lunes, 23 de marzo de 2015

Divergente, 2014







Hay quien la compara con Los juegos del hambre, y supongo que hay ciertos paralelismos, sólo que aquí no es lo de matarse entre todos hasta que quede sólo uno.

Un mundo futuro, tras una cruenta guerra, la gente se divide en cinco facciones, según sea su naturaleza: verdad, abnegación, cordialidad, erudición y osadía. A la edad de 16 años a los jóvenes se les somete a una especie de test para saber a qué facción son afines, puede ser a la de sus padres o a otra diferente. Al día siguiente de la prueba, cada joven ha de elegir a que facción quiere ir, sea o no la que salió en su prueba.

Pues la protagonista no sabe qué es o qué elegir. Y cuando le hacen la prueba, en la que ella espera que le aclaren las dudas, va y le dicen que ella es una divergente, que da positivo en todas las facciones y que eso es malo, porque a los divergentes suelen matarles por ser diferentes a los demás. Así que le aconsejan que siga en la facción de abnegación, que es la de su familia. Y va la muchacha y al día siguiente se decanta por osadía. Y ahí empieza el meollo de la cuestión. Resulta que no basta con que elijas, es que tienes que pasar un aprendizaje y unas pruebas para ser aceptado en la facción elegida. Si no te aceptan, te conviertes en un marginado.

Y básicamente esa es la película, con la muchacha intentando esconder que es divergente, enamorándose del guaperas de turno (hay pocas escenas románticas, por fortuna) e intentando no quedar fuera de la facción.

Es entretenida, sobre todo las tres primeras partes de la película, con lo de la prueba, la elección y el entrenamiento. Después lo es, pero menos. Y es curioso, pero a pesar de no ser especialmente notable, me encontré estos últimos días con ganas de volver a verla.

Creo que es la primera de una trilogía. A ver cómo se desarrolla. Basada en la novela de Veronica Roth.


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