martes, 28 de marzo de 2017

Bajón


Y yo estaba bien o al menos creía estar bien. Y de repente, en un instante más breve que un pestañeo, todo se me volvió del revés. Y no pude evitar ponerme a llorar como una tonta, ahí, en pleno gimnasio. Y esta vez no podía disimularlo como si me secara sudor.

Afortunadamente no todo el mundo se dio cuenta y pude pasar la vergüenza sin público.

Creía que ya había superado la fase de lloros imprevistos.

Así que al llegar a casa, eché mano de la música para intentar subirme un poco la moral. Y funcionó, un poquito al menos.

Pasan de las dos de la madrugada, a ver si duermo unas horas y mañana será otro día. Y toca body pump.

En otro orden de cosas, dos días cenando, que ya es novedad. Pero por si fuera poco, ayer cené un plato enooorme de fresones. Y hoy, uno de mis zumos, con naranja, fresas y plátanos. Rico.

2 comentarios:

Margari dijo...

Cuando vienen esos bajones, vienen. Pero siempre es mejor llorar que quedárselo dentro. Dentro duele más. Y hace más daño. Si es verdad que con público siempre da cosita, pero si viene es mejor soltarlo. Que luego las lágrimas se transforman en rabia, y es peor.
Y me alegra de tus cenas! Y muy saludables, por cierto. Voy a tener que copiarte, que últimamente con la flojera estoy en plan bocata y tengo ya unos flotadores...
Besotes!!!

osheaa dijo...

Me encanta la fruta, lo malo es que no sabe como antes :( Recuerdo el sabor de las manzanas y las peras cuando era niña, nada que ver con ahora... es una lástima.

Ahora se acerca el buen tiempo, con unos cuantos paseos que tanto te gustan, fuera flotadores!

Bicos