que no tenía "nada". Así que todo quedó entre dos opciones: o tenía problemas mentales o tenía fibromialgia, lo cual por entonces venía siendo más o menos lo mismo.

Pero de rebote, casi sin querer y tras dos años de idas y venidas, de pruebas y demás, resultó que lo que tenía era piedras en la vesícula y los dolores eran los correspondientes cólicos.

Desde entonces y a pesar de no haberla sufrido, siento un cierto interés por la fibromialgia. Y cuanto más sé, que no es demasiado, lamentablemente, más agradezco no sufrirla.

Y así llegamos a Sonata para un violonchelo. Una película que trata el tema en primera persona, a través de Julia, una afamada violoncelista, muy exigente consigo misma y con los demás, que ha volcado toda su pasión y tiempo en la música.

La enfermedad aparece, se suceden las visitas al médico, las pruebas, los análisis, todo negativo, hasta que tiempo después le dan el diagnóstico y la noticia de que no pueden hacer por ella más que darle analgésicos de los que no puede abusar, para intentar llevar una vida lo más cercana a la normalidad.

Renunciar a la música, exponerse a la lástima de los demás, depender de otra persona son cosas que atacan a lo que Julia ha sido toda su vida. Se niega a perder esa independencia física y emocional, lo cual le pone las cosas mucho más difíciles.


No es un cuento de hadas, no aparece un personaje maravilloso que la haga sentir mejor o la cure. No es una americanada, en la que al final, aprende que las relaciones afectivas son más importantes que su música. No, para ella lo importante es ser más, ser lo que siempre ha sido. La enfermedad la puede aplastar, pero sigue en sus trece de no ceder ni un palmo.

Curiosamente, esa obstinación en enfrentar las cosas de esa forma, hace que sea, al menos para mí, imposible sentir simpatía por ella. Es como si se erizara cada vez que cree que alguien desea ayudarla. Y pincha. Y es cruel.





2 comentarios:

Margari dijo...

No conocía esta peli. Y aunque no hayas sentido simpatía por la protagonista, me ha llamado la atención. Quizás porque mi suegra y mi cuñada padecen esta enfermedad y duele su dolor. Y que prácticamente no se pueda hacer nada. Y que cuenten con tan pocas ayudas... En fin...
Besotes!!!

osheaa dijo...

La falta de simpatía es por su obcecación, aún sabiendo lo que le pasa, a no querer recibir ayuda ni apoyo de nadie, es por su personalidad y no por la enfermedad.

Bicos