miércoles, 1 de octubre de 2014

El cebo, 1958





Leí una entrada del blog de therwis (Los calcetines no tienen glamour). Versaba sobre Lizzie Borden, así que por supuesto se reactivó mi morbosa curiosidad sobre asesinos y asesinatos en serie. Vale, lo sé, ella no fue una asesina en serie, teóricamente sólo mató a dos personas en un lapso de dos horas de tiempo. Y digo teóricamente porque todavía no ha quedado muy claro lo sucedido, aunque por lo que pude ver, todo el mundo da por sentado que fue ella quien lo hizo.

El caso es que llegué a una de esas listas de "Las chorrocientas películas sobre XXXX". En este caso, XXXX era asesinos en serie. Muchas las había visto. Otras no me parecieron atractivas. Y me quedé con dos de la lista: esta y una de Ted Bundy. Para mi decepción, la de Ted Bundy la había visto hace varios años, así que también la descarté.

El cebo trata precisamente de eso: un comisario de policía que utiliza a una niña como cebo para intentar atrapar a un asesino de niñas, a las que conquista con juegos y chocolate y acaba matando con una navaja de afeitar.

Cosas curiosas: se nota la época en que fue rodada, con todos los hombres trajeados y con camisas y chaquetas, repeinados y por supuesto, fumando. Un más que temor reverencial hacia las fuerzas del orden, algunos de cuyos componentes parecen tener la cabeza más bien cuadrada y ser de ideas muy cerradas.

Otra cosa curiosa es el comportamiento de los personajes. Quiero decir, un desconocido se te acerca y te dice que si quieres trabajar en su casa (que está apartada del pueblo) como ama de llaves y llevarte también a tu hija... y tú vas y dices que sí, dejas el empleo que tienes y te vas con el desconocido, a vivir con él en su casa, como si nada.

No puedo contarte mucho más sin desvelar lo que pasa en la historia.

Después de haber visto unos cuantos episodios de Mentes criminales y de Hannibal, es curioso ver cómo el protagonista busca la opinión de un especialista para saber más cosas del asesino, en base a las víctimas, el arma y todo lo demás. Es una época en la que lo último en que se pensaba era en hacer un posible perfil del asesino, se iba más a las pruebas tangibles y que se podían rastrear directamente.

Pues eso, se notan los años y la época, pero muestra una parte un tanto tediosa del trabajo de investigación de la policía.

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