sábado, 2 de mayo de 2015

Arroz y tartana, 2003








Adaptación de la novela homónima de Blasco Ibáñez. Es una mirada a la sociedad valenciana de 1900 a través de doña Manuela, una mujer rica venida a menos pero que hace lo que sea necesario para mantener las apariencias y cuya mayor preocupación es "casar bien" a sus dos hijas, pareciéndole algo menospreciable el hecho de que su hijo Juan se dedique al comercio.

Va malvendiendo cosas de su casa, firmando pagarés, hipotecando sus posesiones y sin dejar de gastar el dinero casi tan rápido como lo consigue, sin detenerse a pensar en nada, sin regateos y todo por el qué dirán.

Nada de pasear a pie por el parque, sino que tiene que salir con "las niñas" en el coche de caballos, para ver y ser vistas por la gente "bien" y para sentirse mejores que los pobres que van caminando por no poder permitirse el gasto del caballo y el coche.

Juan sin embargo es un muchacho trabajador y que intenta frenar la carrera de gastos de su madre, sin conseguirlo, ya que el amor hacia ella hace que cuando la ve mal o llorosa, deje de recriminarle las cosas.

Se nos muestra el mercado, los distintos oficios que había por entonces, la pobreza de algunos campesinos, timos y demás. Personajes de todos los estratos sociales, las relaciones a veces hipócritas entre sus miembros, todo queda plasmado en esta historia.

No sé si es muy fiel a la novela, porque no la he leído. Un título más para lecturas pendientes.

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