jueves, 9 de marzo de 2017

Tatuajes


Pues ya estoy tatuada.

Después de que el nano comiera, me di una ducha y nada más salir, sonó mi móvil, para preguntarme si en lugar de a las siete podía ir antes a hacérmelos. De hecho, si podía ir en ese mismo momento. Y fui.

Mi primera vez, así que el tatuador, Rafa, me explicó todo, me habló de las tintas, de las agujas y de pieles.

De los cuatro tatuajes, dos son "yo", quiero decir que son cosas muy mías, muy íntimas, por tonto que pueda parecer. Esos tres tenía muy claro cómo los quería y dónde. El problema, me dijo Rafa, es que mi piel es muy blanca y sensible y que si me los hacía en la zona que quería, con el tiempo podrían deformarse un poco. Así que antes de nada, revisó la zona en cuestión y afortunadamente llegó a la conclusión de que no había problema, que aunque sea blanca y de piel sensible y todo eso, era perfecta y estaba muy bien (mi piel, no yo, obviamente).

Respecto al cuarto tatuaje, me aconsejó hacerlo más grande de lo que yo tenía pensado, para que quedara mejor y las líneas más claras. También me sugirió que en lugar de sólo la silueta del tulipán pusiera como un fondo de colores pastel, para animar el dibujo y que quedara mejor.

Después de aclarados lugares y tatuajes, hicieron pegatinas para que viera cómo quedarían y si quería cambiar de sitio un poco más acá o allá.

Y empezó con mi parte izquierda. Yo iba preparada para el dolor. Rafa me dijo que casi todas las chicas que había tatuado le decían que preferían tatuarse que depilarse, que era menos doloroso. Y la verdad es que tienen razón. No duele. Y no deja de ser curioso porque ves cómo sangras y no notas dolor ni molestia ni nada.

Después de acabar los tatuajes, me los cubrió con papel film y me dio las directrices a seguir durante los próximos diez días. Con el tiempo se verán mejor, conforme la piel se vaya curando.

No pensé que me sentiría así al tatuarme. En cuanto acabó de hacer el primero, me sentí feliz. Muy feliz y descansada, como si me quitara un peso de encima. Fue una sensación curiosa por inesperada.

Rafa me dijo que eso le sucede a mucha gente, que hay personas que jamás pensaron en tatuarse y que, tras una experiencia determinada, cambian de idea y se tatúan como una especie de expresión o de liberación de sus sentimientos.

Como sea, tengo claro que tenía que hacer lo que he hecho. Y me encantan. Los tres míos son muy sobrios, sencillos, son lo que son y punto. El tulipán de mi hermana está más colorido en parte también por ella, que es tan femenina y presumida y le gustan los colores y todas esas cosas.

Un efecto colateral es que mañana y el sábado tengo que bajar el ritmo en el gimnasio, el sudor es malo para los tatuajes y además no puedo hacer la mayoría de los ejercicios de pesas, por mover demasiado los sitios tatuados. El lunes retomaré la normalidad y mañana y pasado me dedicaré a hacer algo suave, sin más.

En unos días, cuando ya esté todo más o menos asentado, si quieres, publico la foto del tulipán tal como está hoy y cómo queda tras esos días de cura.



4 comentarios:

vlankilla dijo...

¡Ayyy yo que me metía para ver las fotos! Quedamos a la espera ^_^

osheaa dijo...

Es que iba a poner foto, pero después pensé en poner dentro de unos días el típico "antes y después". En tres o cuatro días ya habrá foto.

Por cierto, el nano piensa que son como los tatuajes que se ponía él, que venían con los chicles y cosas así :)

Bicos!

Margari dijo...

Me quedaré pendiente, para ver esos tatuajes. Yo no tengo ninguno. Mi relación con las agujas es la más básica. Cuando tengo que sacarme sangre y porque no hay otra manera, que si no...
Besotes!!!

osheaa dijo...

A mí no me gustan las agujas, sobre todo en vena, puagh, qué horror. De hecho, me habría tatuado la flor en forma de pulsera si no fuera porque había que pasar por una zona de venas... Sólo de pensarlo me da dentera.

Pero los tatuajes no tienen que ver con "agujas", te lo dice una antiagujas de toda la vida :)

De todas formas es algo permanente, así que no hay que tomárselo a la ligera.

Bicos!