domingo, 17 de agosto de 2014

La silla, David Jasso


He de confesar que lo empecé a leer por el título. No tenía ni idea de la trama ni conocía al autor, no había leído ninguna sinopsis, pero eso de "La silla" me parecía muy atractivo, con muchas posibilidades y despertó mi curiosidad.

Supongo que no habría habido mucha diferencia de haber leído una sinopsis. Porque la historia, a priori, suena interesante.

El núcleo de lo que pasa es el siguiente: un escritor de novelas de terror, casado y con un hijo de once meses, que vive en una casa un tanto aislada, convence a su esposa para que lo ate a una silla y le amordace. Con ello pretende vivir en primera persona lo que va a sufrir una de sus protagonistas. Quiere saber qué siente y qué piensa y todo eso. Pero las cosas se tuercen de forma inesperada y su experimento tendrá consecuencias bastante trágicas.

A partir de aquí, spoilers.

Bien, leyendo lo anterior puede que parezca una historia apetecible. Para mi gusto, no lo ha sido. Me explico:

El libro empieza contándonos cómo se siente una mujer que acaba de enterrar a su único hijo. Su dolor es tal, que va al dormitorio del chico, coge sus zapatillas y las huele intentando atrapar algo de él, aunque sea sólo su olor. Hasta aquí, normal. Lo que ya no me lo parece tanto es que se ponga a lamer y casi masticar las plantillas, con pelusas de polvo incluídas. Entiendo que por el dolor, por el intento de mantener algo de su hijo cerca de ella, se aferre a unas zapatillas, una prenda de ropa o algo así, pero no que llegue casi a comerlo.

La madre descubre después que su hijo no ha muerto accidentalmente, tal como pensaba, sino que se ha suicidado después de leer un relato escrito por el autor de novelas que es el protagonista.

En este punto hay un cambio brusco de tema y se pasa a conocer al escritor. Está medio deprimido porque se ha enamorado de una muchacha que conoció por internet, con la que pasó una noche, pero que le dejó porque no quería romper su matrimonio. Ese tema lo saca una y otra vez, su amor por Yolanda, lo maravilloso que fue, lo mucho que la ama, lo mucho que la echa de menos, que le gustaría tener noticias suyas, pero que tiene que recuperar el sentimiento hacia su esposa... y vuelta a empezar con el ciclo: está enamorado de una muchacha que conoció por internet, etc etc.

Eso ya se hace demasiado pesado de por sí, pero bueno. El caso es que convence a la mujer para que le ate las piernas a las patas de la silla metálica y las manos a la espalda, que le meta un pañuelo en la boca y la tape con un buen trozo de cinta americana.

Y así pasa el tiempo, pensando en su amor perdido, en el amor por su esposa (que quiere recuperar), en la protagonista de su novela (que estaría atada y amordazada como él), etc. Llega un momento en que las molestias ya empiezan a ser grandes, así que intenta llamar la atención de su mujer, que está en la cocina, con el niño. Hace ruidos ininteligibles, hasta que ella le responde, pero su respuesta queda interrumpida por un leve grito. El niño empieza a llorar. El sabe que algo ha pasado, pero no sabe el qué. Pasan los minutos y lo único que escucha es el llanto de su hijo. Algo ha ocurrido, no sabe a cuál de los dos, si a la madre o al hijo.

Tras bastantes páginas en las que nos explica cómo lo consigue, llega renqueando y medio arrastrando la silla hasta la cocina, donde ve que su mujer se ha caído de una banqueta, con tan mala suerte que se golpeó la cabeza contra la encimera y está muerta en el suelo. Su hijo, afortunadamente, está bien.

A partir de aquí empieza lo peor. Es obvio que no puede utilizar las manos, pero se empeña en intentar hacer cosas para las que las necesita. Por ejemplo, quiere llegar al teléfono. Pero ni puede descolgarlo ni en el supuesto caso de que lo consiguiera, no puede ni marcar (a no ser que lo hiciera con la nariz, que es una posibilidad), ni hablar, sólo gruñir. Y si alguien nos llama y gruñe, lo que hacemos es colgar pensando que es una broma de mal gusto.

Tampoco puede abrir la puerta del coche, porque no puede sujetar la manilla. Ni abrir la puerta del garaje, ni la de la entrada.

Una y otra vez, nos cuenta cómo consigue llegar arrastrando centímetro a centímetro la silla, para llegar a los sitios en los que piensa que puede haber una solución a su situación... para encontrarse, una vez allí, con que no puede hacer nada.

A ver, céntrate. Eres consciente de cómo estás, de lo que puedes hacer y lo que no. Pues antes de gastar tus fuerzas en algo inútil, primero piensa en ello. Así me habrías ahorrado unas decenas de páginas dedicadas solamente a cómo colocas los pies para conseguir impulsar la silla (una y otra vez).

Otra cosa es el niño. Un bebé que sólo gatea y se pone en pie si tiene un punto de agarre. El niño a veces es como si estuviera ahí (llora, ríe se acerca a él, se aleja y tal) y otras, es como si no estuviera, como si desapareciera de la historia.

El autor intenta mantenernos en vilo. En mi caso lo que consiguió fue aburrirme hasta el punto de que me daban ganas de ir a la casa del protagonista, pero no para liberarle sino para darle un par de patadas en el trasero. Por idiota. Otra forma en que se intenta mantener un estado de ansiedad, es que a la casa y sus alrededores llega gente. Un mensajero que deja una carta, una pareja de novios, y oh, sorpresa, la tal Yolanda, el amor de su vida, que va hasta allí para ver de lejos dónde está su amado. Todas y cada una de las personas, se vuelven por donde han venido sin percatarse de que dentro se masca una tragedia.

Bueno, el caso es que al final la hermana del escritor acude en su rescate porque tiene "una sensación", le llama y al no tener respuesta, se preocupa.

Resultado: amputación de ambas piernas, de una mano, insensibilidad en la otra, ceguera parcial del niño y muerte de la esposa. Ah, y fin del enamoramiento. Porque en un momento de la historia, él se convence de que va a morir y se dice "no quiero morir con este sentimiento que no tiene futuro" y ale, inmediatamente, se desenamora.

Hay también un supuesto fenómeno paranormal, cuando el cadáver de la esposa evita que él mate al niño (por compasión). Una estupidez.

Para remate, después de que nos cuenta cómo está él, cómo está el niño y tal, como fin de la historia, aparece la madre del principio, que va a la casa del escritor para vengarse, ya que uno de sus relatos fue el que propició el suicidio de su hijo. Y se encuentra con que la casa está en venta. Así que tiene que posponer temporalmente sus planes de venganza.

¿A santo de qué está la historia de esa mujer y su hijo suicida? No pintan nada ni aportan nada a lo que sucede después. Y como dije antes, el comportamiento de la mujer no tiene sentido alguno.

La historia en sí, es repetitiva, cansina, tediosa, lenta... lo dicho, que dan ganas de ir y darle un par de tortas al protagonista para que espabile un poco.

Un horror. Y muestra de ello es lo larga que me ha quedado la entrada. Normalmente no suelo hablar mucho de las cosas que me gustan, más que nada para que quien después lo vea, lo lea o lo escuche, pueda disfrutarlo sin saber lo que va a pasar. Pero en este caso, me ha parecido una novela tan horrenda, que no me ha importado destriparla por completo.

La idea, buena. El desarrollo, decepcionante.


2 comentarios:

Margari dijo...

Un poco absurdo todo... Ni la conocía pero voy a recordar este título, pero para no verla...
Besotes!!!

osheaa dijo...

Con la de cosas que hay para leer, haces bien en obviarla

Biquiños