jueves, 17 de noviembre de 2016

Mis experiencias gimnásticas (o algo)


Pues sí, a mi mediana edad no sólo me he "apuntado" a un gimnasio sino que además voy. Todos los días, de lunes a viernes.

¿Por qué? Bueno, fue en parte cosa del destino. Llevaba ya varios días pensando en que debería hacer algo para no ahogarme al caminar diez metros seguidos (bueno, eso es exagerado, la verdad es que no me ahogo hasta llegar a los quince metros), cuando un viernes, esperando a que el nano saliera de la piscina, se acerca a mí la madre de una compañera suya de colegio, una persona con la que simpaticé desde el primer momento (quizás porque somos las dos un tanto peculiares). El caso es que me dice que había empezado a ir al gimnasio que había allí al lado. Por supuesto, no tenía ni idea de su existencia, hasta que giré la cabeza levemente y ahí estaba, al otro lado de la calle, casi frente a la piscina. Bien, ella me cuenta que ha comenzado a ir porque estaba cansada de ahogarse cada vez que caminaba un poco o subía escaleras o cuestas, cosas así. Iba en el horario de tarde y lo pasaba bien, porque había un chico, monitor, muy simpático que les hacía las clases muy amenas.

Así que lo tomé como una señal. Sí, soy gallega y tenemos eso de creer en las señales o no creer en ellas grabado en el adn. El caso es que pensé: "El gimnasio está casi al lado del colegio, puedo dejar al nano en el cole e ir directa al gimnasio, así no tengo excusas, porque me queda prácticamente de camino".

Al día siguiente fui a pedir información. Había una muchachita en recepción, jovencita, con ropa de licra (o lycra) y una enorme y contagiosa sonrisa. Me contó que es un negocio familiar, que ella da clases de spinning y que quien podría darme más detalles era su hermano que estaba a punto de llegar. Mientras, me contó que el día anterior se había comido tres napolitanas de chocolate, que le encantaban la chuches y que gracias al ejercicio había adelgazado veinte kilos en un año. Yo le dije que estaba interesada en no ahogarme, que los kilos era lo que menos me importaba aunque entendía que estaban relacionados.

Llegó el hermano y la verdad, parecía que no me quería ahí. Se puso en plan muy negativo porque no acababa de entender que yo no quería tener un cuerpo perfecto (lo de cuerpo perfecto lo dijo él), sino que quería sentirme mejor, más ágil, más fuerte y todo eso. Me pilló con el día cruzado y en lugar de abandonar, me emperré más en ir. Ya sabes "si no quieres caldo, siete tazas".

Y a principios de este mes empecé. Al llegar el primer día no estaba la muchacha ni el hermano, estaba la madre. Que hizo que entendía lo que yo quería, pero me da que realmente no. Como sea, me dijo que este primer mes haría sólo cardio, para "tener fondo" y después empezaría con cardio más máquinas/pesas (lo que se llama ejercicio anaeróbico). Y más tarde, combinar eso con una clase de pilates, zumba, spinning o lo que sea. Vale, ellos saben más que yo, así que lo que digan, lo hago.

Entrando al fondo del todo está la zona de cardio. Cuatro cintas, dos elípticas, dos máquinas de remo y unas cuantas bicis, de diferentes tipos.

Y empezamos. La cinta. Me explicó cómo iban los mandos (no es nada del otro mundo) y me dijo que fuera viendo qué velocidad era la que podía aguantar, que estuviera allí media hora. Al mismo tiempo que me hablaba, iba subiendo la velocidad. Llegó un punto en el que sí podía seguir ese ritmo, lo que no me veía era capaz de mantenerlo durante media hora. Y mientras yo pensaba eso, ella me dijo que tenía que subir más.

Como ya dije antes, a los quince metros me ahogo. Pues me ahogué bastantes veces esa mañana. Por supuesto, sudé incluso por partes de mi anatomía que no sabía que podían sudar. Y por supuesto, me puse no roja, sino amoratada y fluorescente. El tiempo es relativo, doy fé. Quien lo dude, que se pase media hora caminando al límite de la velocidad que aguanta durante media hora, los últimos diez minutos son lentíííííísimos.

Llegó de vuelta la mujer y me dijo "ahora bici" y yo pensé "bien, por lo menos podré sentarme". Pues no. No era una bici de estar sentada. Era una bici de estar medio tumbada, con un respaldo amplio y cómodo y a la altura perfecta para echar la cabeza hacia atrás y dormitar un poco. "Genial" pensé "la bici perfecta". Y un cuerno. O dos, ya puestos. Qué forma más dolorosa de descubrir músculos!. Mi muslo derecho estaba cantando la traviata, te lo juro. Un dolor.... Pero aguanté como una campeona la media hora de bici, eso sí, echando de cuando en cuando tiernas miradas a la cinta, que ya no me parecía tan mala desde esa nueva perspectiva.

A todo esto, había más gente en el gimnasio, por supuesto. Un jovencito corriendo como un galgo sobre la cinta, pero sin sudar ni nada. Un par de muchachas haciendo pesas como si no hubiera un mañana y otra, muy elegante ella, en la elíptica, más fresca que una lechuga. Un mocetón en la otra elíptica, dándole caña sin parar y sin aparente esfuerzo. Y ahí en medio yo.

No es broma cuando te digo que al acabar la media hora de bici no sentía las piernas. Arf. Le comenté a mi tutora gimnástica que me había dolido mucho el muslo derecho, me dijo que una cosa era notar cansancio y otra dolor, que el dolor no era aceptable y que hiciera algunos ejercicios de estiramiento para que no se me subiera el músculo.

Al vestuario a recoger mis cosas y a casa a ducharme. Por el camino volví a sentir las piernas. Y las volví a sentir mucho. Sólo pensaba en llegar a casa, beberme una botella de agua y dejarme caer en alguna parte.

Había leído que el ejercicio por la mañana tenía algunas ventajas, por ejemplo que los niveles de glucógeno son más bajos, con lo cual se quema más grasa por las mañanas, que se liberan endorfinas que nos hacen sentir mejor y evitan depresiones, que nos tonifica para pasar el día, etc. Pues bien, en mi caso no se cumple nada de eso. Llego cansada, aprendí a no sentarme bajo ningún concepto nada más llegar a casa, porque después al levantarme al cabo de un rato sería peor. Pero bueno, iba a seguir yendo.

Al día siguiente ya pude ir mejor en la cinta, subí más la velocidad (otra vez sudor, otra vez moradofluorescente) y después en lugar de la bici, me recomendó la máquina de remo. Media horita de remo a nivel muy suave. Pues vale, bien, mucho mejor que la bici.

El tercer día seguía sudando y amoratándome, pero ya iba a mayor velocidad. Tras la media hora de cinta, a la máquina de remo, sólo que esta vez a nivel medio. Y después de la media hora de remo, me puse quince minutos en la bici, esta vez no me dolió nada, aunque sí noté el esfuerzo en los músculos. Porque ahora tengo músculos, eh?.

El viernes empezó una chica nueva. Yo estaba en la máquina de remo y supe que era nueva porque vi cómo le explicaban el uso de la cinta. Y pensé que bien, que si empezaba, seguramente iría despacio al principio y aumentando con el tiempo, como yo. Pues no. El primer día y casi corriendo. Grrrrr. Sigo siendo la más lenta, la que más suda y la que reluce.

Para más "inri", los lunes, miércoles y viernes hay clase de zumba, a la que acuden algunas madres del colegio. Cuando empieza la clase, yo llevo entre 20 y 25 minutos en la cinta, lo cual quiere decir que cuando pasan justo por delante de mí, ya no parezco un ser humano, para gran regocijo suyo.

Hoy me llevé una sorpresa. Cuando estaba a mitad del tiempo de remo, mi mentora me dijo que empezaría con algún ejercicio sencillo en la sala de pesas. Uau, se suponía que eso no sucedería hasta diciembre. Me pasé el resto del tiempo, mientras remaba, pensando si me quedaría energía bastante para hacer los ejercicios.

Así que al acabar, máquina de pectorales. Después a otra para fortalecer los bíceps. Después otra para no sé qué músculo que no debo tener. Y después piernas, muslos por un lado y gemelos por el otro. No mucho peso, la verdad, sólo quince kilos en cada máquina, pero bueno, es un comienzo. Mi meta es, para mi cumpleaños, poder caminar veinte metros sin ahogo.

Sigo siendo el desastre del gimnasio, pero es un tiempo que paso pensando en cosas, planeando otras, a veces pensando en ti y en contarte esta y otras cosas. También estoy aprendiendo a construírme una burbuja personal. Porque la gran mayoría de personas que están en el gimnasio al mismo tiempo que yo, son amables y simpáticas, pero también hay alguna que otra que no lo es y no porque digan nada, sino por detalles que hacen y miradas que lanzan. Son sólo dos, pero cuando coincidimos, voy montando mi burbuja de confort y les dejo fuera de ella.

Así que si lees esto entre las diez menos veinte y las once y media, que sepas que en estos momentos estoy sudando la gota gorda, literalmente, pero en plan cabezota.


6 comentarios:

vlankilla dijo...

Uy eso de que el ejercicio por la mañana es lo mejor, es muy relativo. A mí me sienta fatal y además rindo muy poco. Por la mañana mis niveles de energía son lamentables (no es que por la tarde sean una fiesta, pero algo mejoran)

Me sigues dando muchísima envidia por tu constancia. No sé si tienes dolores de espalda o cervicales, pero si los tienes verás una mejora increíble gracias a las pesas.

Por cierto, el monitor es bobo perdido, al final lo mejor que sacas de un gimnasio es sentirte mejor físicamente, porque lo de estar buenorro requiere más horas y sobre todo, una mejor alimentación. Y con lo rica que está la comida...

¡Ánimo con tus entrenamientos!

osheaa dijo...

No es constancia, es cabezonería. Que parece que se me pusieron todos en contra, pues ale, yo cazurra que voy :)

Mis niveles de energía nunca son gran cosa, la verdad, ni por la mañana ni por la tarde, pero después de acabar la hora y pico en el gimnasio, no me suele quedar ninguna. Poco a poco me van doliendo menos las piernas, así que espero que eso cambie.

El monitor, me enteré después, es un poco obseso de la perfección física, es de los que entrenan y se presentan a concursos de cachitas y todo eso, así que en parte supongo que es normal que viva todo a través de lo que le gusta. Hasta intentar que un adefesio como yo consiga unas medidas perfectas.

Obviamente nada ni nadie podrá separarme de mis sandwiches de queso caliente... faltaría más!

Gracias por los ánimos :)

Bicos varios.

Margari dijo...

Ya comentamos el otro día que mi relación con el gimnasio es nula. Y seguro que si me apuntara, mi experiencia fuera similar a la tuya. Mi ejercicio se basa básicamente en caminar una horita u horita y media todos los días. A veces me da por coger las pesas que tiene mi marido... Y con cuatro kilos ya me canso!!!
Eso sí, después de la caminata hago el segundo desayuno...
Besotes!!!

osheaa dijo...

Cuando he leído lo del segundo desayuno, lo que me vino a la cabeza fue "Anda, Margari es una hobbit!!!".

Yo acabo tan hecha polvo que lo único que quiero es beber y beber y beber más (agua). Un par de horas más tarde sí empiezo a tener hambre, pero como ya es casi la hora de ir a recoger al nano, pues no como, me espero a la comida de mediodía (que suele ser sobre las tres o tres y cuarto). Ni siquiera hago el primer desayuno, para mí levantarme de la cama y comer es algo impensable, no me gusta nada. Lo que me apetece es beber (más agua). Como todo el mundo me dice que tengo que habituarme a desayunar, ayer hice un esfuerzo y me tomé un yogur (algo que en el gimnasio me prohibirían de cara, porque era de vainilla), y fue una hora horrorosa de ejercicios, los hago menos mal (no mejor), si voy a mi bola, sin desayunar.

Me han subido cinco kilos más en las máquinas de pesas y todo eso, mañana mis brazos y piernas aullarán. Ains.

Lo que sí está claro es que tienes más fuerza de voluntad que yo, porque a mí me daría mucha pereza lo de ponerme a caminar así sin más, en plan paseo. De ahí que tenga que pagar mensualmente para que me torturen. ;)

Biquiños!

Margari dijo...

En cambio yo me levanto y necesito desayunar. Si no, a la media hora, estoy tirándome por algún lado. Y como desayuno sobre las seis y media de la mañana... A las diez y media u once, dependiendo de la hora a la que llegue, el cuerpo me pide un segundo desayuno. Que tampoco es que me harte, normalmente un vasito de leche y dos o tres galletitas. Pero algo tengo que echarle a mis michelines.
Y creo que tenemos la misma fuerza de voluntad. Que en mi caso lo que me da pereza es meterme en un gimnasio y ponerme ahí con las máquinas... Nunca he entendido por ejemplo el cacharro ese que te sirve para caminar o correr. Con todas las calles que hay para hacerlo. Ahí al aire libre, respirando aire... También juego con la ventaja de que siempre ando con el mar al ladito. Sólo verlo y ya me lleno de energía positiva.
Besotes!!!

osheaa dijo...

Te explico lo del cacharro para caminar/correr, por lo menos desde mi punto de vista: cuando tú caminas o paseas, marcas tú el ritmo, puedes ir relajadamente, un poco apurada, subir, bajar, etc. En el cacharro, manda él. Tienes que seguir el ritmo marcado o te vas de narices. Obviamente, puedes subir o bajar la velocidad, pero se supone que vas a mejorar el fondo físico y eso no se hace quedándote en "la zona de confort", cosa que se suele hacer inconscientemente cuando sales a caminar (ya digo que hablo por mí, no por los demás).

Lo último que me apetece al llegar del gimnasio es comer. Bebo agua como una descosida, eso sí. Y el hambre suele llegar un par de horas más tarde, con lo que es cuando tengo que salir a buscar al nano, así que no hay tiempo de comer a causa del ejercicio.

Hoy he pasado un día regular, me duele todo, miedo me da mañana :)

Biquiños!!!