martes, 14 de febrero de 2017

Pensamientos inconexos de los míos


Puedes saltarte esta entrada, si me conoces ya sabes que se avecina un batiburrillo de cosas sin mucho hilo y con poco sentido.

¿Recuerdas mis propósitos mensuales? Los de enero no pude cumplirlos debido al atroz catarro que se adueñó de mis pulmones, bueno, de mi sistema respiratorio en general. Eso supuso que los trasladaba a febrero.

Y así fue. Intenté un día guardar la ropa de Carlos en sus bolsas de viaje y no fui capaz. Pero tengo que cumplir los propósitos que me he planteado, así que al día siguiente lo hice, de una forma un tanto mecánica y sin pararme a pensar demasiado. Un propósito cumplido. De su ropa sólo queda una bufanda, que quiso tener mi nano y un par de calcetines desparejados, porque mi lavadora, como todas las de su especie, es especialista en hacer desaparecer calcetines.

Quedaba, pues, el propósito del gimnasio. Lo retomé ayer. Y es como volver a empezar de nuevo. Yo iba tan feliz en plan mi hora de cardio y después tres ciclos de quince en las máquinas de ejercicio anaeróbico, y resulta que tras los primeros quince minutos de calentamiento me pongo en "plan serio" y tengo que bajar la marcha porque me da un patatús. He perdido un montón de tonificación. Así que todo quedó en una hora de cardio muy suave y dos series de quince pero sólo en el tracto superior.

Y hoy ha sido peor. A la media hora de cardio suave ya estaba mareada, me recordó mucho al primer día de catarro, así que hice un cuarto de hora más y me vine para casa. Me parece que ese propósito, el de dos horas diarias de gimnasio, tendrá que quedar para marzo y lo que queda de este mes trataré de alcanzar el punto en el que lo dejé en enero.

Mi querido compañero de fatigas, el insomnio, parece haber vuelto para quedarse una temporada. Lo bueno es que ha decidido no machacarme demasiado y por ahora me deja dormir, eso sí, después de unas horas de dar vueltas, lo suficiente para rendir el resto del día.

Y hoy es el día de los enamorados. Al salir del gimnasio me encontré un grupo de mujeres con una rosa en la mano y una sonrisa en la cara cada una. Me remito a la entrada de san Papurcio 2017 y te repito que el mejor regalo de amor es el vivirlo día a día y superar los baches juntos, aunque cueste.

Hace unos años trabajé dando clases en una academia. Una de mis clases era con alumnos de segundo de bachiller, de unos 16-17 años. Entre ellos estaba una muchacha guapísima, dulce y simpática, la típica que "tiene donde elegir", como se suele decir. Y siempre hacía lo mismo por estas fechas: se echaba un "novio" unos días antes de san Valentín y lo tenía hasta unos días después. Todo por tener pareja este día y sobre todo, por el regalo, por supuesto.

Ella era una adolescente y todos sabemos o recordamos que hay cosas que en esa época de nuestras vidas son básicas, que se toman muy a la tremenda. Pero hay adultos que sienten algo parecido. Personas que asocian el estar bien, el triunfar en la vida con el hecho de tener pareja. Y yo creo que la felicidad, si existe, está en nosotros mismos. Está claro que el entorno influye. Que si la gente que aprecias está bien, te será más fácil sentirte bien tú. Y al contrario. Pero la felicidad es algo muy subjetivo, muy propio. No está en manos de otra u otras personas, si no en nuestra capacidad de sentirla.

Porque yo realmente no creo en la felicidad, creo en los momentos felices. Para mí un momento feliz es ese instante en que sientes que nace en tu interior una paz, una alegría, un algo, una energía si quieres llamarla así, que hace que te ilumines por dentro y sientas mucha paz.

En mi caso, esos momentos felices suelen hacer aparición con cosas muy nimias, como por ejemplo una bonita puesta de sol, o una flor, o saltar sobre los charcos de lluvia, o ver las estrellas brillar por la noche... No siempre que veo o vivo algo de eso se produce un momento feliz, son pocas las ocasiones en que me siento así. Pero es una sensación increíble. Quizás por eso no creo en la felicidad, porque no creo que haya cuerpo capaz de "aguantar" un sentimiento tan fuerte, por muy bonito y positivo que sea, de una forma contínua.

Y en esos momentos estoy yo, percibiendo algo que no es la primera vez que veo ni que vivo, pero que en ese momento se convierte en especial. No hay una pareja, un familiar, un vecino, un actor o actriz, una joya, un coche o lo que sea. Sólo yo y mis sentimientos en ese momento. Y es por eso que creo que la felicidad está dentro de cada uno.

Después está el estar contento, a gusto, sentirse bien. Ahí sí que influyen más las personas y el entorno. Y creo que ese sentimiento mucha gente lo llama felicidad. Es complicado, porque cada persona siente de una forma distinta.

Hace un año por estas fechas, estaba en la sala de urgencias del hospital Juan Canalejo. Pronto hará un año de la muerte de Carlos. Y entiendo mejor la antigua costumbre de llevar el luto durante el primer año. No por llevar luto, porque la ropa al fin y al cabo no importa, importa lo que se siente. Es por lo que sucede durante ese primer año. Es el de las primeras veces. Primeras veces de cosas que se "pierde", como los cumpleaños, las nuevas temporadas de sus series y programas favoritos... pero también mis primeras  veces, como la primera vez que sonreí de verdad, la primera canción que me hizo mover los pies y hacer un poco el ganso... Es un ciclo, un arranque sin esa persona. Y conste, aún faltan muchas más primeras veces, pero el primer año está todo mucho más presente.

Y se acerca el carnaval. No me gusta disfrazarme, nunca me ha gustado. Y a mi nano le ocurre lo mismo, sólo que él tiene que hacerlo en el colegio. Este año los niños y niñas de su curso irán de tiroleses. Así que tengo que comprar un par de metros de cenefa bonita para coserle unos tirantes a un pantalón corto, comprar un sombrero con una pluma o algo similar y unas medias blancas. En casa tenemos una jarra típica de cerveza, de esas de vidrio grueso y asa grande. Le he pegado parte de un folio amarillo por dentro y el día anterior al de los disfraces, le pegaré por encima una nube de algodón para simular una jarra de cerveza. Sé que tanto el gorro como la jarra no volverán a casa porque los perderá a saber dónde. Y también sé que aunque no le guste disfrazarse, al estar en medio de los otros niños, al menos pasará un buen rato.

Así que mañana si no llueve, tocará ir a comprar esos detalles que faltan.

Me han pasado una receta para hacer masa de pizza, a ver si me acuerdo de comprar la levadura fresca e intento hacerla uno de estos días, ya te contaré qué tal me va.

Ultimamente no hago más que escuchar dos canciones de Maroon 5,  Sugar y Payphone. Sí, se me ha dado por ahí, no sé el motivo.

No suelen gustarme los tatuajes, sobre todo cuando son muy grandes o muy cantosos, pero estoy pensando en hacerme tres. Sí, tres. Pero pequeñitos y que casi nadie verá. Y no, no te pongas a pensar en sitios muy ocultos, simplemente me los haré en sitios que suelo ver sólo yo, porque si los hago, es por y para mí. Y chiquitines. Una de mis sobrinas tiene brazos, piernas y espalda llena de tatuajes enormes, a ella le encanta. A mí no. En mí, claro, cada uno que haga de su capa un sayo. Y para que te hagas una idea de cómo funciona mi mente: te hablé de Maroon 5, su vocalista, Adam Levine, tiene montones de tatuajes y algunos bastante cantosos, así que de ahí pasé a pensar en mi sobrina y de ahí en mis supuestos futuros tatuajes. Y después en contártelo, porque a ti te cuento casi todo. Casi.

En lugar de pasarme el día con rulos, bata de guatiné (o como se escriba), comiendo bombones y leyendo novelas rosas, me pasaré parte de la tarde haciendo ejercicios de polinomios y otra con la gramática del gallego. Esta noche me resarciré en forma de películas basadas en novelas de Jane Austen, posiblemente.

No haré entradas sobre ellas porque están más que reflejadas en el blog.

Y hasta aquí esta entrada, que ya me estoy yendo de las teclas y contándote demasiado.

Por cierto, no es porque sea san Valentín, pero... te quiero y eres muy importante en mi vida.







2 comentarios:

Margari dijo...

Después de un catarro, cuesta un poquito coger la forma de nuevo. Yo me limito a mis caminatas y cada vez que cojo un resfriado, los días de después me cuesta coger el ritmo. Así que nada, poquito a poquito.
Y tampoco creo en la felicidad. Creo, como tú, en los momentos felices. Que hay que aprovecharlos, vivirlos, sentirlos...Que hay veces que los tenemos delante y como vamos con prisas, no sabemos valorarlos.
Y no soy de tatuajes. Los veo en los demás y digo, qué chulo. Pero mi piel la prefiero limpita y no sufrir con las agujas.

Yo suelo hacer la masa de pizza con la harina de pizza del mercadona y no me salen nada mal. Por si te interesa.

Y no me gusta disfrazarme. Lo que tiene tela siendo de donde soy, con tanta chirigotas, comparsas... Pero en fin, soy una gaditana sosa. Alguien tenía que serlo y me tocó a mí. Y a mi hija como que le da igual si está con sus amigos. Menos mal que los disfraces se lo hacen ellos mismos en clase reciclando cosas. Aunque seguramente el día antes me dirá que tengo que comprarle algo y ahí estaré yo, dispuesta a correr y a sufrir en las tiendas, buscando a última hora.
En fin, termino ya, que también me estoy extendiendo demasiado. Si es que me encuentro a gustito aquí.
Besotes!!!

osheaa dijo...

No me queda más remedio que ir poquito a poquito, no doy para más :)

Tomo nota de lo de la harina de pizza del Mercadona (caeré y compraré también flanes de queso, que me chiflan, ains).

Yo soy una gallega rara, no me gusta el lacón con grelos ni el caldo gallego, así que te comprendo y mira, cada uno es como es :)

Yo tengo que comprar la cenefa para hacer los tirantes y el gorro, a ver si mañana no llueve y lo dejo ya medio listo

Quédate el tiempo que quieras, siempre eres bienvenida y dejas una sonrisa muy cálida

Bicos!