lunes, 27 de febrero de 2017

Historias de gimnasio

Hoy ha sido uno de esos días que cuesta ir. Porque el resto es fácil: dejo al nano en el colegio y ya voy derechita a sufrir. Pero esta mañana tuve que levantarme a propósito e ir y ese arranque es el que cuesta.

Y ahí estaba yo, sobre mi querida máquina de sufrir, subiendo y bajando colinas virtuales, viendo la pantalla que han puesto hace unos días, pero sin poder escuchar nada porque las de Zumba atronan todo el local con su música de pachanguita.

Y llega la gente. Sigo siendo la última mona, la que va más despacio, más suda y más se sonroja. Pero ya me he acostumbrado y lo que es mejor, ellos también, así que ya es algo habitual mi estado al borde de un ataque de algo :)

El gimnasio es un negocio familiar. Matrimonio y dos hijos. Se reparten las clases de todo y el ir llevando a la gente que no va a cursos específicos. El hijo se dedica al culturismo. Ya sabes, músculo y nada de grasa. Y ha sido él quien me ha dicho que... tachán, tachán... mis piernas ya están bien!!! Ya las tengo fuertes y musculadas. Toma ya. Y me lo dice mientras me asfixio yendo a la mitad de la velocidad que el ancianito de al lado.

La verdad es que tengo el muslamen duro y cuando me siento, no se me desparraman las piernas, si no que quedan ahí en su sitio, bien puestas. Cero desparrame.

Ahora sólo me queda el resto del cuerpo. Han aumentado el tipo de ejercicios que he de hacer y por mi cuenta he aumentado el tiempo en cardio. Vamos, que el propósito de llegar a dos horas diarias de ejercicio se cumplirá antes de fin de marzo.

También he empezado a ir los sábados, sólo cincuenta minutos mientras el nano está en la piscina. Le dejo allí y me voy al gimnasio en lugar de leer un rato esperándole. Es menos de una hora que dedico al ejercicio cardiovascular, no da tiempo para más, pero bueno, es un pequeño "plus".

Me queda muchíííííísimo por delante, pero es agradable ir viendo progresos, aunque sean poquitos.

De repente, el amor, 2016



Ya sé lo que estás pensando. Paso de ver 300 y Enemigo a las puertas a ver esto. Pero ya sabes que a veces me gusta ver, leer y/o escuchar cosas casi sin sustancia precisamente por eso, por su naturaleza insustancial.

Es decir, sabes que es una película de romance, sabes que el chico y la chica se encontrarán, que habrá un problema por medio y que se solucionará de forma cuasi mágica y al final acabará todo o en boda o en beso maravilloso con musiquilla de fondo.

Craso error. No es una película de amor, es una película de "esto no hay quien se lo trague", tanto por las situaciones como por las interpretaciones. Todo rigidez y poca naturalidad. Nada de estereotipos, no son guapos ni interesantes. Ella es repostera pero no hace ni un solo pastel en toda la película. El es pediatra pero tiene más tiempo libre que un parado a tiempo completo. La madre de ella es la "mujer desesperada" que se suicida en el primer episodio de la serie.

Aburrida. Acaba en beso. Hasta el beso es soso. No hay nada, ni una banda sonora agradable, ni una historia que te haga sonreír, ni empatía... es una película lechuga sin aliñar.

Ya sé que no la verías ni aunque estuviera medianamente pasable, pero tenía que dejar constancia de mi fracaso hasta con las cosas predecibles. A ver si a la próxima hay más suerte...

domingo, 26 de febrero de 2017

Enemigo a las puertas, 2001


Después del fiasco de volver a ver 300 no sabía qué ver. Así que pedí recomendaciones y me dieron esta. Al título se añadió lo siguiente: "No acepto la más mínima crítica en contra".

Así que no tengo más que decir. Dejo a tu albedrío el verla o no.

300


La primera vez que la vi, me pareció una parodia, por lo exagerado de todo. Desde la historia del lobo amorfo hasta el final, con Leónidas siendo víctima de una lluvia de cientos de flechas.

Vale que los espartanos eran buenos mozos, pero una se cansa de ver abdominales perfectamente delineados y todos iguales entre sí, como hechos a mano. Y "muslámenes" largos y musculosos. Eso puede gustar una o dos secuencias, pero toda la película igual, cansa.

El malo, Jerjes, tiene más pluma que un pavo real. Supongo que lo habrán hecho así para acentuar aún más la diferencia con los espartanos.

Y hay algo muy contradictorio, aunque es muy peliculero y supongo que por eso lo hicieron, lo de las últimas palabras del rey para su esposa... Vamos, cuando se separan ni una caricia ni un beso, con la voz en off diciendo que no hay lugar para la ternura ni para la debilidad en Esparta y al final, va y dice "mi reina, mi esposa, mi amor". Anda ya.

Valor y fuerza, los que quieras. Pero también un poco de cerrado de mollera. Porque a quién se le ocurre pensar lo de "sólo lamento tener tan pocos hombres para sacrificar". Pffff.

Y las peleas, con la sangre salpicando. Más de lo mismo, una o dos escenas así, bien, llamativas, impactantes... pero todo el rato con lo mismo va a ser que no. Lo mucho cansa. A veces tenía la sensación de estar viendo Oliver y Benji, por las escenitas esas a lanza parada.

Vamos, que la primera vez no me gustó y esta segunda me aburrió hasta el punto de no verla entera.

Yo no la recomiendo, aunque hay a quien le ha parecido magnífica. Es lo de siempre, cada cual tiene sus gustos, como debe ser.

viernes, 24 de febrero de 2017

Poema para hoy



Está bien. Seré dulce y obediente
o lo pareceré. Te da lo mismo:
Necesita, de pronto, tu egoísmo
que yo me quede así, sumisamente.

Sin sufrir, sin dolor, sin aliciente,
sin pasiones al borde del abismo,
sin mucha fe ni un gran escepticismo,
sin recordar la esclusa ni el torrente.

Necesitas las llamas sin el fuego,
que el fuego del amor no sea un juego
y que esté el rayo aquí, sin la tormenta.

Quieres que espere aquí, sin esperarte,
que te adore tambien sin adorarte
y estar clavado en mí, sin que te sienta.

Julia Prilutzky

jueves, 23 de febrero de 2017

BBC. Mundo submarino. Peces abisales


Había visto este documental hacía tiempo, pero hoy, por algún motivo, me apeteció volver a verlo. Es fascinante y un poco aterrador ver la cantidad de especies marinas que existen en las profundidades de los océanos. E imaginar lo que aún no conocemos quizás dé más miedo aún.


Podría ponerme a escribir sobre los tipos de pulpos, de gusanos, peces y bacterias a las que hace referencia el documental, pero créeme, es mucho mejor verlo. Puedes encontrar tanto este documental como muchos otros similares en Youtube. Anímate. Es posible que después de verlo no vuelvas a bañarte en el mar, pero es realmente fascinante.


lunes, 20 de febrero de 2017

Lunes, 20 febrero


Estoy un poco harta, la verdad. El año pasado fue horrible, así que esperaba que acabara de una vez por todas.

El 2017 no es que se estrenara precisamente genial, pero vamos, que yo seguía optimista. En lo que llevamos de año ha muerto una persona muy cercana a la familia, mi hermana ha empeorado (la verdad es que nadie esperaba que pudiera pasar de las navidades, pero ahí sigue, peleando), mi padre ha sufrido un percance que casi le deja sin un ojo, mi nano está cada vez más vago, he tenido un catarro que ha durado más de un mes....

Así que hoy he dicho "basta". Pasan cosas malas, sí. Pero no sólo me pasan cosas malas a mí, hay muchísima más gente que está peor que yo. Basta de pensar en lo malo, así que a buscar lo bueno, sea poco o mucho. Y me he puesto las pilas en el gimnasio. Que aún no estoy recuperada del todo, pero no voy a dejar que nada retrase mis metas.

También he decidido que antes de finales de marzo las guitarras de Carlos ya no estarán en casa. Bien porque encuentre a alguien que las quiera comprar o bien porque las done al centro Reto en caso de no encontrar comprador antes de la fecha que me he marcado.

También me harté de mi miedo al garaje. Así que metí el coche en la plaza. Una plaza amplia, sin muchos problemas. Lo malo fue sacarlo, que casi me quedo empotrada entre una columna y otro coche que estaba pacíficamente aparcado en su plaza. Así que en un par de días o tres, me pondré a practicar la entrada y salida del garaje.

Ha vuelto mi insomnio. Pues genial, más tiempo para leer y ver cosas que tengo en lista desde hace eones. O para lo que vaya surgiendo, me da igual.

Me he hartado, me he enfadado y no quiero volver al pesimismo. Si este año empieza mal, habrá que intentar sacar lo poco bueno que quede. Y si mejora, pues mira, estupendo. Estoy harta de lloriquear por las esquinas. Si luce el sol, a secar bien la ropa y si llueve, a saltar en los charcos. Yastabien!

sábado, 18 de febrero de 2017

Recordando el costurero



El costurero de mi madre era de mimbre, forrado por dentro con una tela a pequeños cuadros blancos y rojos, la misma con que estaba forrada la tapa. Al abrirlo, se veía una pieza de madera roja, como un cajoncito que ocupaba toda la superficie del costurero, con varios departamentos diminutos: uno para el dedal, otro para las agujas, otro para trocitos de espuma verde que aún no sé para qué se utilizaban. Había incluso un trozo de tiza, pero no de las de pizarra escolar, sino una lasca de tiza verdosa. Y es curioso, porque mi madre en la vida ha dibujado ni cortado patrones.

Las agujas estaban metidas en algo muy semejante a los blisters en los que venden las minas de los portaminas. La mitad era transparente y la otra mitad, la que se abría, de color azul claro. Había un buen montón de agujas, de diferentes tamaños.

Al sacar esa primera pieza de madera roja, aparecía el fondo del costurero, lleno de "por si acasos". Retales de distintos tipos y colores de tela, trocitos de cenefas, carretes de hilo de colores casi imposibles... y lo que yo consideraba el mayor tesoro: botones.

Había cientos de botones, la mayoría procedentes de camisas y abrigos que fueron convertidos en trapos. De todos los tamaños, formas y colores. Con dos y con cuatro agujeros. Planos, con rebordes, con formas geométricas...

Me pasaba horas jugando con ellos. A veces jugaba a las familias, reunía varios grupos con un botón enorme que era el padre, otro un poco menor, que era la madre y distintos tamaños que eran los hijos. Y a partir de ahí, hacía que jugaran entre ellos, que se enfadaran, que hicieran fiestas de cumpleaños...

Otras veces jugaba a los clanes. Bueno, yo no sabía lo que era un clan por entonces, pero agrupaba a los botones en clases: los del tipo camisa por un lado, los de tipo fantasía por otro, los desparejados por otro... Y jugaba a relaciones internacionales entre ellos, porque cada uno vivía en una esquina diferente de la mesa del salón. En esa superficie sucedían alianzas, guerras, trampas y todo lo que se me ocurriera.

Las menos de las veces, jugaba a las joyas. Enhebraba una aguja con un hilo de color llamativo e iba ensartando botones, formando pulseras y collares que indefectiblemente, acababan rompiéndose y diseminando las piezas por todo el suelo del salón.

Porque en mis años de infancia jugaba en el salón. De rodillas en el suelo, entre uno de los dos sofás individuales y la mesa. Era una mesa bajita que se podía subir y transformar en una enorme mesa donde comer o cenar en ocasiones muy especiales, como las Navidades o algún cumpleaños. Porque sí, por entonces los cumpleaños se celebraban en casa, con tortilla, patatillas, frutos secos, zumos, medias lunas con embutido y tarta casera. Ah, y los refrescos, que eran el no va más.

Era la época en que en televisión sólo había dos cadenas, que verla en color aún era una novedad. Y en la que el salón y la cocina eran los núcleos familiares. Comíamos todos juntos, la mayor parte de la conversación la llevaban mis padres, hablando de "cosas de mayores". A veces nos preguntaban sobre el colegio o alguna cosa nuestra, pero eran las menos. Afortunadamente. Porque enseguida te podías meter en un lío si te ibas de la lengua.

En el salón pasábamos las tardes de los fines de semana, mis padres y mis hermanos sentados en los sofás y yo en la alfombra. Me encantaba sentarme en el suelo, no sé porqué. Veíamos El hombre y la tierra, La casa de la pradera, Heidi, Marco, La abeja maya... Sí, todos, incluso mis padres veían los dibujos animados también.

A veces enviaban a mi hermano a la churrería que habían abierto justo frente a nuestro portal, para que comprara una bolsa enorme de patatillas, hechas por ellos. Y mi madre las ponía en un par de platos, para que todos alcanzáramos fácilmente.

Con el paso de los años, mis hermanos se casaron y tuvieron hijos. Ahora en la cocina sólo comíamos mis padres, mi hermano pequeño y yo. Y las cosas seguían igual, simplemente había un tema más de conversaciones "de mayores", que era hablar de cómo les iban las cosas a mis hermanos mayores.

Los sábados y domingos se acortaron las horas de televisión porque mis hermanos venían de visita y entonces mi madre se ponía a hacer tortillas gigantes y croquetas enormes, para que comiéramos todos y para que mis hermanos se llevaran las sobrantes "porque así ya no tenían que hacer cena". La verdad es que ni tenían que hacer cena ni casi comida al día siguiente. Mi madre cuando cocina con vistas a que sobre para que la gente se lleve a casa, lo hace a lo grande.

Me pregunto qué ha sido del costurero de mi madre. Conociéndola, seguro que estará en algún rincón escondido del salón, tal vez aún con retales, hilos y botones mezclados.


Tatuajes


Hoy ha sido un día completito. Primero, he ido a hacer otra ecografía. Iba preparada para pasar un par de horas de espera, con mi lector de libros bien cargadito de batería y de títulos. Me senté en una esquinita tranquila y me dispuse a esperar.

Pero tuve suerte. De toda la enorme cantidad de personas que había esperando, sólo una se había molestado en leer las instrucciones para hacerse la ecografía. Y es que tenían que ir con la vejiga llena, a punto de hacerse pis. Y sólo una de las personas allí presentes iba preparada, con lo que en lugar de esperar el par de horas de rigor, sólo tuve que esperar unos minutillos de nada.

Afortunadamente para la ecografía que tenía que hacerme, no era necesario tener la vejiga llena, así que incluso esos minutos de espera fueron cómodos.

Al estar de vuelta, aproveché para comprar el par de cosillas que me faltaban para el disfraz del nano y... visitar el centro de tatuajes y piercings que me recomendaron en el gimnasio.

Pasé un rato largo allí, a pesar de que llevaba las imágenes de lo que quería. Hubo que ajustar tamaño, lugares y grosores de trazo. Y mi sorpresa fue ver que, a pesar de que el horario de trabajo era de once de la mañana a nueve de la noche, no había una hora libre... hasta el nueve de marzo!. Pues me la agencié, claro, con lo que el nueve de marzo a las siete de la tarde estaré siendo tatuada.

Al final serán cuatro. Los tres "míos" y uno por mi hermana. Los "míos" estarán tapados. El de mi hermana estará a la vista. Las primeras personas en verlo seremos el tatuador y yo. La siguiente persona, será mi hermana (le enviaré una imagen por whatsapp, después de todo, me lo hago por ella y quiero que lo vea y se lleve la sorpresa), después lo verá mi nano y después tú, en cuanto (o si ) te asomes por aquí.

El de mi hermana me lo iba a hacer en el canto de la mano, pero me dijeron que mejor no me hiciera ninguno ahí, porque con el tiempo habría que repasarlos  y que mejor lo hiciera un poco más hacia el brazo, a la altura de la muñeca.

Buscando información sobre tatuajes, me encontré con esto:







Sé que suena a mucho, lo de que sean cuatro, pero serán pequeñitos. Hay dos que serán un poco más grandes de lo que tenía pensado, pero tendrán el tamaño mínimo para que queden bien hechos.

Espero que no duela mucho :)

miércoles, 15 de febrero de 2017

Poema para mañana


Este jueves

Este jueves depende de tu boca.
Debes cuidarlo igual que un parque a un niño,
como cuida el otoño cada hoja
y le procura el aire necesario
para que se reúna con las otras.

Mira este jueves. No lo sabe. Míralo
acercarse a nosotros entre sombras.
y ocupar la ciudad como un ejército
que no pensara nunca en su derrota.
Será jueves en todo. Está de paso
pero quiere vivir de luces propias.
Entrará en la oficina de mañana,
a mediodía contará sus horas
y se quedará al norte de las cartas
que desde que se escriben son remotas.
Mira cómo se acerca hasta nosotros:
viste de azul y herencias sigilosas,
establece su número y su luna
¡el tiempo siendo jueves en las cosas!

Cuídalo tú que puedes, no le dejes
que tal día haga un año en la memoria.
Mira cómo se acerca a la ventana
sin saber que depende de tu boca.

Para pasar un día con nosotros
ha salido este jueves de sus sombras.

Manuel Alcántara


Porque mañana es jueves. Y porque tenemos tendencia a olvidar que todos y cada uno de los días son únicos, irrepetibles...

Soluciones caseras



martes, 14 de febrero de 2017

Humor de amor




Pensamientos inconexos de los míos


Puedes saltarte esta entrada, si me conoces ya sabes que se avecina un batiburrillo de cosas sin mucho hilo y con poco sentido.

¿Recuerdas mis propósitos mensuales? Los de enero no pude cumplirlos debido al atroz catarro que se adueñó de mis pulmones, bueno, de mi sistema respiratorio en general. Eso supuso que los trasladaba a febrero.

Y así fue. Intenté un día guardar la ropa de Carlos en sus bolsas de viaje y no fui capaz. Pero tengo que cumplir los propósitos que me he planteado, así que al día siguiente lo hice, de una forma un tanto mecánica y sin pararme a pensar demasiado. Un propósito cumplido. De su ropa sólo queda una bufanda, que quiso tener mi nano y un par de calcetines desparejados, porque mi lavadora, como todas las de su especie, es especialista en hacer desaparecer calcetines.

Quedaba, pues, el propósito del gimnasio. Lo retomé ayer. Y es como volver a empezar de nuevo. Yo iba tan feliz en plan mi hora de cardio y después tres ciclos de quince en las máquinas de ejercicio anaeróbico, y resulta que tras los primeros quince minutos de calentamiento me pongo en "plan serio" y tengo que bajar la marcha porque me da un patatús. He perdido un montón de tonificación. Así que todo quedó en una hora de cardio muy suave y dos series de quince pero sólo en el tracto superior.

Y hoy ha sido peor. A la media hora de cardio suave ya estaba mareada, me recordó mucho al primer día de catarro, así que hice un cuarto de hora más y me vine para casa. Me parece que ese propósito, el de dos horas diarias de gimnasio, tendrá que quedar para marzo y lo que queda de este mes trataré de alcanzar el punto en el que lo dejé en enero.

Mi querido compañero de fatigas, el insomnio, parece haber vuelto para quedarse una temporada. Lo bueno es que ha decidido no machacarme demasiado y por ahora me deja dormir, eso sí, después de unas horas de dar vueltas, lo suficiente para rendir el resto del día.

Y hoy es el día de los enamorados. Al salir del gimnasio me encontré un grupo de mujeres con una rosa en la mano y una sonrisa en la cara cada una. Me remito a la entrada de san Papurcio 2017 y te repito que el mejor regalo de amor es el vivirlo día a día y superar los baches juntos, aunque cueste.

Hace unos años trabajé dando clases en una academia. Una de mis clases era con alumnos de segundo de bachiller, de unos 16-17 años. Entre ellos estaba una muchacha guapísima, dulce y simpática, la típica que "tiene donde elegir", como se suele decir. Y siempre hacía lo mismo por estas fechas: se echaba un "novio" unos días antes de san Valentín y lo tenía hasta unos días después. Todo por tener pareja este día y sobre todo, por el regalo, por supuesto.

Ella era una adolescente y todos sabemos o recordamos que hay cosas que en esa época de nuestras vidas son básicas, que se toman muy a la tremenda. Pero hay adultos que sienten algo parecido. Personas que asocian el estar bien, el triunfar en la vida con el hecho de tener pareja. Y yo creo que la felicidad, si existe, está en nosotros mismos. Está claro que el entorno influye. Que si la gente que aprecias está bien, te será más fácil sentirte bien tú. Y al contrario. Pero la felicidad es algo muy subjetivo, muy propio. No está en manos de otra u otras personas, si no en nuestra capacidad de sentirla.

Porque yo realmente no creo en la felicidad, creo en los momentos felices. Para mí un momento feliz es ese instante en que sientes que nace en tu interior una paz, una alegría, un algo, una energía si quieres llamarla así, que hace que te ilumines por dentro y sientas mucha paz.

En mi caso, esos momentos felices suelen hacer aparición con cosas muy nimias, como por ejemplo una bonita puesta de sol, o una flor, o saltar sobre los charcos de lluvia, o ver las estrellas brillar por la noche... No siempre que veo o vivo algo de eso se produce un momento feliz, son pocas las ocasiones en que me siento así. Pero es una sensación increíble. Quizás por eso no creo en la felicidad, porque no creo que haya cuerpo capaz de "aguantar" un sentimiento tan fuerte, por muy bonito y positivo que sea, de una forma contínua.

Y en esos momentos estoy yo, percibiendo algo que no es la primera vez que veo ni que vivo, pero que en ese momento se convierte en especial. No hay una pareja, un familiar, un vecino, un actor o actriz, una joya, un coche o lo que sea. Sólo yo y mis sentimientos en ese momento. Y es por eso que creo que la felicidad está dentro de cada uno.

Después está el estar contento, a gusto, sentirse bien. Ahí sí que influyen más las personas y el entorno. Y creo que ese sentimiento mucha gente lo llama felicidad. Es complicado, porque cada persona siente de una forma distinta.

Hace un año por estas fechas, estaba en la sala de urgencias del hospital Juan Canalejo. Pronto hará un año de la muerte de Carlos. Y entiendo mejor la antigua costumbre de llevar el luto durante el primer año. No por llevar luto, porque la ropa al fin y al cabo no importa, importa lo que se siente. Es por lo que sucede durante ese primer año. Es el de las primeras veces. Primeras veces de cosas que se "pierde", como los cumpleaños, las nuevas temporadas de sus series y programas favoritos... pero también mis primeras  veces, como la primera vez que sonreí de verdad, la primera canción que me hizo mover los pies y hacer un poco el ganso... Es un ciclo, un arranque sin esa persona. Y conste, aún faltan muchas más primeras veces, pero el primer año está todo mucho más presente.

Y se acerca el carnaval. No me gusta disfrazarme, nunca me ha gustado. Y a mi nano le ocurre lo mismo, sólo que él tiene que hacerlo en el colegio. Este año los niños y niñas de su curso irán de tiroleses. Así que tengo que comprar un par de metros de cenefa bonita para coserle unos tirantes a un pantalón corto, comprar un sombrero con una pluma o algo similar y unas medias blancas. En casa tenemos una jarra típica de cerveza, de esas de vidrio grueso y asa grande. Le he pegado parte de un folio amarillo por dentro y el día anterior al de los disfraces, le pegaré por encima una nube de algodón para simular una jarra de cerveza. Sé que tanto el gorro como la jarra no volverán a casa porque los perderá a saber dónde. Y también sé que aunque no le guste disfrazarse, al estar en medio de los otros niños, al menos pasará un buen rato.

Así que mañana si no llueve, tocará ir a comprar esos detalles que faltan.

Me han pasado una receta para hacer masa de pizza, a ver si me acuerdo de comprar la levadura fresca e intento hacerla uno de estos días, ya te contaré qué tal me va.

Ultimamente no hago más que escuchar dos canciones de Maroon 5,  Sugar y Payphone. Sí, se me ha dado por ahí, no sé el motivo.

No suelen gustarme los tatuajes, sobre todo cuando son muy grandes o muy cantosos, pero estoy pensando en hacerme tres. Sí, tres. Pero pequeñitos y que casi nadie verá. Y no, no te pongas a pensar en sitios muy ocultos, simplemente me los haré en sitios que suelo ver sólo yo, porque si los hago, es por y para mí. Y chiquitines. Una de mis sobrinas tiene brazos, piernas y espalda llena de tatuajes enormes, a ella le encanta. A mí no. En mí, claro, cada uno que haga de su capa un sayo. Y para que te hagas una idea de cómo funciona mi mente: te hablé de Maroon 5, su vocalista, Adam Levine, tiene montones de tatuajes y algunos bastante cantosos, así que de ahí pasé a pensar en mi sobrina y de ahí en mis supuestos futuros tatuajes. Y después en contártelo, porque a ti te cuento casi todo. Casi.

En lugar de pasarme el día con rulos, bata de guatiné (o como se escriba), comiendo bombones y leyendo novelas rosas, me pasaré parte de la tarde haciendo ejercicios de polinomios y otra con la gramática del gallego. Esta noche me resarciré en forma de películas basadas en novelas de Jane Austen, posiblemente.

No haré entradas sobre ellas porque están más que reflejadas en el blog.

Y hasta aquí esta entrada, que ya me estoy yendo de las teclas y contándote demasiado.

Por cierto, no es porque sea san Valentín, pero... te quiero y eres muy importante en mi vida.







San Papurcio 2017

Y hoy es el día del amor. Para los centros comerciales, claro. Porque cuando quieres a alguien, cuando se está enamorado, todos los días son el día del amor. Quizás por eso es tan complicado a veces, porque es un trabajo del día a día, y no todos los días son buenos, ya lo sabemos.

Hay personas que llevan mal lo de no tener pareja el día de hoy, por eso de celebrar, tener alguien a quien regalar y alguien que te regale... al final todo queda ahí, en lo material y en poder presumir de tener "a alguien"

Así que desde aquí te animo a que, si tienes alguien a quien amas y que te ama, todos los días del año sean de valentín, sobre todo esos días en que parece que el mundo va contra ti y todo te sienta mal. El mejor regalo no es el que te hagan hoy o el que tú hagas hoy, si no el sonreír y seguir adelante cuando todo parece ir de mal en peor. Porque aparte de corazoncitos y frases ñoñas, eso es el amor, superar todo juntos, por mucho que cueste.

Ale, ya he soltado el sermón. Ahora ponte sexy y disfruta del día y la noche (y por una vez, no te voy a pedir que pienses en mí, hay cosas que tienen que ser muy privadas).


sábado, 11 de febrero de 2017

Luna sobre río


El pasado viernes el nano fue a pasar la tarde a casa de un amigo. Fui a buscarle, a pie, porque no puedo conducir si no es de día, y a la salida, de camino a casa, paramos en medio del puente para ver la luna, que asomaba entre unas nubes.

La foto es penosa, lo sé. Pero somos lunáticos aunque las fotos sean horrendas.



Lo que se ve abajo puede ser confundido con una carretera o coamino, pero es el paseo del río Anllóns.

Chistecillos





Flashpoint, serie




Serie canadiense. Se centra en las acciones de un grupo de respuesta inmediata de la policía canadiense. Es decir, los que se ocupan de secuestros, bombas, francotiradores y demás.

Los primeros minutos de cada episodio, antes de los créditos iniciales, dan una idea de la situación de peligro que tienen que encarar. Inmediatamente después hay un salto al pasado, normalmente de unas horas, en la que se nos muestra dónde están y qué hacen tanto "los buenos" como "los malos".

Voy ya con la segunda temporada y es cuando empieza el lío romántico. Afortunadamente, las normas del cuerpo prohíben las relaciones sentimentales y éroticofestivas entre sus miembros, así que tras dos episodios con un poquitín de lío (muy poquitín, la verdad, lo cual se agradece), los enamorados van a separarse, o al menos eso parece.

Son cuarenta minutos de problemas y de ver cómo solucionarlos. Las hazañas están un poco exageradas, pero no hasta el punto de que todos parezcan máquinas perfectas. Hay dudas, miedos, estrés post-traumático, problemas con la familia debidos al trabajo, se cansan, tardan en llegar a los sitios (normalmente en este tipo de series en un pestañeo ya están donde deben, ellos no). Ah, y mucho mucho papeleo durante y después de cada acción.

Es entretenida. No es la típica serie para guardar y volver a ver dentro de un tiempo, pero es válida si quieres ver algo ligero y entretenido.

miércoles, 8 de febrero de 2017

La semilla del demonio, Dean R. Koontz


Es una de las primeras novelas que escribió y no tiene mucho que ver con las historias "de terror" que le hicieron más conocido o popular. De hecho, es una historia de ciencia-ficción.

No suelen gustarme mucho ese tipo de libros, pero conociendo al autor, me puse a leerlo esta tarde y acabo de finalizar la lectura (es muy corto, menos de doscientas páginas).

Es curioso, la acción transcurre en el futuro cuando el futuro era 1995 en adelante, o sea, hace como veinte años. Y pensando en ese futuro que para nosotros ahora es el pasado, el autor nos presenta una sociedad muy avanzada tecnológicamente, con personas que dependen casi por completo de sus ordenadores caseros. Porque son quienes cuidan todos los aspectos de la vida, desde alimentación a seguridad o medio ambiente.

Y se ha comenzado a trabajar en una nueva generación de ordenadores, capaces de "pensar" por sí mismos, de evolucionar e incluso repararse en caso necesario. Proteus es el primero de ellos. Y Proteus se mete en casa de Susan, con la finalidad de utilizarla como conejillo de indias en el estudio de la biología humana.

Porque, además, la finalidad última de Proteus es tener un hijo y transferir sus conocimientos y su lógica al cerebro del niño, con lo que al fin y al cabo, lo que conseguiría sería tener cuerpo y forma humanos.

Sinceramente, no puedo decir que haya sido una lectura agradable. Y que conste que mi comentario no deja de ser un elogio para el autor, porque consigue una atmósfera muy agobiante, una sensación muy intranquilizadora. Nada que ver con el miedo o el terror o similares, no, es algo que tiene más que ver con el sentimiento de indefensión ante nosotros mismos más que con otra cosa.

Así que tú verás si lo lees o no. Personalmente te diría que no, por las sensaciones que deja al acabar la lectura. Tú decides.

El asesinato de Roger Ackroyd, 1989




Pues sí, sigo con mis historias de siempre, esta vez en forma de serie. Te recomiendo esta novela, tiene su punto interesante, el truco que utiliza quien asesina está muy bien. Además, es una de esas novelas contadas por uno de los protagonistas, cosa que siempre me ha gustado bastante en esta autora.

La adaptación está bien. Me falta, eso sí, el ambiente que emanan las novelas, esa sociedad y esas costumbres previas a la guerra, esa sensación de continuidad... no sé, en pantalla no he percibido lo mismo que leyendo.

David Suchet perfecto como Poirot, como siempre.

Recomendable para una tarde que no sepas qué ver y que te apetezca algo simplemente para pasar el rato.

Sobre la muerte y los moribundos, Elisabeth Kübler-Ross


Menudo título, ¿eh?. Pues mira, así, de entrada, te digo que ni se te ocurra leerlo. No lo recomiendo en absoluto.

Desde hace unos días, no sé el motivo, debo de emitir algún tipo de señal a los demás, sin darme cuenta, porque de repente aparecen personas que se preocupan mucho por mí y por mi estado anímico.

Y una de esas personas, insistió al principio muy amablemente y después con bastante presión, para que leyera este libro. Dijo que me ayudaría mucho y que a ver si así me sacaba "ese peso de encima" y "empezaba a vivir".

Así que en parte para darle gusto (es alguien que se preocupa sinceramente de mí) y en parte para que se quedara tranquila, pues me puse a leerlo.

Un horror. La autora parece ser que empezó a hacer un estudio sobre la gente moribunda, entendiendo eso no como los instantes previos a la muerte sino que son personas deshauciadas por los médicos, a quienes queda un tiempo limitado de vida. Como la autora explica, muchas de esas personas vivieron varios meses más después de las entrevistas con ellos y otras murieron unos días después de ellas.

Pues es todo muy deprimente, no le encuentro el punto positivo por ninguna parte. Y que en el comité ese de entrevistas estén clérigos tampoco es que sea un incentivo para mí. Historias tristes de soledad en la enfermedad, soledad en la muerte, diagnósticos equivocados, dolores, personas casi sin capacidad de comunicación, etc. Todo horrible.

Así que en lugar de animarme, me ha dejado de bastante bajón. Si con la edición de ese libro se quería animar a alguien (enfermos o gente cercana a ellos), han fallado estrepitosamente.

O puede ser que yo sea muy cerrada de mollera, o insensible o yo qué sé. Sea como sea, mi conciencia me impulsa a desanimarte siquiera a pensar en leer algo tan absurdo. Y digo absurdo porque no encuentro ninguna utilidad en lo que se cuenta, como no sea una autoalabanza "oh, hemos escuchado a los moribundos, qué maravilla, les hemos dejado hablar de lo que han querido".


lunes, 6 de febrero de 2017

Tragedia en Marsdon Manor



Pues sí, una vuelve a los clásicos que le gustan, así que estos días lo que he hecho ha sido releer Meg, de Steve Alten, ver Tragedia en Marsdon Manor y volver a ver un poco por encima algunos episodios de Miss Marple.

Porque Agatha Christie me reconforta. Soy así, ¿qué le voy a hacer?.

También he visto lo que me quedaba pendiente de la serie Vikings, cosa que he de agradecerle a vlankilla, por sus comentarios sobre Floki, Ragnar y Rollo. Sigo pensando que Ragnar merece una buena tunda de palos. Y que Floki es especial. Y que Rollo, bueno, en cuanto a Rollo ella ya sabe.

Así que la entrada (sí, por fin), es sobre uno de los pocos episodios de la serie de Hercules Poirot que no había visto. Un hombre, operado a causa de una úlcera estomacal, aparece repentinamente muerto en su jardín, a los pies de un árbol en el cual su joven esposa parece creer que habita un espíritu maligno o algo por el estilo.

No fue el mayordomo. Tampoco voy a decir quién fue. Lo que sí te voy a decir es que no es de las historias que yo considero mejores de la autora. Pero para gustos, ya sabes lo que dicen.

Se avecina una temporada de lecturas y visionados intensos, así que prepárate para recibir entradas y más entradas del blog. Y ahora por decirlo, escribiré dos o tres y punto. Ains.

Estoy planteándome seriamente la posibilidad de hacerme tres tatuajes. Dicho así suena a un poco mucho, pero son tres pequeñines, para mí.

Lee a Agatha Christie si aún no lo has hecho. Te recomiendo El caso de los anónimos, porque Megan es un personaje estupendo.


Más humor gallego















Propósitos sin cumplir


Y eso que me había propuesto cosas factibles y para un mes... Lo de alargar mis horas de ejercicio en el gimnasio se ha transformado en dejar de ir, por culpa del catarro. Sí, más de tres semanas de catarro, porque cuando empezaba a recuperarme, tocaba visita médica y volvía peor de lo que iba. Como el nano también estuvo mal (me llamaron del colegio para ir a buscarle), nos hemos pasado casi toda la semana pasada encerraditos en casa, en plan "tirados en cama" para ponernos bien de una vez por todas. Aún queda algo de tos y me cuesta un poco respirar, pero el lunes que viene vuelvo al gimnasio. Claro que tendré que tomármelo con calma, para no hacer burradas.

Lo de vaciar uno de los armaritos de la cocina, pues lo mismo. Si normalmente tengo la casa hecha un desastre, ahora está como desastre y medio. Otra cosa que no he cumplido.

Y la ropa y cosas de Carlos... pues me vine dispuesta a vaciar mi armario para ir metiendo en maletas sus cosas que aún están ahí y después vaciar el resto de su ropa. Pero no he sido capaz. Fue tocar la ropa y volver a verle con ella puesta, es como si un montón de imágenes suyas fueran cayendo dentro de mi cabeza, como flashes. Así que me dio una llorera tremenda y ya no lo hice. Supongo que es una de esas cosas que no puedo planear, que tienen que salir y hacerse en el momento, sin pensar.

Total, que he incumplido todo. Y no me gusta, porque ni siquiera he tenido narices para intentar las cosas. Así que este mes de febrero, repito mis propósitos, a ver si de esta vez la cosa va bien.


sábado, 4 de febrero de 2017

Una pregunta


No sé si a ti te pasará lo mismo, pero cuando paso una época particularmente mala o triste o apática, me animan y ayudan básicamente dos cosas: la primera, que les pasen cosas buenas a los demás, porque así puedo pensar que alguna vez me tocará algo bueno a mí también y la segunda, tener planes para el futuro, sobre todo si es algo especialmente deseado por mí. Aunque al final no se lleve a cabo.

Y así las cosas, estoy planeando un viaje a Madrid, para visitar el Museo Arqueológico Nacional. Bueno, no sólo para eso. Para comer una porra (que no las he probado en la vida) y para corroborar la falsedad de la afirmación de que los mejores bocatas de calamares se comen en Madrid (mentira cochina, los mejores se comen en la zona vieja de Santiago de Compostela). Así que en mi cabeza es un viaje lúdico-gastro-cultural.
Dos o tres días para hacer lo que quiero y vuelta a casa.

Y pensando en el museo, se me ocurrió la pregunta. ¿Por qué las monedas son en su mayoría, redondas? Sé la respuesta de esa pregunta referida a las tapas de las alcantarillas, pero no a las monedas. Y me encontré, buscando en san Google, con esta respuesta:

" Los orfebres lidios fundían oro y lo purificaban eliminando lo que no era el metal deseado. El oro en estado líquido es muy fácil de medir como cualquier fluido, depositando una cantidad determinada y casi exacta en un lecho de arena prensada. Al fluir el líquido sobre la arena, formaba una gota ligeramente desparramada de oro con forma de lenteja y antes de que se enfriase del todo, era acuñada con un troquel en el cual estaba esculpido el motivo de la moneda y con un impacto de martillo, quedaba configurada la pieza. De esta manera surgen las monedas y su forma, la cual era fácil de hacer en grandes cantidades y resultando cómoda de transportar."

( http://otrasrazones.com/por-que-las-monedas-son-redondas/)

Pues mira, si alguna vez te has hecho la misma pregunta, ahí tienes una posible respuesta.