miércoles, 22 de julio de 2015

La aldea, para Isi



Aparte de contestarte por el método tradicional, aquí va una entrada para ti, aunque ya sabes que mis entradas suelen ser bastante caóticas y a ver de qué acabo hablando (escribiendo).

Cuando yo era pequeña, poco más que un bebé, me puse enferma. Tan enferma que se me dio por muerta. Por suerte o por desgracia, me cogió a tiempo un médico que dio con lo que tenía y me curó.

Como resultado, quedé bastante escuchimizada. Sí, lo sé, cualquiera lo diría al verme ahora, pero fue así. Quedé en el pellejito y además desganada. Así que se decidió que para mejorar mi salud, lo mejor era que pasara un mes en la aldea, en casa de mis tíos. Y así fue, me pasaba un mes del verano allí.

En esa época los niños podíamos ir casi a cualquier parte y a cualquier hora sin temor a nada ni a nadie. El día empezaba con un tazón (de loza o de barro) lleno de leche caliente y de trozos de pan de mollete, normalmente del día anterior. Sin cacaos ni historias. Los adultos añadían un chorro de café y punto.

Después salíamos a la eira, un trozo de campo que está delante de las casas de las aldeas. En la de mis tíos, las casas están como en una fila, con lo que la eira es común a todos. A un lado, las casas y al otro, los hórreos y los corrales con las gallinas, los conejos y por entonces, los bueyes y las vacas. Allí nos juntábamos los niños de las casas. Hacíamos comiditas con barro, estudiábamos las costumbres de las hormigas, deshojábamos flores o las abríamos para ver qué tenían por dentro, jugábamos al pilla-pilla o a los bandidos... todas esas cosas que se solían hacer por entonces.

Era una época en que los niños podíamos ir a cualquier sitio cualquier hora, sin peligro ni miedo. El único espacio vedado para nosotros era el monte, pero ya ni intentábamos ir, porque estábamos asustados con las historias de la Santa Compaña, las meigas, los aparecidos y demás cosas que nos decían que habitaban el monte y que estaban al acecho de cualquier niño que pasara por allí sin compañía.

Lo más divertido era cuando había palleiros. Nos subíamos a lo más alto, utilizando las escaleras de los hórreos y nos dejábamos deslizar por la paja, hasta llegar al suelo. Por supuesto, eso hacía que los palleiros (pajares) no duraran nada, así que acabábamos en lugar de deslizándonos, dejándonos caer desde lo alto al montón de paja.

Confieso que si hoy en día viera a mi hijo hacer lo que hacía yo, me daría un patatús de los grandes. Qué inconscientes éramos... pero qué bien nos lo pasábamos.

Curiosamente lo peor que te podía ocurrir es que no pudieras dormir porque acababas llena de minúsculas pajitas que se te clavaban en la ropa y la piel y cubierta por el polvo de la hierba seca.

Sólo entrábamos en casa para comer y después por la noche, para dormir. Cuando empezaba a caer la tarde, las madres o abuelas se asomaban por las ventanas o en las puertas y gritaban el nombre del niño o la niña en cuestión, que salía corriendo hacia la casa.

Era la hora de la única tarea doméstica que tenía. A eso de las diez de la noche o así, mi tía me daba un cantarillo de medio litro, metálico y me tenía que ir a casa de la señora Emilia, que quedaba cruzando la eira, un poco más allá de los corrales. Y allí iba yo con mi cantarillo en la mano. Era la hora de ordeñar las vacas. Si coincidía que todavía no habían acabado, la señora Emilia me daba un vaso de leche, ordeñada directamente de las ubres al vaso. Tibia aún. Lo más rico que he bebido en mi vida. Ya sé, ya sé, deberían hervirla antes y todo eso, pero te aseguro que en todos los años que fui, nunca me hizo daño ese vaso de leche.

De vuelta en casa de mis tíos, mi tía vaciaba la leche en un hervidor, verde, con una tapa con agujeros todo alrededor. Ponía la leche a hervir sobre la cocina de hierro y allí quedaba hasta que se agotaba.

Normalmente se hacía una gruesa capa de nata en la superficie. Mi madre siempre me dice que es lo más rico del mundo, la nata esa sobre un trozo de pan. Yo no llegué a probarlo, soy muy tiquismiquis y me daba "cosa".

Después de la cena, a dormir y vuelta a empezar al día siguiente.

Recuerdo también a Bobby, el perro de mis tíos. Vivió varias generaciones de niños. El pobre se dejaba hacer de todo: le acariciaban, le tiraban de las orejas, se montaban encima de él.... y ni rechistaba ni escapaba.

A mí me tenía bien calada. A la hora del desayuno, de la comida y de la cena, se metía bajo la mesa, pegadito a mí y ponía esa expresión que sólo saben poner los perros, esa mirada de "pobre de mí" que yo no podía resistir... y siempre acababa repartiendo la comida con él, cuando mis tíos no miraban, claro.

Cuando tenía nueve años, nació mi hermano pequeño y se casó mi hermana. Ambas cosas en un lapso de quince días. Así que me tocó echar una mano con el bebé y eso significó el fin de mis veranos en la aldea, en casa de mis tíos. A partir de entonces sólo íbamos de visita algún que otro domingo. Llegábamos a media mañana y nos íbamos poco después de comer, lo que significaba que entre que los demás niños iban a misa y que la comida de los domingos era en plan "toda la familia junta" y por tanto, más larga, no podía jugar con nadie. No era lo mismo.

De la época de mis veranos allí también recuerdo las noches de alambique. Entre todos los vecinos de la aldea se había comprado un  alambique para hacer la caña (aguardiente) con el bagazo (pieles y desechos de las uvas tras la vendimia). El bagazo se guardaba en recipientes herméticos, bien apretado para que no cogiera aire y se estropeara, y cuando tocaba el turno de tener el alambique, se sacaba y se destilaba para obtener el aguardiente. Era una tarea larga, estar fuera de la casa (aunque bajo techo, en un soportal de la parte de atrás), echando leña al fuego y controlando la graduación del aguardiente. Así durante toda la noche. Podría ser tedioso si no fuera por los vecinos.

Yo solía sentarme en un taburete bajo, en una esquina oscura, viendo a mi tío y a los vecinos sentados alrededor del fuego, charlando, todos con las boinas puestas y medio inclinados hacia adelante. Me gustaría saber pintar para poder plasmar ese recuerdo. Los cigarrillos, la mayoría liados a mano o los típicos Celtas sin filtro. La conversación que iba subiendo de tono a medida que pasaban las horas. No por los temas que se trataban, no, sino por el lenguaje que utilizaban. Al hablar de las lindes, de las cosechas,de si fulanito cogió nosequé o menganito no tenía derecho a nosecuánto, se iban calentando los ánimos y los tacos hacían su aparición.

Como yo estaba en plan ratoncito, quieta y callada, se olvidaban de que estaba allí y se dejaban llevar. Yo apenas entendía de qué hablaban, porque ni sabía nada de lindes ni de posesiones ni de dueños o de arrendatarios, pero me gustaba el ambiente que había, era como algo constante, algo permanente, no sé cómo explicarlo, era algo que me daba seguridad, algo que se repetía año a año y noche a noche, cada vez en un hogar distinto. Una sensación de continuidad. No sé decirlo de otra forma.

Lamentablemente quien no se olvidaba de mí era mi tía. Cuando me parecía que llegaba lo más interesante, se abría la puerta de atrás, aparecía un rectángulo de luz en el suelo seguido de su silueta y me llamaba para que entrara. Y se acababa la diversión nocturna. Por la mañana ya estaba todo recogido y no quedaba huella del trabajo de la noche.

Pasaron los años, bastantes y mis padres compraron la que había sido la casa de mis tatarabuelos. Se rehizo toda por dentro y se cambió el techo. Abajo, donde antes estaban la cocina y las cortes (las cortes se llama al lugar donde duerme el ganado),  Ahora está la cocina, un enorme salón y el cuarto de la caldera. Bueno, el caso es que se reconstruyó la casa, manteniendo las paredes exteriores de piedra y los muros tanto del patio trasero como del patio delantero.

Desde entonces, los viernes mis padres se van para la aldea a pasar el fin de semana. Con el tiempo, se echó cemento en el patio de atrás, dejando una franja de tierra para plantar el limonero y algunas flores. Allí se pusieron un par de canastas y una barbacoa en plan chimenea, para poder hacer el churrasco haga buen tiempo o llueva. En el otro patio se dejó la hierba. Es donde están plantadas las vides y donde comemos y cenamos en verano, sacamos una mesa fuera y al fresquito a disfrutar de la comida y la sobremesa con toda la pachorra del mundo. En verano si van los niños (que ahora no son ya mis sobrinos sino sus hijos, mis sobrino-nietos y por tanto, los bisnietos de mis padres), se pone una piscina hinchable. Los columpios se pusieron hace ya algunos años. Los nanos se lo pasan genial.

No tanto como cuando yo era pequeña, claro. Ahora hay carreteras por todas partes y no es tan seguro ir por ahí sin más, hay más peligros, más "gente mala", pero no deja de ser un cambio para un niño de ciudad.

Además, los vecinos siguen siendo igual para los niños. Da igual si están peleados con los padres o no, un niño siempre es bienvenido en cualquier casa de la aldea. Y siempre se le dará un bocado de algo, sea una fruta, un bocadillo, un dulce...

Ahora disfrutamos la aldea de una forma distinta. Antes era un lugar de acción, para jugar, para investigar, para crecer. Ahora es un lugar para relajarse y disfrutar. Sé que suena tonto, pero un vaso de sidra fresca, al atardecer, sentada bajo la viña, sin presiones ni prisas, es todo un lujo.

Es el punto de reunión cuando nos juntamos gran parte de la familia, por alguna celebración especial. Ponemos caballetes y tablones, los cubrimos con manteles y plásticos y nos podemos acomodar todos sin problema.

Lo cual me recuerda las celebraciones de los vecinos, cuando yo era pequeña. Se ponían de acuerdo y un día, en la eira se montaba una especie de comida comunal. Cada uno ponía una cosa, aportaba algo, los hombres montaban las mesas y acarreaban las sillas y las cosas pesadas. Las mujeres preparaban comida, platos, vasos y cubiertos. Y los niños andábamos por medio, a ver si sacábamos algo. Eran reuniones con muchas risas y canciones populares, con bromas y algún que otro pique, que solían durar hasta bien entrada la noche.

Bueno, pues aquí lo dejo, mal contado, deslabazado y con saltos temporales, pero así ha salido y así se publicará.

Gracias Isi :)

Resident evil, 2002





Ahora mismo no recuerdo si vimos la película por hablar del juego o si fue al revés. El caso es que volvimos a verla. Como hacía una porrada de tiempo que la había visto, sólo recordaba lo de la malla que hacía pedacitos a la gente y poco más. Así que para mí fue casi como verla de nuevo.

Lo de tener memoria de pez tiene sus cosas buenas, ya ves.

Es una película divertida, con momentos en que te dan ganas de darle a alguien con algo en la cabeza por lo idiotas que parecen ser, pero bueno, si no lo fueran, no habría película, así que toca hacer la vista gorda y seguir viendo.

Palomitas, refresco y una tarde entretenida. No será la película de tu vida, pero habrás pasado un rato divertido viendo zombies y un bicho raro que no recuerdo cómo se llama. Y sin estar muy seguro de quién es el malo o qué ha pasado. Por lo menos hasta casi el final.

He puesto una imagen de Michelle Rodríguez. Me fascina esta mujer. Siempre suele hacer el mismo tipo de papeles y sólo la he visto sonreír en una película, una vez. Y aún así, parecía estar de una tremenda mala leche, si me permites la expresión. Pero no deja de tener su encanto, a pesar de que la ves capaz de morder una viga de acero y escupir clavos.


Línea mortal, 1990








Pues sí, un puñadito de actores conocidos recién salidos del colegio, como quien dice. Kiefer Sutherland, Oliver Platt, Julia Roberts, Kevin Bacon y uno de los clones Baldwin.

Todos ellos estudiantes aplicados de medicina. El cabecilla decide que es una buena idea morirse y resucitar para así saber qué hay más allá. Así que planean que se muera y esté muertecito un minutillo de nada y después resucitarlo y que cuente su experiencia. Y así sucede, el experimento es todo un éxito.

El chico no cuenta gran cosa. Y el resto empieza a pensar que también quieren "morir" la experiencia y pellizcar un trocito de fama, porque claro, lo de resucitar no lo hace cualquiera. Se van picando a ver quién aguanta muerto más tiempo (sí, dicho así parece un chiste) y van pasando uno a uno por la camilla de revivir.

Lo que el primer muchacho no ha dicho es que de la muerte te traes alguna cosilla mala que te puede hacer daño. Eso lo van descubriendo los que hacen la prueba. Hasta que en un momento dado, como suele decir el tópico, los acontecimientos se desbordan.

Dicho esto, no te la recomiendo en absoluto. En primer lugar porque es una absurdez. En segundo lugar por la manía de ambientar todo en atmósferas oscuras en un estéril intento de dar un punto de atmósfera de temor, o fúnebre o gótica o qué sé yo.

Por otra parte, da la impresión de que resucitar a muertos recientes es un jueguecito sin apenas importancia, un par de inyecciones, un poco de reanimación cardiopulmonar y listo de papeles, ya estás vivito y coleando.

Ni triunfa la idea de buscar una respuesta científica al misterio de la muerte (ninguno de ellos hace un informe de su vivencia) ni la idea de querer alcanzar la fama como resucitado (hay que ser bastante memo, creo yo, para arriesgar tu vida por salir en programas de televisión y revistas).

Pues eso, que no me ha gustado ni un poquito. No es de lo peor que he visto en mi vida, pero no se la recomiendo a nadie.

Nell, 1994









Otra película que en mi opinión es altamente recomendable. La historia de Nell, una muchacha que ha crecido con su madre hemipléjica, que no ha tenido contacto con otras personas y ha llevado una vida libre, en el bosque, en el lago, disfrutando de la naturaleza y aprendiendo a temer a los hombres por una circunstancia trágica que vivió su madre.

Cuando la encuentran el dilema es si internarla en un psiquiátrico "por su bien" o dejar que viva su vida a su manera.  Supongo que todos tendemos a pensar que un tipo de vida totalmente distinto al nuestro, es peor. Más o menos ese es el tema de fondo de la película.

Pues hay personajes de la película que opinan así y otros (o más bien otro) que no. Si quieres saber cuál es el destino y el futuro de Nell, tendrás que ver la película, con unas interpretaciones muy buenas, sobre todo la de Jodie Foster.

Elegí esta imagen porque a mí también me gustan mucho los árboles :)


El quinto elemento, 1997









Lo sé, lo típico sería poner una imagen de Mila Jovovich o de Bruce Willis, o ambos. Pero me encanta Gary Oldman, así que ale, foto del malo maloso de la película.

Ya la había visto, y por suerte sólo recordaba que el protagonista era taxista y que había una cantante de ópera que se moría (toma spoiler). Así que casi fue como verla por primera vez.

Momentos de sonrisa como el de "Hola, persona" o "Multipass". Sí, más sonrisas que con los chistes de Bruce Willis.

Así que si no tienes una Lillu (o Lilloo) en tu vida, ponte la película. Y si la tienes, pues la pones también, que seguro que es hasta más divertido.

Creo que dentro de unos años volveré a verla de nuevo. Por eso de las sonrisas y porque es una película muy entretenida. Y con personajes totalmente absurdos-fascinantes-extremos-divertidos.

Totalmente recomendable.

martes, 14 de julio de 2015

The lovely bones, 2009






Es la adaptación cinematográfica de la novela Desde mi cielo, de Alice Sebold. La había leído hace algunos años y la verdad es que guardaba un buen recuerdo de la lectura. Tal vez por eso la película no me haya convencido del todo.

Principios de los años setenta, una época en que los niños y jóvenes creían inocentemente que no les pasaría nada y que podían ir solos a cualquier sitio y a cualquier hora, que estarían a salvo.

Susie es una adolescente como otra cualquiera, aficionada a la fotografía, perteneciente a una familia normal y corriente, con sus cosas buenas y malas. Una tarde de diciembre es engañada por un vecino, que la lleva a un escondite que se ha fabricado y allí la viola y la mata.

Es entonces cuando Susie, que está en un lugar intermedio entre el cielo y la tierra, puede ver cómo se desarrollan los acontecimientos posteriores a su muerte. Cómo reacciona cada miembro de su familia, cómo su asesino elude la justicia. Una parte de ella se resiste a seguir su camino hacia el cielo, quiere mantener una unión con su pasado.

Más o menos esa es la historia, a grandes rasgos. Y esa línea general se mantiene en la película, aunque no me gustó ni de lejos tanto como la novela. Así que mi consejo es que primero veas la película y luego leas el libro (más o menos como suele suceder siempre). Y después me cuentas qué te ha parecido.

De elegir una opción, no dudo en recomendarte la lectura.

domingo, 12 de julio de 2015

Jurasic World, 2015






Hacía tiempo que tenía ganas de verla. Y sí, ofrece exactamente lo que esperas: un parque temático en el que de repente los dinosaurios empiezan a zamparse a los visitantes. Un "malo" que quiere aprovechar la ocasión para sacar partido de ella. Una protagonista hipermaquillada (me pasé toda la película con ganas de cogerla del cuello y darle un buen lavado de cara), con sus tacones corriendo por la selva, por la arena, por la calzada, etc, sin vacilar ni torcerse el tobillo. Un protagonista que es el "macho alfa" de una pequeña manada de velociraptores y va en plan chulo piscinas. Dos niños, el mayor tonto perdido y el pequeño bastante repelentillo, más preocupados por si sus padres se divorcian o si su tía se da un beso con un hombre que del hecho de que les persiguen un montoncito de dinosaurios con apetito.

Y un final feliz, por supuesto. Lamentablemente ningún animal se merendo al pequeño repelente, pero bueno, ya sabemos que los niños siempre se salvan en esta saga.

Muy entretenida, muy exagerada y con algunos fallos enormes, que también forman parte de lo típico de estas películas. Como por ejemplo, que en el depósito de un coche que lleva abandonado dos décadas aún quede gasolina y que la batería funcione como si nada. O que alguien se tire desde una cierta altura a un lago y cuando salga lleve una caja de cerillas completamente seca. Cosillas así, hay algunas, pero lo dicho, también forman parte de este tipo de películas.

Ah, y dan pie a una parte más en el futuro.

El silencio de los corderos, 1991









Después de la enorme decepción que supuso ver el primer episodio y medio de la tercera temporada de Hannibal, para quitarme el regustillo de la mente volví a ver por enésima vez El silencio de los corderos.

No hay mucho que contar de esta película, salvo que me gusta y que supongo que la habrás visto, incluso más de una vez, y si no es así, ya estás tardando, ponte a verla pero ya.

Y si no has leído la novela en que se basa, de Thomas Harris, pues también es una opción más que aceptable para llevar contigo en estas tardes veraniegas.

Los minions, 2015









El pasado miércoles fuimos al cine a ver Los minions. Hacía tiempo que queríamos ver la película, proque nos encantan desde que vimos las dos películas de Gru.

Para ser sincera, fue un poco decepcionante. Me temo que son ideales para ser personajes secundarios y aportar ese punto de simpatía y sonrisa, pero no lo bastante consistentes como para ser personajes centrales de una película.

Tal vez llevaba unas expectativas muy altas, pero así como las películas de Gru las vi varias veces y me siguen gustando, esta creo que no voy a verla una segunda vez.

Eso sí, siguen siendo adorables :)

Emboscada, Nora Roberts



Tal como dije en una entrada anterior, Nora Roberts tiene tres tipos de novela. Esta es un claro ejemplo del segundo tipo: hay un asesino en serie convicto y otro asesino que es su pupilo y sigue sus instrucciones para rematar su "obra".

Cosas interesantes: lo que puedes aprender sobre el adiestramiento de perros, tanto si son para compañía como si son para utilizar en búsquedas de personas. Y lo del asesino, aunque queda un poco desplazado frente a lo de los perros.

La parte romántica es llevadera, sobre todo porque el chico es un borde, así que hay poco romanticismo en el tema.

Una lectura ligera para una tarde en la playa, piscina o sofá.

Tiburón, la presa, 2011










Pues lo que esperas de este tipo de películas: un grupo de estudiantes va a pasar el fin de semana a la casa de una de ellas, cerca de un lago salado. Y a uno de ellos un tiburón le arranca un brazo. Las cosas se complican y se ven metidos entre más y más tiburones y tiburoncitos, que se los van merendando uno a uno.

Esta vez los malos, para variar, no son los escualos, sino un trío de personas con una mente bastante retorcida.

Pues eso, lo más adecuado para ver justo antes de ir a la playa.

Album de bodas, Nora Roberts



Según yo lo veo, Nora Roberts tiene tres tipos de novelas:

- las típicas de chica maravillosa y guapísima conoce a chico maravilloso y guapísimo (y normalmente con montones de dinero), que tras unas páginas pasándolo mal y llevándose peor, se dan cuenta que son uno para otro y entre música de violines, pajaritos volando y arcoiris en el cielo, acaban juntos


- las que tienen una base de novela policial, con incendios, asesinatos, robos y demás, dedicándole sólo un puñado de páginas al romance (son páginas que normalmente se puede una saltar sin perder nada de la historia principal)


- las que tienen un fondo paranormal, en el sentido de magia y leyendas, normalmente irlandesas.

Pues esta me temo que es de la primera clase. La acabé de leer por pura cabezonería, pero ufff, costó. Tanta maravilla y tanta perfección y tanto amor pegajoso me empacha bastante. Eso sí, salté las páginas de revolcones apasionados. No porque no me guste la literatura erótica, que sí, sino porque las expresiones que utilizan me dan ganas de romper algo. Me refiero a cosas como "el centro de su femineidad se vio colmado cuando él por fin se adentró en su interior". Por favor, eso corta cualquier situación. "Cariño, introdúcete ya en el centro de mi femineidad". Pues no.

Eso sí, si te gustan las novelas románticas (a mí me gustan, pero he de estar con el talante adecuado y me saturo enseguida), esta te encantará. Fotógrafa de bodas insegura y que no cree en el amor, dominada por su madre. Profesor de instituto, torpón y romántico, eternamente enarmorado de la fotógrafa. Se mezcla, se deja reposar un par de cientos de páginas y listo.

West of Memphis, documental, 2012













Ver este documental fue algo completamente inesperado, dimos con él casi de rebote y la verdad es que ha sido bastante interesante.

Tres niños de alrededor de ocho años (los de las fotos inferiores), desaparecen una apacible tarde. Se encuentran sus cuerpos al cabo de varias horas, desnudos, atados, torturados y aparentemente con marcas de haber sido víctimas de una secta satánica.

Así que se investiga a los "raros" de la zona, a los que relacionan con ese tipo de intereses y prácticas y acaban deteniendo a tres adolescentes, se les juzga y se les condena. A uno de ellos a pena de muerte.

Pasan los años y hay personas que notan cosas raras en el proceso de investigación y juzgado. Se inicia un movimiento para intentar conseguir un nuevo juicio, más imparcial y que tenga en cuenta los análisis que las nuevas técnicas pueden hacer con las pruebas existentes.

Tras muchos años de lucha, se consigue algo que no es precisamente lo que se buscaba, pero que hace que los tres ya adultos salgan en libertad.

Lo malo es que la persona o las personas culpables quedan en libertad y sin ningún castigo, mientras que ellos han pasado más de la mitad de su vida en prisión.

El documental deja abierta una vía en la que prácticamente se acusa de los asesinatos al padrastro de uno de los niños, una persona violenta y que presuntamente contó a un familiar lo que había hecho a los tres niños (que no fue nada de satanismo, las marcas de los cuerpos fueron producidas por tortugas que vivían en el lugar en que dejaron los cuerpos). Pero sin pruebas sostenibles no se puede hacer nada, aparte de que por la forma en que se soltaron a los tres presuntos culpables, el caso queda cerrado.

La verdad es que la actitud de los tres adolescentes en el juicio no ayudó nada a sostener su inocencia. Además tanto las familias de las víctimas como la sociedad en general necesitaban "tener culpables" para poder seguir adelante con sus vidas de alguna manera.

Pues eso, interesante, porque el documental te va llevando de la mano, paso a paso por todo el proceso y con imágenes reales del caso. Interesante e injusto, por la solución que se encontró y porque el culpable o los culpables se fueron de rositas, como se suele decir.