miércoles, 15 de abril de 2015

A ciegas, Josh Malerman



No recuerdo dónde leí la reseña de esta novela, sólo sé que desde ese momento quise leerla. Hasta el punto de empezar a leer en inglés, para que te hagas una idea :)

Afortunadamente llegó a mi lector la versión traducida, así que pude leerlo más cómodamente y con mayor rapidez, de hecho me duró un día (inciso para señalar que son sólo 220 páginas).

La protagonista cuenta a través de sus recuerdos, cómo llegó a la situación en la que se encuentra, al tiempo que la acompañamos en un viaje agobiante, lleno de tensión y de sonidos.

Porque el quid de la cuestión es que no puede ver. Ha de tener los ojos vendados o cerrados o corre el peligro de acabar como la mayoría de la población mundial: asesinando a los que tiene más cerca y posteriormente suicidándose.

Pues sí, tal como suena. De repente, en el mundo conocido aparece algo cuya visión trastorna a la gente y todos reaccionan violentamente. La única forma de sobrevivir es a ciegas. Lo malo es que "ahí afuera" no sólo está lo que no se puede ver (que no hace daño por sí mismo, sólo el verlo), sino que poco a poco la naturaleza va ganando terreno al ser humano y los animales salvajes (lobos, osos y demás) se convierten en una gran amenaza, ya que al estar privados de la vista, los hombres y mujeres se hacen más vulnerables y más proclives a los accidentes (caídas, golpes, cortes y demás).

Mientras duró la lectura tuve que salir un par de veces a la calle. Me encontré preguntándome cómo haría para moverme por esta zona tan familiar si no pudiera ver. De pronto el recorrido diario que se hace prácticamente sin pensar en él, se convirtió en casi una odisea, viendo la cantidad de riesgos que correría. Me refiero a posibles torceduras, choques con mobiliario urbano, caídas, sitios en que es complicado tener referencias táctiles y que podrían encaminarme en un sentido o una dirección distinta a la deseada...

Hay una cosa que me llamó mucho la atención. Si no has leído el libro, no sigas, hay spoilers.

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Cuando Malorie llega a la casa donde están los demás, dicen que tienen comida en el sótano para unos meses. De hecho hacen hincapié en ello cada vez que llega una persona nueva. Sin embargo, desde que da a luz, pasa cuatro años en la casa, con el niño y la niña y las provisiones no sólo no se agotan (hay un párrafo en el que dice que coge algunas nueces que estaban almacenadas en el sótano) sino que además se permite el lujo de que alguna comida se pudra en la bolsa que tiene permanentemente preparada para cuando se atreva a emprender el viaje (en otro párrafo, Malorie cuenta cómo cambia la comida de la bolsa cuando se estropea). Pues eso, que es extraño que la comida que era para unos meses y que al final se estaba agotando, le haya durado cuatro años. Yo habría pensado que el quedarse sin alimentos sería el acicate que la impulsaría a emprender el viaje y no otra cosa.

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4 comentarios:

therwis dijo...

No he leído la reseña entera, pero ya me han entrado ganas de leerlo. ¡Qué curiosidad!

Margari dijo...

Difícil vivir así... Es un libro que ya tenía fichadito y me dejas aún con más ganitas de leerlo. Eso sí, no he podido evitar leer el spoiler. ¡Qué mala soy! Y desde luego es un buen error el que comete el autor.
Besotes!!!

osheaa dijo...

Más o menos lo que me pasó a mí cuando leí la primera reseña sobre el libro, therwis.

Espero que cuando salga el papelito con el título (del bote de las lecturas pendientes) y te toque leerlo, lo disfrutes.

osheaa dijo...

Margari, yo tampoco puedo evitar leer los spoilers, me puede más la curiosidad :)))


Biquiños y ya me contarás qué te parece cuando lo leas