miércoles, 31 de agosto de 2016

Mi vida sin mí, 2003


Una vez, hace mucho mucho tiempo, lakhesis me dijo que yo era una suicida emocional. Hasta ahora, teniendo en cuenta que a ella le gusta la gata Kitty y las orejas de Mickey Mouse, lo tomaba como otro disparate, pero decidir ver esta película a estas alturas, me hace pensar que tal vez tenga algo de razón. No toda, pero sí algo.

Supongo que ya sabes de qué va, pero por si acaso, un resumen rápido: Anne tiene 23 años, dos hijas pequeñas, un marido que la adora y una madre amargada. Se pone enferma y le diagnostican cáncer, con esperanza de vida de dos a tres meses. Ella decide no contar nada a su familia y decir que tiene anemia.

A priori es una historia triste. Y supongo que lo sería, si no fuera por el doblaje. Es nefasto, muy lineal, muy artificial, arruina toda la película. De hecho, sólo hubo un momento que me puso triste y fue porque se dice algo que a mí me decían varias veces cada día. Pero por eso, que si no....




Me pareció un desperdicio sin sentido de una buena historia. Me dejó como si nada, ni fu ni fa. Y eso sí que es triste.

martes, 30 de agosto de 2016

Jane Eyre, serie BBC, 2006




De las versiones que he visto hasta ahora, la mejor. Una miniserie de cuatro episodios, aunque yo logré la versión de dos, que también pasa por alto la infancia de Jane en la escuela Lowood, que también ignora personajes como Bessie o la señorita Temple, que también pinta a Elena Burns como la niña del pan y que se muere y nada más...

Pero en el resto, estupenda. Quizás mucho besuqueo en un determinado momento, pero bueno, supongo que es una forma de mostrar lo que sienten los personajes. Por lo demás, muy bien. La más recomendable por el momento.

Leer el libro también es una muy buena opción, sea antes o después de verla.

Jane Eyre, 1943




Cosas buenas de esta versión:
 -Orson Welles encarna bastante bien la parte "borde" y desagradable de Rochester.
 -Hacen un poco más de hincapié en la vida de Jane en Lowood, aunque, como en todas las versiones que he visto hasta ahora, ninguna le hace justicia.
 -Aparece el personaje de Bessie, aunque en forma de la típica vieja criada de la casa señorial en lugar de la jovencita medio alocada pero cariñosa que es su verdadera personalidad.

Cosas malas de esta versión:
 -Como en las que he visto hasta ahora, pasan totalmente de la influencia que la amistad de Elena Burns tuvo sobre Jane, el punto de inflexión que para la niña fue conocer a su amiga, lo que Elena tuvo que sufrir en la escuela. Se limitan, como siempre, a mostrar que fue la que le dio un trozo de pan cuando la castigaron y que se murió muy jovencita. Eso y nada es lo mismo.
 -Tampoco aparece el personaje de la señorita Temple, pero eso es común a todas las versiones
 -Los últimos minutos son atroces, desde el momento en que ella se va, no tiene absolutamente nada que ver con la historia escrita por Charlotte Brontë, nada en absoluto, es cabreante la chapuza que hicieron.
 -Se saltan tooooda la parte de los hermanos Rivers. Y la cosa de los abogados (no digo más por si alguien no leyó ni vio nada de la historia)

Sólo lo que hicieron con el final hace que tenga ganas de arrancarles las cejas a los guionistas, con unas pinzas y pelo a pelo. No digo más. Un horror.

lunes, 29 de agosto de 2016

Rebeca, 1940


Lo sé, lo sé, ya la he visto muchas veces, pero me apetecía...


Tanto la película como la novela de Daphne du Maurier son perfectamente recomendables. Para ver y para leer varias veces. Y lo fascinante de ella, para mí, son dos cosas: que la protagonista desde el primer minuto hasta el último no aparece nunca. No hay ni una imagen de Rebeca. Y la segunda cosa, que nunca se refieren a la segunda señora de Winter por su nombre, otra forma más de intensificar el personaje invisible de Rebeca, la muerta, que está en todas partes frente a la muchacha viva, sin nombre, torpe e inocente.

Me gusta mucho.

Roma, serie (primera temporada)


Sí, sólo vi la primera temporada, por algún extraño motivo no me animé a seguir con la segunda.



En la imagen, lo que considero mejor de la serie: la elección perfecta para el papel de Cayo Julio César y también el de Marco Antonio.

Me gustó, me entretuvo y aunque pasaban con mucha rapidez por las maniobras bélicas y politicas, también me sirvió para refrescar un poco lo que (poco) estudié de historia.

El hilo conductor de la serie es la amistad de dos personajes, dos soldados de la 13 legión de César, con destinos muy dispares, uno se ve abocado casi por imposición a la política y otro a ser un matón a sueldo.

Me sorprendió mucho el aspecto religioso de los antiguos romanos, los augurios, lo mucho que les influía el hecho que podemos considerar tan banal como el de romper un vaso o un plato en una determinada celebración. La inseguridad y el recelo por todo y por todos, cualquiera puede traicionar a quien sea.

Como parece suceder últimamente en las series de este tipo, bastantes escenas de desnudos (tanto masculinos como femeninos) y un alto contenido sexual y de violencia.

Buen detalle el de las crucifixiones, clavar los clavos por las muñecas y no por las palmas de las manos, así es como se hacía ya que si se clavaban por las palmas, se producían desgarros y quedaban los brazos sueltos, mientras que por las muñecas, se sostenían los cuerpos como era debido.

Me ha parecido una buena serie, cuidada, quizás demasiado precipitada en los hechos que muestra y con giros sorprendentes. No sé decirte el motivo por el que no me llama ver la segunda temporada, la verdad.

Ah, así como César está muy bien elegido, muestran a Cleopatra como una niñata consentida a la que te dan ganas de darle una buena azotaina.



Las aventuras de Ford Fairlane, 1990


La vi porque me la recomendaron. Eso sí, me avisaron que seguramente me parecería una patochada (palabra textual).




Todos los clichés de películas de detectives en plan chulo-duro, plasmados con un punto de humor un tanto extraño. Creo que eso define perfectamente la película. A veces me parecía estar viendo un cómic de los de El jueves hecho película. Y todo el tiempo tuve un extraño pensamiento en mente: "Vin Diesel habría clavado el personaje más aún que el actor este". Y el actor lo hace muy bien, que conste.

Un mundo loco, abigarrado, exagerado, colorista y un protagonista que va de ligón y de sobrado por la vida. Pero en plan muy... personal.

Sólo puedes entenderlo si la ves. Y con la mente en blanco, sin esperar nada.

Jane Eyre, 2011





Si no es la novela con más adaptaciones a la pantalla, estará cerca.

Hace mucho tiempo, en mis años mozos (más o menos sobre 1985) mi mejor amiga me regaló un ejemplar de la novela. Me gusta mucho, la verdad. Ese libro me ha acompañado en todas las mudanzas y a lo largo de mi vida. Así que, como es natural, he visto las películas y series que han caído en mis manos. Y esta no es menos, este es el segundo visionado.

La película está bien, si no tienes en cuenta la historia original. Se han cambiado cosas, se han eliminado cosas, supongo que con el fin de recortar gastos o metraje. Esto hace que el final sea demasiado abrupto para quienes esperábamos algo al menos parecido a lo que leímos. No es la mejor adaptación que he visto, la verdad. Aunque te repito, si no esperas fidelidad a la lectura, es una película entretenida y aceptable.

Faldas largas, un caserón en medio de la nada y una historia de pasión y locura.

Premonición, 2015


Esta acabo de verla justo antes de empezar a escribir las entradas de esta noche. De hecho, si estoy actualizando el blog en este momento se debe en gran parte a esta película.



No puedo contarte mucho sobre la historia en sí. Porque te la destrozaría y me gustaría mucho que la vieras. Me gustó. Asesino en serie. FBI. Un hombre con ciertos poderes especiales. Seguro que te suena a algo conocido. Ah, pero en este caso hay algo especial. Que no puedo contarte porque es el "quid" de la cuestión. Es algo bastante original, que hace que la película sea diferente a otras que hayas podido ver sobre un tema parecido.

Así que anímate y dedícale un rato una de estas noches. Y ya me contarás, si quieres.

La cosa, 1982


Estos días estoy de "vacaciones de madre", es decir, que hasta el sábado estoy solita en casa. Mi niño me dejó instrucciones muy precisas de lo que podía y no podía hacer mientras él estaba fuera, con sus abuelos. Y una de las cosas que me pidió fue que viera esta película.

Al parecer en una de sus series de dibujos favoritas (Gravity Falls), hacen referencia a esta película. Como es de miedo, él no quiere verla, pero quiere que la vea yo y que después le diga que la he visto (tampoco querrá que le cuente de qué va, no le gustan nada este tipo de historias).

Como no voy a hacer la mayor parte de las cosas que me pidió y para darle una alegría, vi La cosa. Bueno, por eso y por Kurt Russell, que las dos películas protagonizadas por él que vi antes de esta, me gustaron bastante y nos reímos mucho viéndolas.



En la imagen, Kurt Russell y detrás, la cosa.

Pues nada, un ente que viene del espacio en un platillo volante típico de toda la vida, que se dedica a tomar posesión de las formas de vida más próximas para ir matando a la especie humana y todo lo que pille por delante. Mucha musiquita de tensión y escenas de susto. Mucha nieve, destrucción y fuego.

No es ninguna maravilla, aunque supongo que en su día sí que estuvo bien. No ha soportado el paso del tiempo, la verdad. Así que no te la recomiendo. En cambio, sí aprovecho esta entrada para recomendarte las otras dos que vi del protagonista: Escape de Nueva York y Escape de Los Angeles. Combinación de acción, humor ácido y aventuras.



Regreso a Howards End, 1992




Y en esta película aparece la antítesis (para mí, claro) de la belleza femenina. La muchacha de la imagen, Helena Bonham Carter, me parece una mujer nada de nada atractiva, en ningún sentido. Si además hace un papel como el que le ha tocado en esta película, la cosa empeora.

Es el típico caso de título que se te hace muy familiar pero que nunca has visto y no sabes el motivo, así que me puse a ello esta tarde.

Creo que la copia que vi estaba mal. O eso o es que quien montó las escenas no tiene ni idea. Pantallas en negro, cortando escenas y pasando a momentos que no enlazan con los anteriores, saltos temporales sin sentido, cosas así.

La historia tampoco me gustó. Dos hermanas con aspiraciones a ser intelectuales y filantrópicas, con un hermano que no pinta nada ni en la familia ni en la historia y unos vecinos ricos y extravagantes. No tiene sentido que una de ellas se case con quien se casa, no lo hace por interés, eso queda claro desde el principio, pero tampoco lo hace por afinidad de caracteres ni por una loca pasión. No tiene ni pies ni cabeza.

El pobre empleado que entra y sale de sus vidas, cada vez en peor situación, para acabar como acaba, otra cosa que no pinta nada en la película.

No me ha gustado nada de nada, supongo que porque no entendí de qué iba la historia ni cómo había esos giros en las vidas de los protagonistas, así sin más.

Una decepción.

27 vestidos, 2008


Hace unas semanas, hablando con alguien por teléfono acerca de Juego de tronos, me encontré diciéndole que prefiero ver un cuerpo femenino desnudo que uno masculino. Me refería únicamente a la estética, ya que para mi suerte o desgracia, soy heterosexual (me encantaría ser todosexual, pero hay cosas que una no puede elegir, se es como se es).

Con eso quise decir que aprecio la belleza femenina. Al igual que muchas otras clases de belleza, como paisajes, nubes (sabes que soy forofa de las nubes y los árboles), etc.

También sabes que de cuando en cuando tengo mis momentos de lo que yo llamo "rulos y bata de guatiné". En ellos leo novelas románticas de esas que él es maravilloso y ella bellísima y acaban casados y felices. O veo el equivalente en película.


En esta película se aunan las dos cosas: belleza femenina (para mi gusto esa cara es preciosa, y su sonrisa más todavía) y película romanticona de la que ya sabes el final nada más leer el título.

Lo peor de la película no es que sea de esas que te dan la impresión de haberla visto ya varias veces y con todas las variantes posibles. Lo peor es el humor, o más bien el intento de que tuviera puntos de humor. Esas escenas me parecen desastrosas, la verdad. Sobre todo hacia el final, con la relación entre las dos hermanas, es una suprema idiotez.

Por lo demás, cumple sus expectativas: ver una película romántica y quedar con la sensación de "esto no voy a volver a hacerlo más" (lo cual significa "no volver a hacerlo más hasta la siguiente").

Pues si a ti te pasa lo mismo y de cuando en cuando tienes el síndrome rulos-bata, esta no la veas. Hay otras mucho más divertidas.


El mayordomo, 2013





La vi anunciada en televisión y la recordé muy vagamente. No sé cuánto tiempo hacía que la había visto, pero me picó la curiosidad y la volví a ver.

Básicamente trata la lucha por la igualdad de la gente de color (no sé porqué el término "negro" se considera peyorativo, cuando "blanco" no lo es, pero seré políticamente correcta). El protagonista nace en una plantación de algodón que nada tiene que ver con Tara de Lo que el viento se llevó. Y acaba como mayordomo en la Casa Blanca. Uno de sus hijos muere en Vietnam y el otro es un activo luchador por los derechos civiles. Como ves, montones de temas interesantes que no se tratan con ninguna profundidad. Presidente a presidente, crisis a crisis, apenas se hace más que nombrarles, se pasa de puntillas por todos ellos. Es como leer el índice de un libro en lugar de los capítulos.

Diría que es decepcionante, la verdad. Hace cierto el dicho "quien mucho abarca, poco aprieta".

lunes, 22 de agosto de 2016

La religiosa, 2013


Tengo que empezar diciendo que no es una película, es un sinvivir. Una muchachita que un día inocentemente le dice a su madre que ama a Dios (para ella es con mayúscula), y va la madre y ale, al convento se ha dicho. O eso parece, porque la verdad es que la madre estaba deseando enclaustrarla, ya que no es hija de su marido y la niña tiene que meterse a monja para expiar la culpa de la madre (toma ya).

Pero cuando llega el momento de jurar los votos, ya sabes, castidad, pobreza y obediencia, va y dice que nones, ahí, delante de todas las otras novicias y el obispo y las otras monjas. Una tragedia.

Se vuelve para casa, pero su madre la convence de volver a ser monja. Peeeeero ningún convento la quiere, no vaya a ser que se espante otra vez y eso al parecer, para la época (siglo XVIII) es de lo peorcito que le puede pasar a una congregación. Tiene suerte y la vuelven a aceptar en el primer sitio en que estuvo.

La superiora parece un sargento de granaderos, pero en el fondo es un pedacito de pan tierno. La niña se desvanece justo tras aceptar los votos, la superiora se muere (o más bien la mueren) esa misma noche y la sustituta es una mujer guapísima y jovencísima con aspecto de ángel pero con una mala leche tremenda.

Total, que tras muchos pesares, pasa de contrabando un escrito a una monjita amiga suya, quien se lo hace llegar a su propia madre para que un abogado saque a la protagonista del convento. No lo logra, pero sí consigue que la trasladen cuando ven en qué estado se encuentra la niña por las perrerías que le hace la superiora.

En el nuevo convento todo es jolgorio y alegría y buen rollito. Hasta que una noche la madre superiora se le quiere menter en la cama (literalmente). Así que la niña se confiesa con el cura, el cura le dice que eso está muy mal, que se resista, la superiora enloquece de amor... y el abogado trama un plan para que escape. Y la lleva junto a su padre biológico... que se muere justo la noche en que llega ella a casa.

Y no se sabe lo que le pasará después, la película acaba ahí. Hija sin reconocer de un marqués o cosa parecida y perseguida por la mala suerte.

Y no, no te he fastidiado la película porque la verdad es que es un poco cansina. La muchacha se pasa todo el rato con esta expresión:


Vestida, desnuda, rezando, pisando cristales, contenta por volver a casa, triste por la muerte de su madre, liberada, oprimida, cantando, tocando el clavicordio... haga lo que haga y esté donde esté, no cambia su cara. Siempre igual.

Y la vida en los conventos por entonces me resultó un poco chocante, aparte de llevar encima kilos y kilos de ropa, sólo comían, rezaban y leían libros. Nada de hacer trabajos, lo único que vi al respecto fue una rueca, pero nada más. Salvo cuando la castigan, que tiene que fregar los suelos.

Que te diría que no la vieras, en parte porque creo que hay cientos de cosas mejores que ver y en parte porque si has llegado hasta aquí, ya te sabes todo, así que...


Edito la entrada para decirte que es un remake de una película de mediados de los sesenta.

viernes, 19 de agosto de 2016

Y llegó lo inesperado


La verdad es que el día fue el martes, pero soy bastante reacia a cambiar las cosas, por eso hasta hoy no me animé a cambiar el móvil.

Aparqué mi Nokia de toda la vida y empecé con uno de esos smartphones. Sé que con el tiempo me acostumbraré, pero de entrada que quede algo muy claro: odio el autocompletado y su insistencia en colarse en mis mensajes justo con la opción que menos tiene que ver con lo que quiero decir. En serio, estuve a punto de desistir por su culpa.

El whatsapp.. al principio no daba abasto, entre tanta corrección, los grupos, darle a teclas sin enterarme (llamé varias veces a mis padres sin querer). Buscar en los sitios más lógicos las cosas que necesitaba, para darme cuenta de que estaban en otra parte. Pero ya está. Al menos, eso creo. Cuando alguien me llame, sonará este tema Me pareció bastante apropiado. Para avisos de mensajes y demás, tenía este otro pero me gusta tanto la canción, que me quedaba escuchándola, así que puse uno de los tonos que vienen de serie, un "plop sosete". Y para alarma, esta canción que está muy bien sobre todo para despertarte, empieza suavecita y va subiendo. Sin susto.

La mayor metedura de pata ha sido la funda. Quería una tipo libro, sencillita. Y donde compré el móvil no tenían para ese modelo, así que estuve buscando y encontré una genérica para ese tamaño, del color que me gusta. Venía en un blister, pero no es excusa porque aunque la hubiera sacado y la hubiera visto, no me habría dado cuenta del fallo hasta llegar a casa y poner el móvil. El problema es que si utilizo esa funda, me quedo sin cámara. Así que toca buscar otra. Mientras, utilizo esa pero sin "pegar" el móvil a ella y así iré tirando hasta encontrar la adecuada.

Y todo esto te lo cuento no para presumir ni nada de eso, sino porque aunque te parezca algo risible, es un cambio muy grande para mí. Tal como me dice mi nano, "las nuevas tecnologías no son lo tuyo, mami".

 

Fracture, 2007






Había visto ya esta película, hace algunos años. No recordaba los detalles ni el final, así que en cierto modo fue como verla por primera vez. Y en este segundo visionado, me di cuenta del motivo por el que me había gustado: Anthony Hopkins hace de un pseudo Hannibal Lecter. Los gestos, las entonaciones, ese punto de soberbia basada en sus conocimientos, el enfrentamiento con el abogado arribista... todo era muy Lecter.

En mi opinión, su papel es lo mejor de la historia. En sí misma, es otra más de abogados, fiscales y juicios. Sólo que esta vez, partimos del acto mismo del asesinato, vemos quién es el autor de los hechos y todo lo que sucede a continuación. Me encanta la manipulación que el personaje de Hopkins hace sobre el fiscal, la forma en que utiliza su ambición y su ego para convertirlos en un arma a su favor.

Una película entretenida, que por alguna extraña razón me despertó las ganas de volver a ver Drive, protagonizada por el actor que hace de fiscal.

Tenla en cuenta como opción ligera para una noche de lo que queda de verano. Si quieres.

jueves, 18 de agosto de 2016

Lugares oscuros, Gillian Flynn



La historia es interesante: en una granja aislada, una fría madrugada de enero, una mujer y dos de sus hijas son asesinadas. La niña más pequeña escapa y señala a su hermano como autor de la matanza.

Al cabo de casi 25 años, la pequeña superviviente, ahora una mujer, empieza a investigar sobre lo sucedido, poniendo en duda su propia declaración.

Me gusta la forma en que la autora va dejando migajas de información sobre lo acontecido en el pasado. Cómo hay cosas que parecen coincidencias y no lo son, cosas que parecen mentiras y no lo son, cosas sin importancia que resultan ser vitales...

Lo que me ha estropeado la lectura es su protagonista. He sido incapaz de sentir nada remotamente positivo por ella. Al contrario, esperaba que la historia acabara con su muerte o algo parecido, porque la verdad es que me resultó un ser humano repulsivo. Y teniendo en cuenta cómo eran el resto de personajes, es bastante decir, créeme.

Tengo la impresión de que la autora pretendía sorprender con el final. En mi caso, al menos, no lo consiguió. Lo que sentí al acabar de leerlo fue frustración, ganas como de meterme en la historia y empezar a dar unas cuantas collejas bien dadas.

No te lo recomiendo por eso, porque no deja la sensación tan agradable de haber leído algo interesante, o entretenido o agradable, sino todo lo contrario.

Pero bueno, tal vez a ti no te ocurra lo mismo. En tu mano está el descubrirlo o no.

Multipolar


Así estoy yo, multipolar, ya he rebasado la línea de la bipolaridad. Borrachita de sueño. Con ataques tontos de locura. Y más cosas.

Para que veas cómo estoy, ahí va lo que escucho, todo mezcladito:

Empiezo con esta  y sigo, por supuesto, con esta otra para después seguir con algo así y así y después y entonces me viene un recuerdo a la cabeza y me pongo esto y enlazo con una de "nuestras canciones"
 (sí, sé que es cursi, pero lo que es, es).

Bueno, te puedes hacer una idea de la montaña rusa musical (y no musical) que estoy recorriendo sin parar. Y sí, la montaña rusa tiene momentos muy divertidos, muy emocionantes, pero también puede marear y sentar mal.

Espero que te haya gustado alguna. A mí, hoy por hoy, me gustan todas y si están mezcladas, mejor.   

miércoles, 10 de agosto de 2016

Mascotas, 2016



Acabamos de llegar del cine, hemos visto la película Mascotas. Un rato divertido, con momentos bastante graciosillos y también con guiños a películas como El fugitivo, Inception, X-Men... o tal vez es que no hay ideas buenas y se reciclan cosas ya vistas. Porque la verdad es que la película está bien pero tengo la impresión de que es muy infantil. Ya sé que es una película de dibujos animados y orientada a los pequeños de la casa, pero aún así.

Lo mejor, sin duda alguna: el conejo!!!! Es el típico secundario que acabas recordando más que a los protagonistas. Es encantador, malo, retorcido, con planes para acabar con la raza humana, el jefe de las mascotas de la calle.

Aquí su apariencia angelical:




Todo mullidito, una preciosa bolita de ojitos azules.

Y aquí su cara menos tierna, que no le hace justicia, pero no he encontrado una imagen con su cara más maquiavélica.





El mejor personaje de la película, sin duda.

viernes, 5 de agosto de 2016

Recuerdos



Hoy he tenido, así de repente, un recuerdo de mi más tierna infancia. El recuerdo de la calle donde está la casa en la que crecí, en Vigo. No como está ahora, sino como era por entonces hace tantos años.

En el bajo del edificio había una tienda en la que trabajaba mi hermana. Era un lugar que me encantaba, a pesar de que no podía entrar a menudo, por no molestar y todo eso.

Nada más poner un pie dentro, te asaltaba ese inconfundible olor a goma de muñeca, más concretamente a goma de muñeca nueva. Porque la primera planta de la tienda era una juguetería. En su mayor parte, muñecas, pero no como las Barbies ni cosas por el estilo, sino muñecas de verdad, de las achuchables, las que acababan con la cara pintada de bolígrafo y como mucho, cerraban los párpados si las tumbabas.

Había muñecas normales y corrientes y luego estaban Nancy y Leslie, que tenían accesorios. Te reirás al leer esto, pero por entonces era el no va más del lujo tener una muñeca con vestidos que cambiar, su propio armarito y demás zarandajas.

A mí me gustaba "la Leslie", una muñeca pecosa y pelirroja que no tenía tantas historias, pero me resultaba mucho más bonita que la rubia y sosainas de "la Nancy". Desgraciadamente, nunca pude tener una.

Lo que sí tuve fue una Barriguitas. Una muñeca diminuta, con el pelo medio cardado como si tuviera cuarenta años, rolliza y suave. Y también tenía cosas, tenía hasta una bañera, en la que al presionar un botón, salía agua. Me encantaban las barriguitas y de esas sí tuve una. Me pregunto qué habrá sido de ella...

El piso de abajo de la tienda era el lugar favorito de mi hermana. A mí no me gustaba, era aburrido. Allí vendían todo para los bebés, desde ropita hasta cochecitos, bañeras, orinales, pañales de tela (sí, de tela, había que lavarlos a mano) y polvos de talco, cremas para las rozaduras y demás. A mi hermana siempre le han gustado los niños. Y le siguen gustando.

Con el paso de los años, la tienda fue mutando y ahora mismo se dedica a vender motos, cascos y complementos tanto de las máquinas como de los pilotos.

Si al salir del portal iba hacia abajo, hacia la derecha, llegaba a los pocos pasos al cole de la profe Carmiña. Cientos de niños del barrio pasaron por sus manos a lo largo de los años. La puerta era de hoja doble, de madera. Entrabas a un portal oscuro, del que partían unas escaleras que llevaban a más oscuridad todavía. Y frente a la puerta de entrada, al lado de esas escaleras, la puerta propiamente dicha del colegio.

Naturalmente no era un colegio, sino una habitación enorme en forma de L. A ambos lados de la parte más larga, había un banco que iba de un extremo a otro. Para que te hagas una idea, en cada uno cabían muy holgadamente diez niños, con sitio a su lado para dejar las carteritas.

En la parte más corta, a la izquierda, estaban colocados los pupitres. De madera, pintados de azul, antiguos, con la tapa que se levantaba para dejar las cosas dentro y un agujero a la derecha para colocar el frasco de la tinta de escribir. No usábamos tinta ya, por supuesto, pero te da una idea de cómo eran.

En las paredes, mapas. De las provincias, de las regiones, de los ríos y las montañas.

Empezabas a ir al cole de la profe Carmiña a los tres años y te ibas a los seis, cuando empezabas el colegio "de verdad". Lo primero que se aprendía en ese cole era a cantar. Los pequeños cantábamos las canciones de las letras (el abecedario), de los números, de los ríos, las montañas, los límites de España, etc. La profe cantaba y nosotros íbamos aprendiendo las letras de las canciones.

Después nos enseñaba a escribir lo que aprendíamos a cantar. En una pizarra, rectangular, con un marco de madera oscura y un trozo de cordel sujetando un pizarrín con el que escribíamos en ella. Para borrar, como éramos muy modernos por esa época, usábamos las mangas de los jerseys o el bajo de las camisetas, lo que fuera más cómodo según la ocasión.

Todos los días había al menos un niño que se metía un trozo de pizarrín por la nariz. Así que el recuerdo más vivo que tengo de mis compañeros de fatiga son narices sangrantes, básicamente.

Llevábamos una cartera cada uno, con la pizarra y el pizarrín y la merienda dentro. Para la merienda, que era básicamente un bocadillo, había bolsas de tela especiales para ello. eran bolsas como las del pan pero en tamaño pequeño, con unas tiras de tela en el extremo, que al tirar de ellas, fruncían el extremo, cerrándolas.

Y los bocadillos eran de lo típico por entonces: queso (pero no en lonchas, sino queso cortado en casa), o queso con membrillo, Tulipán (madre mía, el anuncio del helicóptero), un trozo de chocolate metido en medio del pan...

Y así al pasar los meses, íbamos aprendiendo lo básico. Cuando ya dominábamos el terreno, nos pasaban a los pocos, a los pupitres. Allí la cosa ya era seria, ya empezaban las cuentas, los dictados y el no va más: escribir en papel y con lápiz!!! De goma de borrar, nada. Tenías que esmerarte mucho a la primera y si metías la pata, no quedaba otra que usar miga de pan para borrar o la yema de un dedo húmeda de saliva, siempre con cuidado de no romper la hoja.

Había que rendir y hacer las cosas lo mejor que cada uno podía. Y no sólo en cuanto a temas de estudio sino también en comportamiento, educación y limpieza. El castigo era físico, algo normal en la época. Te daban en la palma de la mano con un trozo de madera grueso, en forma de lágrima alargada, de unos treinta centímetros de longitud, suave y barnizado. Tantos golpes como grave hubiera sido la falta.

Así es como llegué a los seis años al colegio, sabiendo leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir por dos cifras, sabiendo los ríos, afluentes, límites, provincias... lo que se consideraba básico en el cole de la profe Carmiña.

Ahora en su lugar hay una guardería. La profe Carmiña y sus dos hermanas, con las que vivía, murieron hace ya bastantes años. Ella era una mujer mayor ya cuando empecé. Con arrugas en la cara, blanca de lo empolvada que la llevaba, los labios rojo sangre y los párpados azules. Me quería mucho, lo que significaba muchos achuchones que yo aguantaba con resignación, no porque no la quisiera, sino porque me dejaba la cara pegajosa y llena de maquillaje y sus labios marcados en mis mejillas regordetas. Era muy exigente pero también muy buena.

Unos pasos más abajo, justo donde acababa la calle (o más bien donde empezaba, porque era el número 1), estaba la dulcería. Tenía forma de cuña, con la entrada en la parte del pico. Había montones de caramelos, de todos los colores, en frascos enormes de vidrio. Y pastelitos. Y cajas de bombones con bonitos paisajes o animalitos dibujados en ellas. Y en una esquinita, la razón de su popularidad: un congelador de helados. Sí, como los que ahora hay en cualquier parte, pero por entonces eran algo extraordinario.

Los helados que más vendían eran "cortes", trozos de helado en barra entre dos galletas. Los había de dos sabores: fresa y nata o nata, vainilla y chocolate. Y si tenías bastante dinero (o suerte), podías pedir un corte doble, es decir, un trozo el doble de grande.

Ahora en lugar de la dulcería hay una farmacia.

Y justo ahí, donde acaba/empieza la calle, es donde se han producido los cambios más grandes. Antes había una calle que iba hacia "la Campsa", con un muro separando la acera de la zona de carga y descarga industrial del muelle. Ahora han tirado abajo todo y hay una rotonda y una carretera nueva para ir hacia la zona del Berbés... pero bueno, no creo que te enteres de lo que estoy contando. El caso es que tiraron abajo lugares muy relacionados con mi infancia y adolescencia.

Cuando mis padres me obligaban a salir de casa, me llevaba un libro y me sentaba en el muro bajo, con una pierna medio colgando y me pasaba horas leyendo al aire libre, sin molestar y sin que me molestaran. O seguía ese mismo muro, que iba creciendo en altitud, hacia la zona del club náutico, donde entraba en el puerto deportivo, me apoyaba en un murete y leía allí, con el mar a un lado y otro y los pescadores sentados a unos metros, sujetando sus cañas y esperando a ver si picaba algo.

La verdad es que allí solía leer poco. No sólo por haber más jaleo que por detrás de mi casa, sino por el mar. Solía ir allí cuando me sentía triste o cuando pensaba que mi vida se iba a acabar (ya sabes, ese tipo de cosas que nos parecen tan terribles cuando no tenemos ni veinte años), porque por mal que estuviera, el olor del mar me relajaba. Y verlo me ayudaba a ponerme en mi sitio en el mundo. El mar estaba ahí, estaba aún antes de nacer yo y ahí seguirá cuando me muera. Las olas seguirán bailando su danza de ir y venir, independientemente de lo que me pase, de lo que sienta o deje de sentir.

El mar es grande e indiferente. Y me hace sentir pequeña, con lo cual mis problemas también lo parecen. No sé explicártelo de una forma más racional o que puedas entender. Si no te has sentido así al ver el mar, es complicado que sepas de qué estoy hablando.

Ahora la zona del náutico también ha cambiado. Se supone que a mejor, con vistas a los pasajeros de los grandes cruceros. Yo no lo veo así. Sustituir verde, plantas, hierba, jardines por cemento y estatuas sin sentido, no es una mejora para mí, por mucho que les pueda gustar a los turistas.

Bueno, y lo dejo aquí, que me estoy liando de mala manera. Gracias si has llegado hasta el final.





jueves, 4 de agosto de 2016

Shrek, 2001







Hoy a mi hijo se le antojó empezar un "cliclo Shrek", así que preparé un bol de palomitas (que se zampó él), la botella de agua y al sofá.

La película ya la habíamos visto, pero la disfrutamos igualmente. Es más, mejor así porque mi niño tiene la molesta costumbre de ir adelantando acontecimientos según vamos viendo películas, lo cual le ha costado más de una vez que dejara una a medias para que aprendiera a no "spoilear" y a estar en silencio.

Supongo que tú también la habrás visto y si no es así, es que no hay forma de convencerte para que lo hagas. Una lástima porque es entretenida, divertida y tiene una pegadiza banda sonora.

¿Te animas? Porque mañana me parece que toca Shrek 2. Y ahí está el gato que pone caritas, ains.

Stranger things, serie







Una primera temporada de ocho episodios que yo creía que era única pero me da que va a haber una segunda, tal y como fue el final. Y eso me da un poco de mala espina, porque la verdad es que disfruté mucho esta serie y temo que quieran "estirar el chicle más de la cuenta" y fastidiarla con una posible continuación.

Es un poco americanada. Ambientada en los años setenta o así, creo que ahí reside el encanto de la serie, más que en la historia en sí, en plan monstruos, realidades paralelas, niños aventureros, madres locas y demás. Me ha recordado un poco a Los Goonies por la pandilla de niños protagonistas, un poco a Carrie por los poderes psíquicos de algún personaje, a Men in black por todo el rollo gubernamental, vamos, es una amalgama de cosas que al menos a mí me resultaron entretenidas.

Así que si te queda algún tiempo libre y no sabes qué ver, está bien para pasar el rato y además al ser ocho episodios es "asequible".

Ya me contarás, si te animas.


miércoles, 3 de agosto de 2016

La repudiada, de Eliette Abécassis



La describen como una novela corta, pero yo diría que más bien es un relato largo, son 52 páginas que se leen del tirón.

La historia en sí no me pareció especialmente interesante. La forma de escribirla, a veces un poco reiterativa. Lo que me interesó y enganchó de la lectura fue conocer detalles de otra cultura, otra religión, otras costumbres.

Puede que si lo lees llegues a sentir un brote de indignación, sobre todo en la parte en la que los hombres agradecen a su dios no haber nacido mujer. Pero hay que tener en cuenta que es una forma de pensar muy distinta a la nuestra. Y eso es lo que hace la lectura interesante, porque hay mucha gente que vive y piensa así. Supongo que nosotros seremos igual de sorprendentes para ellos, aunque por lo que leí, su contacto con el resto de personas es casi nulo.

Pues eso, una lectura interesante por mi ignorancia sobre temas religiosos.

martes, 2 de agosto de 2016

Amamantar


Un par de cosas antes de escribir mi opinión. La primera, que soy una persona muy pudorosa. Me horripila el llamar la atención, que se fijen en mí, "dar el cante", como se suele decir. La segunda, que siempre intento ser ecuánime con el hecho de que cada cual hace lo que quiere (dentro de lo que puede, claro). No siempre lo consigo, pero lo intento.

Dicho esto... cuando me quedé embarazada tenía claro que quería dar el pecho a mi hijo. Si podía, porque tenía antecedentes familiares de mujeres que no pudieron. Afortunadamente, yo sí pude. Y lo hice, durante los seis primeros meses de vida sólo tomó leche materna. Después fue ampliando su dieta, pero con la leche materna siempre presente.

Lo decidí por muchos motivos, algunos lógicos y otros totalmente irracionales. Que era más sano, mejor, que tendría más defensas ante enfermedades, que era una forma de estrechar más el vínculo maternofilial, etc.

Mi hijo salió un poco tragoncete y quería mamar cada dos horas. Día y noche. Para mí era algo agotador, pero ni una sola vez me planteé el pasarme al biberón.

Y claro, a veces le tocaba comer estando fuera de casa. A pesar de mi timidez y del pavor a llamar la atención, jamás pasé vergüenza ni ninguna clase de apuro al amamantar a mi hijo en público. Me sentaba en un lugar donde no molestara y alimentaba a mi hijo.

Ni una sola vez nadie me llamó la atención. Todo el mundo, en todos los sitios, respetaron el momento, toda la gente con quien me topé lo tomó como lo que es: algo totalmente natural. De hecho, la gente sonreía. Porque es una bonita imagen. Al igual que lo es darle el biberón a un bebé. Nadie se rasga las vestiduras por darle el biberón. Pues lo mismo para el pecho.

Que una madre no se exhibe cuando lo hace, no entiendo las pegas que se le pueden ver a un acto totalmente natural y bonito como ese.

Ahora me entero que hay una especie de movimiento contra la lactancia materna en público. Vamos, como si las madres saliéramos a propósito a la calle para dar de mamar. Pues no, pero cuando toca alimentar a nuestros hijos, lo hacemos. Sin histerismos, sin historias, sin alharacas, sin llamar la atención. Tan natural como es.

Supongo que habrá gente que diga que hay otro tipo de actividades físicas que son naturales y necesarias y no se hacen en público. Y sí, es así. Pero no es comparable, al menos en mi opinión.

Como siempre, me ha quedado todo muy deslabazado, pero es que es irritante leer que el hecho de dar el pecho a un bebé en público hace que aumente el número de violaciones (???????) o que se compare a ser una exhibicionista.

Pues no. Y si volviera a tener un hijo, volvería a darle el pecho. Y si mi bebé tiene hambre, le alimento.


Erotismo sangriento, de Dylan Jones


El título puede dar lugar a equívocos. No es una novela erótica ni pornográfica ni sexual. Es la historia de un asesino en serie.

Acabo de terminar la lectura hace como dos minutos y sinceramente, no sé qué decirte, porque si intento contarte algo de la historia, puedo romper su encanto. Así que me limitaré a decirte que la he disfrutado mucho. De hecho, después de publicar esta entrada, empezaré a buscar otros títulos del autor.

Un asesino en serie, mata mujeres de una forma especialmente brutal y dolorosa. Todas las mujeres se parecen entre sí, hasta que de repente cambia por completo todo, no sólo ataca a una mujer físicamente opuesta a las anteriores, sino que lo hace delante de su pareja, un hombre al que después deja vivir. El trauma debido a lo que tuvo que ver, oír y soportar, hacen que a pesar de haber salido con vida, sea una víctima más.

La caza se ha reanudado y la policía necesita más pistas, ayuda. Así que envían a una psiquiatra a tratar de hablar con el superviviente para arrancarle un dato, algo que aún no haya dicho, algo más que pueda recordar de esa noche.

Y no te cuento más. Sólo decirte que la historia sigue a dos personajes: la psiquiatra y el asesino.

Me ha gustado mucho. Así que te lo recomiendo.

lunes, 1 de agosto de 2016

Viaje a Sils María, 2014







Este es un ejemplo perfecto de película francesa / coñazo. Una actriz que viaja con su asistente para recoger un premio que le dan a un amigo, se entera de la muerte de este en medio del viaje. Le proponen hacer una versión de un éxito de sus inicios, cuyo papel era de una joven que seducía a una mujer de mediana edad y la llevaba al suicidio, sólo que esta vez haría el papel de mujer de mediana edad.

Pues bien, toooooda la película dándole vueltas al significado de la obra, todas las conversaciones en plan analizar a unos a otros y lo que dicen los de más allá. Un rollazo de padre y señor mío.

¿Quiero decir con esto que la película es mala? No. Para nada. Es una película que no casa conmigo, que lo que quiero es pasar un rato divertido, o evadirme, o lloriquear, o reír... pero no filosofar o seguir pensamientos profundos sobre un gesto o una frase cualquiera.

Para mí, lo mejor de la película, la serpiente de nubes, con música de Bach de fondo. Porque me encantan las nubes y la música de Bach.

Pues eso, que ni siquiera me dio sueño, y eso que son las seis menos cinco de la mañana.