domingo, 31 de agosto de 2014

Nickelback



Mi cultura musical es muy muy limitada. Ni siquiera soy conocedora de los grupos o éxitos comerciales, me he quedado más bien anclada en parte de los ochenta, allá por mi tierna juventud.

No obstante, he tenido la suerte de cruzarme con personas que han abierto mi perspectiva musical.

Y bueno, he encontrado cosas sorprendentes. Por ejemplo, el grupo que cito en el título de esta entrada Nickelback. Yo conocía de este grupo baladas, como Far away, que creo es una de las más conocidas.

Así que entenderás mi sorpresa cuando me pusieron algunos temas de la primera época de Nickelback, antes de "suavizarse". Como muestra, te dejo un cover que hicieron de un tema de Metallica, Sad but true.

¿A que el cambio es increíble? No sólo en el estilo sino en la voz.

Ahora tú decides con qué etapa te quedas o si no, en caso de duda ya sabes, las dos.


El coleccionista, Paul Cleave



Hace muchos años, allá por el siglo pasado, vi una película titulada "El coleccionista". El argumento era que un joven ganador de la lotería secuestraba a una muchacha que le gustaba, con la esperanza de que al conocerle, ella acabara amándole.

Así que cuando me topé con una novela titulada "El coleccionista", supuse, erróneamente, que tenía algo que ver con la película.

Pues no, no es así.

De todos modos, fue una afortunada casualidad, ya que la novela me ha gustado bastante. Más que nada por los giros de guión. Se supone que el lector sabe todo lo que ocurre, lo que hacen y piensan todos los personajes, pero está narrado de tal forma que la realidad a veces no coincide con lo que nos dan a entender. Es decir, sacamos conclusiones erróneas. Y eso hace que la historia sea más interesante.

Curiosamente, otra de las particularidades de la novela es que ninguno de los personajes me ha sido especialmente simpático (ni antipático). Es raro que disfrute la lectura de personajes con los que no empatizo, pero esta es una de esas veces.

No voy a contarte nada de la historia, sólo que se basa en eso, en que hay una persona a quien le gusta coleccionar algo muy especial y específico.

Los buenos no son buenos del todo y los malos tampoco lo son por completo. El final... no sé si es un final feliz o no. Pero lo que sí puedo asegurar es que no es un final "color de rosa". De hecho hay poco "de rosa" en la historia que leemos.

Así que ahora toca publicar esta entrada y buscar bibliografía del autor, para más adelante.

Te lo recomiendo, échale un vistazo.

viernes, 29 de agosto de 2014

Dos historias para no dormir, Stephen King



No, no, tranquilidad, calma y sosiego, que después de leerlas se puede dormir tan ricamente y sin pesadillas ni nada de eso. Es un título un tanto exagerado, nada más.

Pues eso, dos historias que personalmente creo que no son lo mejor del autor. La primera ya la conocía, la había leído en una recopilación de relatos cortos. La segunda no la conocía pero creo que no me hubiera perdido nada de seguir así.

La balsa.- dos parejas de estudiantes universitarios, en plena medio-borrachera, deciden, en octubre, justo antes de las primeras nevadas, darse un baño en un lago en el que hay una de esas plataformas en medio. Pues allá van. Hay una mancha redonda en la superficie del auga, que parece de aceite pero no, es un ente que lo que quiere es merendárselos uno a uno. Y ahí quedan atrapados, en ropa interior, empapados después de haber llegado a nado y sin que nadie sepa dónde están.

Nona- supongo que con este relato el autor quiso hacernos dudar de si Nona, la mujer rata, ha existido o simplemente ha sido producto de la imaginación del protagonista del relato. No me gustó, la verdad, es aburrido, soso, muy lineal y el final que se supone que debe ser sorprendente, pues no lo es en absoluto.

Como he repetido muchas veces, los relatos cortos no suelen gustarme (la excepción son los de Rosamunde Pilcher), y esta lectura es un argumento más para evitarlos.

Este autor tiene muchas otras novelas publicadas que le dan chorrocientas vueltas a este.

jueves, 28 de agosto de 2014

Septiembre, Rosamunde Pilcher



Durante mi infancia y mi adolescencia (de hecho, hasta el momento en que ella se casó), tuve una "muy mejor amiga". Tanto ella como yo preferíamos pasarnos los fines de semana en su casa o en la mía, leyendo tranquilamente en lugar de salir por ahí.

Como resultado de años de lectura conjunta, ambas conocíamos los gustos de la otra. Y también nos pasábamos todo cuanto libro cayera en nuestras manos. Como por entonces lo de internet aún no estaba extendido (ni se oía hablar de ello) y las descargas aún menos, había veces en que no teníamos material nuevo que llevarnos a las manos, y era entonces cuando rebuscábamos por todas partes, algo para prestarnos mutuamente.

Uno de esos días en que yo fui a su casa, me dio una bolsa con varios libros dentro. Y me hizo la reseña verbal de cada uno de ellos. Recuerdo que uno era Un lugar llamado libertad, de Ken Follett, que le había gustado. Otro era American Psycho, que no le gustó pero me lo pasó igual porque en época de escasez todo agujero es trinchera, por así decirlo. Y había más, pero sólo recuerdo esos... y Septiembre.

Recuerdo que me dijo que no le gustó nada de nada, que era un rollo pero que me lo prestaba igual que el de American Psycho, por si me quedaba sin nada más que leer. Y estuve a punto de dejar los dos en su casa, porque hasta el momento, siempre habíamos coincidido en cuanto a gustos (y te hablo de años y años de lectura). Pero lo dicho, los llevé también "por si acaso".

Como es natural, los dejé para el final. Acertó con American Psycho. Me pareció simplemente un listado de marcas: la marca de cada prenda de ropa que usa el protagonista, que usan sus amigos y compañeros, la marca de cremas, colonias, lociones y demás que se pone cada uno, la marca de comida, bebida, etc que consumen... y por el medio, como de refilón, un par de asesinatos.

Después, con el tiempo, le llegó el turno a Septiembre. Y me encantó. De hecho, me puse a buscar más novelas de la autora. Que me siguieron encantando.

¿Por qué me gusta Septiembre? Porque todo es "normal". Bueno, normal si eres escocés o inglés, claro. El ambiente es familiar, acogedor, los personajes son cercanos, muy humanos. La autora consigue que sintamos que estamos allí, sea en un jardín de la casa solariega familiar o en la cumbre de una colina adornada de brezo y con la fina lluvia golpeándonos la cara. Es como si el lector se convirtiera en un personaje más, como si estuvieras en esas cocinas, en esos salones, bailando danzas escocesas agotadoras, arreglando el jardín o llegando a casa del trabajo, sin más deseo que sentarte con los pies en alto y disfrutar de un rato de descanso.

Los problemas de los protagonistas son totalmente mundanos: una madre preocupada por los gastos escolares, otra madre que no quiere enviar a su hijo a un internado, un joven que no quiere comprometerse pero que no quiere perder a su pareja, una abuela que es depositaria de confidencias pero que no puede intervenir en nada, una criada que con el tiempo se ha vuelto amiga con quien desahogarse, un hombre de negocios frío que cree saber siempre lo que es correcto y lo que no, un herido de guerra con pesadillas que le amargan la vida... No hay un protagonista y después secundarios, sino que cada cual tiene su vida y sus problemas, algunos entrelazados con otros y otros independientes.

Releer Septiembre ha sido una experiencia estupenda. A pesar de saber ya cómo acaba cada historia, fue casi como leerla por primera vez. Otra vez volví a ver las cosas a través de la serenidad de Vi. A sentir la frustración de Virginia. Las pesadillas de Archie. El cansancio y la preocupación de Isobel. El viaje casi sin rumbo de Lucilla y Jeff. La energía agotadora de Pandora. La dulzura y timidez de Alexa. La sorpresa de Noel cuando se encuentra con justo lo contrario de lo que siempre le ha gustado. La lógica fría de Edmund. El lloriqueo de Henry. La calidez de los paquistaníes. La locura de Lottie. Los silbidos del cartero. Las peticiones de Verena.

Muchas cosas.

No hay viajes en el tiempo, ni romances, ni asesinatos (lo más parecido es la caza), ni espías, ni grandes hechos históricos.

Hay recuerdos del pasado, hay cariño (de todas clases), hay algo de amor, hay caza, hay gente un poco entrometida y hay hitos familiares. Lo dicho, cosas normales.

A veces, cuando algo me gusta mucho o me llega mucho, no soy capaz de reflejarlo con palabras, queda todo como muy ñoño o incluso pegajoso. Y seguramente si tú lees Septiembre, te parezca una novela más, normal y corriente. Para mí no lo es, como no lo son muchas otras de esta autora. Porque en cierto modo, son lo que yo llamo libros-pomadita. Te sientan bien. Me sientan bien. Puede que a ti no. Pero para mí son algo especial.

También es cierto que hasta hace un par de años, el mes de septiembre para mí era especial. Porque por algún motivo cósmico o mitológico o fatalista, siempre solían pasarme cosas buenas ese mes. Era un mes feliz, por así decirlo. Y siempre esperaba su llegada, con ilusión. Así que el título también ayuda.

Bueno, que no me lío más. Que si aún no has leído nada de Rosamunde Pilcher y te pica la curiosidad, te recomiendo Los buscadores de conchas, Septiembre, El regreso y sus dos libros de relatos cortos (sí, ya sé, no me gustan nada los relatos cortos, pero los suyos sí): Alcoba azul y otros relatos y Flores bajo la lluvia y otros relatos.

Ahora tú decides.

martes, 26 de agosto de 2014

The lunchbox, 2013






Mi primera película india. La verdad es que no supe que era india hasta que empecé a verla. Gente por todas partes, autobuses y trenes atestados. Hombres en bicicleta y caminando, cargando con docenas de bolsas y paquetes.

Pero me cautivó el primer diálogo entre la protagonista y su tía, que vive en el piso de arriba. Hablan a través de la ventana de la cocina y se envían cosas utilizando una cesta que cuelgan por el patio. La tía (que nunca llega a verse en toda la película), aconseja a la chica sobre temas culinarios. Porque ella, Ila, trata de captar la atención de su marido a través de la comida que le envía en una fiambrera, mediante una empresa de reparto especializada en ello.

Para su sorpresa, su marido llega por la noche y no hace ningún comentario sobre la comida. No tarda mucho en darse cuenta de que ha habido un error en la entrega y la comida ha llegado a otra persona.

Así, al día siguiente con la comida envía una nota diciendo algo así como "usted se ha comido la comida que preparé para mi marido"... y así empieza una especie de relación epistolar, con notas en la fiambrera.

Con el paso de los días, esas notas se van haciendo más personales y van influyendo en la vida de cada uno de los dos. El parece revivir, rejuvenecer y su carácter se suaviza. Ella tiene alguien que le hace caso y se interesa por ella, en lugar de un marido ausente (esté o no en casa).








Por una parte tiene el toque de humor de los diálogos con la tía. Tiene la tristeza de perder el amor del marido, de su indiferencia. Y es una muestra de lo mucho que una casualidad, un error, una nimiedad, pueden influír en nuestras vidas, llegando incluso a cambiarlas por completo.

Y sí, en la India hay mucho problema de espacio, por lo que se ve en esta película. Se aprovecha cada rinconcito de todo. Al principio agobia un poco, la verdad.

Me ha parecido interesante, me ha gustado. Incluso el final.

Area 81, Stephen King



Es o bien un relato largo o una novela muy corta. De hecho me dio la impresión de que iba a ser una novela larga, pero por el medio se aceleró y se precipitaron los acontecimientos. Es la única pega que le encuentro, la verdad.

Pete Simmons es un niño demasiado pequeño para ir con su hermano y sus amigos a hacer heroicidades en bicicleta, tales como tirarse por terraplenes y aterrizar en la gravilla. Así que una tarde en que está solo, decide aventurarse dentro del Area 81, un área de descanso de la autopista que se cerró hace varios años y que ahora es utilizada por "los chicos mayores de verdad" para reunirse, jugar a las cartas, llevar a chicas, emborracharse, etc.

Esta es la parte que me dio la impresión de que iba a ser una novela larga. Stephen King se para en detalles para hacer más real el sitio, para que sepamos cómo se siente Pete, para que entendamos los motivos que le llevan a hacer lo que hace.

Así, el chico entra por una abertura de la valla, encuentra una botella medio vacía de vodka y después de tres tragos, se siente agradablemente borracho, con lo que se echa en un viejo y sucio colchón a dormir la mona.

Mientras duerme, un coche embarrado entra en el área y se para, abriéndose levemente una de las puertas delanteras.

El tráfico sigue circulando por la autopista. La mayor parte de los conductores ni se fijan, pero hay uno que sí, que ve ese coche parado ahí, como si le pasara algo a alguien. Así que se detiene para ayudar, y lo que le ocurre al conductor es que acaba siendo devorado por el coche, literalmente. Por buen samaritano.

Al rato se detiene una mujer que lleva el coche y un remolque con una yegua en él. Ha visto los dos coches y piensa que algo ha ocurrido y que alguien necesita ayuda. Le ocurre lo mismo, acaba zampada por el coche.

Finalmente se detiene un coche familiar, un matrimonio con dos hijos. El matrimonio acaba siendo zampado y los niños, con esa aceptación de lo imposible, se dan cuenta de lo que ocurre y se mantienen lejos del coche. La niña, que es la mayor, llama a la policía y dice que a sus padres les ha comido un coche. Imagínate la reacción de la telefonista.

Así que la niña toma a su hermanito de la mano y se echa a caminar por el arcén. Eso hace que envíen a una patrulla a recogerlos antes de que acaben siendo atropellados. El policía va con ellos hasta el sitio donde ahora ya hay tres coches y otro con remolque. La niña advierte al policía que no toque el coche embarrado, el policía le sonríe con ese aire de superioridad que ponemos al oír las fantasías infantiles... y el coche se lo zampa.

Y no te voy a contar más o si no, no lo leerás. No te voy a decir qué pinta Pete en todo esto, qué pasa con el coche, con los niños... tendrás que leerlo. No te llevará tiempo, es cortito. Y ameno.

No hay dos sin tres, 2014










No puedo quejarme. Me puse a verla sabiendo lo que me iba a encontrar. Así que no protestaré (más).

Un matrimonio. El marido tiene una amante. La amante no sabe que él está casado. La mujer y la amante se conocen por casualidad (cuando la amante va a su casa en plan sexy esperando que esté él y está ella). Crisis, llantos y aceptación de la situación. La amante deja la relación, sin decirle a él ni una palabra.

Las dos se hacen amigas. La esposa es la típica ama de casa perfecta, siempre cuidando la alimentación, el hogar, la ropa, firmando todo lo que él le pone delante sin leerlo, confiada y feliz. La amante es una mujer de negocios, triunfadora, elegante, pragmática. Entre las dos hacen la mujer perfecta.

Pero se enteran de que hay una tercera. Así que la conocen, la ponen al día y entre las tres deciden darle una lección al marido.

Pues eso, situaciones que teóricamente son graciosas pero personalmente me parecieron estupideces. No me resultó divertida, ni entretenida, ni interesante, ni...

Pero como he dicho, la culpa es mía por meterme sabiendo que pasaría esto.

Ultima oportunidad, Mary y Carol Higgins Clark


Es una de las varias novelas escritas a dúo por Mary Higgins Clark y su hija. Carol también ha escrito cosas en solitario. Más o menos en la línea de su madre. 

Esta novela es una película que ya has visto. Varias veces, seguro. Un ángel que se quiere ganar las alas y tiene que ayudar a alguien. Lo único que cambia es que en lugar de ser un ángel y las alas, el protagonista es un hombre que lleva casi setenta años muerto y está esperando a que se decida su futuro: si irá al cielo o al otro sitio.

Pues eso, que un comité celestial decide hacer un experimento y enviarlo de vuelta a la Tierra (donde será invisible para todo el mundo excepto para la persona a quien tiene que ayudar). Esa persona necesitada resulta ser una niña, hija de padres divorciados, que ha perdido casi todo el contacto con su padre y su abuela paterna (que están en el famoso programa de protección de testigos, pero a nadie se le ocurre explicárselo, claro).

Se supone que la niña es adorable. A mí no me lo pareció. Pelín caprichosa y resabida.

Su padre y su abuela son perfectos, nunca se enfadan con ella ni entre ellos, nunca pierden la sonrisa ni el optimismo por mal que se pongan las cosas, siempre dispuestos a hacer cosas con o por la niña, por agotados que estén. Las relaciones entre ellos son tan impolutas que da asco.

No me gustó, la verdad. Fue como leer una mala película de Navidad. Los malos malosos que son torpes e ignorantes (una se pregunta entonces cómo pudieron llegar a ser tan poderosos y ricos) y los buenos que tienen como un halo de santidad (puagh).

Así que no, no te la recomiendo.

Déjame entrar, 2008






Bueno, pues después de ver el remake y de leer la novela, me dije que ya puesta, mejor remataba la faena y veía la película original.

El guión es del mismo autor que la novela y se nota. En el remake la historia se centraba básicamente en la historia del niño y la niña vampiro, el resto de personajes apenas importaban. En esta no es así.

No es que todas las tramas de la novela se desarrollen en la película, eso sería casi imposible. Pero sí se trata de dar pinceladas de lo que es la vida de cada una de las otras personas que forman parte de la historia.

Eso, por otra parte y en mi opinión, tiene de malo que, en ese intento de mostrar un poco de cada uno, no se profundice en nada. Y todos los sentimientos de tristeza y melancolía que sentí al ver la versión de 2010, no surgieron en esta.

Es una lástima porque en general me parece una mejor adaptación que la otra. No es tan edulcorada ni tan "bonita". Es, aunque suene raro decirlo, más realista. Más acorde a lo que plasma el escritor en la novela.  Los personajes son igual de tristes o están igual de desesperados, la ambientación es oscura...

De hecho le encuentro sólo dos pegas a la película, una es esa, que pasa como de puntillas por todo, supongo que por falta de tiempo (sería casi eterna si contara la historia de todos en profundidad) y la otra, la actuación del niño protagonista. Así como en la más actual el niño transmitía su impotencia, su miedo, su angustia, en esta el chaval está siempre igual, le estén pegando, le estén metiendo la cabeza bajo el agua o esté disfrutando de la compañía de su padre, su expresión es la misma.

Puestos a recomendar, te diría que las vieras por orden cronológico y que el libro lo dejaras para el final. Así, estarías como yo ahora, con un batiburrillo de imágenes y frases en la cabeza, que forman, en la mente, la película perfecta.


Déjame entrar, John Ajvide


Después de ver la película, que me encantó, tuve ganas de leer la novela. Pensaba hacerlo más adelante, cuando hubiera "olvidado" un poco las sensaciones que me dejó. Pero me puse a echar un vistazo, en principio para ver cuántas páginas tenía, después empecé a leer un poco, un poco más y a los dos días la había terminado.

En la novela se profundiza más en los personajes, tanto los supuestamente principales como los secundarios. Se muestran las relaciones entre ellos, sus pensamientos, sentimientos y la poca esperanza que algunos aún albergan de cara al futuro.

Antes dije "supuestamente principales", porque en teoría el niño y la vampira se supone que son los protagonistas. Pero no es así. El hecho de que aparezca gente asesinada y desangrentada es algo así como un efecto secundario, una historia aparte. Lo que prima, en mi opinión, son la soledad, la tristeza y la búsqueda de amor en todas sus facetas.

En la historia hay otro protagonista, el paisaje. Tanto el barrio donde vive el niño, la nieve, el bosque, el hospital, el chino... todos esos lugares y alguno más sirven de vehículo para mostrar la desolación de la vida de la gente que los habita o visita. Un día tras otro, transcurren monótonamente, alejándoles un poco más de la esperanza de conseguir algo mejor.

Borrachos, drogadictos, pederastas, abusones, ladrones... hasta un policía con fervor religioso que alberga un poso de violencia. Todos grises, apagados, solos.

Mientras en la película nos contaban cómo era el día a día del niño, siendo blanco de los abusos y risas de sus compañeros, en la novela esa es una historia más entre tantas otras. Todos aceptan lo que les pasa como algo que no pueden cambiar. Las cosas son así y así hay que aceptarlas.

La soledad está presente en todos y cada uno de ellos. Incluso en los que siempre parecen ir en grupo hay un atisbo de aislamiento.

Cuando pasa algo medianamente positivo, surge inesperadamente algo o alguien que lo estropea, que ensucia ese momento.

Incluso en la amistad entre el niño y la vampira hay un "pero". Y no se trata de que la niña necesite beber sangre y por tanto, matar a gente para poder sobrevivir. Se trata de su naturaleza. Quiere que le quieran tal como es (y no me refiero al vampirismo, pero no te doy más detalles para no hacer spoilers), de hecho hay un momento en que le pregunta al niño "¿Me querrías aunque no fuera una chica?".

Los acontecimientos en el libro no transcurren exactamente como en la película, cosa que suele suceder, porque no es posible plasmarlo todo. Así que si te ha gustado la película o si no la has visto pero sientes curiosidad, anímate a leerlo. Es triste, es un poco deprimente, pero no por ello deja de ser hermoso.

Nota al margen- es la primera vez que leo a un escritor nórdico y disfruto la lectura, hasta ahora todos mis intentos habían sido fracasos.

Otra nota al margen- he visto en alguna biografía que el autor está considerado como escritor de novelas de terror. No sé el resto, porque no las he leído, pero esta no es de terror, más bien diría que es una especie de retrato social con un vampiro por medio, pero lo del vampiro, a veces, parece simplemente una excusa para mostrar y contar el resto de cosas.

lunes, 18 de agosto de 2014

La comida y yo.


No, no voy a hablarte de recetas. Las recetas estaban en mi primer blog, que borré hace ya tiempo. Sólo se salvaron dos, que están en el blog hermano de este, Teselas , donde también están varios de los que yo llamo cuentos que escribí hace mucho, mucho tiempo. No recuerdo que haya mucho más, lo dejé a su rumbo cuando empecé este, pero bueno, tampoco es que haya gran cosa, un par de recetas, los cuentos y posiblemente alguna de mis divagaciones del momento. (Pausa para recordar las recetas perdidas, de las galletas de nutella que se hacían en unos diez minutos, la tarta de piña, las galletas de naranja, la tarta tramposa, el salpicón de marisco...)

Lo había empezado para utilizarlo como una especie de caja de resonancia, donde dejar pensamientos, sentimientos, ideas, bobadas y demás. Quería que en ese simplemente aparecieran datos y opiniones sin más, pero me di cuenta de que si quería dar mi opinión sobre algo que viera, leyera o escuchara, tenía que dejar una parte pequeña de mí en la entrada, dejarme ver al menos un poco, con lo que la idea inicial de separar las cosas en dos blogs, naufragó casi al empezar el viaje.

Pero como siempre, me estoy yendo por las ramas. Quería hablarte de una faceta oscura de mi vida: soy seguidora de los concursos de cocina. Sï, como lo lees. Yo, que sólo sé cocinar cuatro cosas contadas (pero las cuatro bien, que conste), me pirro por Masterchef , Top chef, Deja sitio para el postre e incluso La cocina del infierno. Además y por si fuera poco, he pasado una etapa de Crónicas carnívoras, pero ver al pobre Adam casi a punto de reventar me hacía sentir incómoda a mí (pura empatía, sí), así que lo dejé (pero sin dejar de pensar recursivamente en ese donut gigante, bañado en esa salsa de naranja, ainssss).

He visto los concursos varias veces. Lo curioso es que lo que se llama la alta cocina me cabrea. Ver que cogen un cesto enorme lleno de cosas y que al final acaban con un bocadito de nada en medio del plato, me enfada. Y además porque la mayor parte de las cosas que conforman el bocadito son fruslerías "aire de nosequé" "espuma de nosecuánto" etc etc.

Vamos, que te gastas unos doscientos euros (con la bebida incluída) en un menú degustación y sales del restaurante con la sensación de haber comido un par de canapés y además de sabor muy raro. Una cosa que me llamó la atención (y que demuestra el poco mundo que tengo), es el hecho de que te cobren el cubierto aparte. Es decir, te cobran el plato, tenedor, cuchillo y cuchara. En  algunos sitios también cobran aparte el pan. En la vida pensé que eso pudiera suceder. Sí, lo sé, parezco una paleta de pueblo, pero lo que no sé, pues no lo sé.

O ves que en el programa de repostería todo, todo lleva chocolate. Y ves cómo lo atemperan, sobre la mesa donde poco antes estaban dibujando con tizas. Yo no soy una gran amante del chocolate, afortunadamente, porque no sé yo si seguiría comiendo mucho después de ver cómo lo tratan algunos.

Pues eso, que no me gusta pero me encanta. Así soy yo.

El jardín de las palabras, 2013




El jardín de las palabras es una película de animación japonesa. Es corta, apenas tres cuartos de hora. La sinopsis sería más o menos que, en los días de lluvia, una mujer  y un estudiante de instituto se encuentran en un cenador del parque. El primer encuentro es casual, apenas cruzan una palabra. A partir de ahí, empieza la costumbre, sólo en los días de lluvia, de reunirse. Y empiezan una amistad que va creciendo.




Más que la historia en sí, lo que me cautivó fueron los dibujos, las imágenes. Cuando no aparecían los protagonistas ni gente de cerca, parecían planos de una ciudad o un parque reales, en lugar de ser de animación.




Me gusta el agua, la lluvia. Por eso cuando me enseñan algún nuevo juego o algún programa de tratamiento de imágenes, disfruto especialmente con las escenas en las que hay mar, lagos, charcos... o lluvia. Así que, como comprenderás, en esta película disfruté muchísimo con ellos. De hecho, a veces "me estorbaba" la historia en sí y la presencia de la mujer y el muchacho.

Sus reacciones, además, son "muy japonesas", lo cual no me choca en la mayoría de películas o series de anime que he visto, pero en esta se me hizo muy rara la actitud de todo el mundo. Supongo que porque estaba más pendiente de los escenarios que de los actores en sí.

Sólo por eso, sólo por la lluvia en todas sus facetas (suave, atronadora, leve, abundante...), te animaría a verla.

Déjame entrar, 2010







Una película de vampiros donde no hay amoríos con hombres lobos, ni son "muy fashion" ni los entrevistan, ni van por ahí tipo Blade.

Spoilers a partir de aquí.

Los protagonistas son dos niños, de 12 años, aunque ella hace mucho tiempo que tiene 12. Son vecinos, ella acaba de mudarse al piso de al lado, junto con su protector y "obtenedor" de alimento. El niño, un solitario que es blanco inerte de las bromas y palizas en el colegio, tiene como distracción el espiar a los demás a través de su telescopio.

Se encuentran una noche, claro, fuera, en la nieve. Ella va descalza y tanto ese hecho como el halo de misterio que la rodea, despiertan su curiosidad.

Mientras, en la población se suceden misteriosos asesinatos en los que las víctimas aparecen desangradas.

Curiosamente, lo que más me impactó, lo que más me inspiró temor no fue el tema del vampirismo, sino la tortura que era la vida diaria para el niño, para Owen. En casa, una madre muy religiosa y amargada por el abandono del marido. En el colegio, los compañeros que desahogan con violencia sus penas y miserias. Y él es como un muñeco de trapo zarandeado por la vida.

Ella tiene la sabiduría que le da una extensa experiencia vital (o mortal, según se vea). Así que lo primero que le dice es que no pueden ser amigos. Aún así, él persiste y logra un acercamiento, que se traduce en mensajes en Morse a través de la pared que les separa. No sé hasta qué punto ese acercamiento es interesado o calculado por parte de ella, que ve que su protector empieza a cometer fallos y que pronto le dejará de ser útil. Como sea, Abby es como una isla de tranquilidad en la vida de Owen.

Y supongo que es esa soledad y ese aislamiento en que han vivido ambos, aunque de formas y por motivos diferentes, lo que les acaba uniendo. Tengo la impresión de que se entienden en ese sentido, de que es eso más que la amistad o un cierto sentimiento de proteger, lo que les une.

Me pareció una película muy triste. Triste por la situación de los personajes pero también por lo que se puede adivinar que será su futuro: ir de un lado a otro, mudándose cada poco tiempo, él matando para que ella pueda alimentarse o ella matando y él escondiendo las pruebas para protegerla. Y solos. Es esa soledad, ese desarraigo lo que me entristece. Sus ojos, sus miradas son tristes, aun cuando ríen. Las caricias, los toques leves de mano a piel, son también tristes, porque se hacen como con miedo, como sin saber...

Me gustó, la verdad. A pesar de dejarme un poco "chof". Supongo que eso indica que es medianamente buena, porque transmite sensaciones/sentimientos.

Es un remake de una película sueca, por lo que leí por ahí, es bastante fiel al original.

Basada en una novela de John Ajvide Lindqvist (caray para leer eso del tirón) del mismo nombre. Supongo que en un tiempo leeré la novela. Está en la lista de lecturas pendientes.

domingo, 17 de agosto de 2014

Bajo el signo de Géminis, Rosamunde Pilcher



Iba a comenzar diciendo que el verano es la estación del año perfecta para leer una novela de esta autora. Pero después me di cuenta de que no era cierto. Cualquier época es buena, si te gusta su estilo.

Para mí, Rosamunde Pilcher es un valor seguro. Sé lo que voy a encontrar en sus narraciones y sé la sensación que me va a aportar leerlas.

Y después del desastre de La silla, necesitaba algo reconfortante, cercano, familiar. Una historia normal con gente normal, que no me decepcionara.

Bajo el signo de Géminis, para variar, no tiene lugar en Cornualles (aunque la protagonista en principio está viviendo allí con su padre), sino en Escocia. Y he de decir que Rosamunde Pilcher es capaz de mostrar no exactamente el paisaje sino las sensaciones de estar allí.

Flora es una muchacha que, tras el matrimonio de su padre, decide volver a Londres para iniciar una vida independiente. Allí se encuentra casualmente con otra chica que es exactamente igual que ella, sólo que mucho más adinerada. Y así se enteran de que son gemelas, al nacer, la madre se quedó con una y el padre con otra.

Son muy diferentes en cuanto a carácter, forma de vida y demás. Tras una noche juntas, de charla, ver fotos y contarse sus vidas, Rose, la otra gemela, se va a Grecia. Y deja a Flora, sin saberlo, en un lío, ya que casi contra su voluntad, va a tener que hacerse pasar por su hermana.

Agradable, cercano, fácil de leer.... como todo lo de Rosamunde Pilcher. Aunque, como he dicho en alguna otra ocasión, mis favoritos siguen siendo Los buscadores de conchas, Septiembre y El regreso.

La silla, David Jasso


He de confesar que lo empecé a leer por el título. No tenía ni idea de la trama ni conocía al autor, no había leído ninguna sinopsis, pero eso de "La silla" me parecía muy atractivo, con muchas posibilidades y despertó mi curiosidad.

Supongo que no habría habido mucha diferencia de haber leído una sinopsis. Porque la historia, a priori, suena interesante.

El núcleo de lo que pasa es el siguiente: un escritor de novelas de terror, casado y con un hijo de once meses, que vive en una casa un tanto aislada, convence a su esposa para que lo ate a una silla y le amordace. Con ello pretende vivir en primera persona lo que va a sufrir una de sus protagonistas. Quiere saber qué siente y qué piensa y todo eso. Pero las cosas se tuercen de forma inesperada y su experimento tendrá consecuencias bastante trágicas.

A partir de aquí, spoilers.

Bien, leyendo lo anterior puede que parezca una historia apetecible. Para mi gusto, no lo ha sido. Me explico:

El libro empieza contándonos cómo se siente una mujer que acaba de enterrar a su único hijo. Su dolor es tal, que va al dormitorio del chico, coge sus zapatillas y las huele intentando atrapar algo de él, aunque sea sólo su olor. Hasta aquí, normal. Lo que ya no me lo parece tanto es que se ponga a lamer y casi masticar las plantillas, con pelusas de polvo incluídas. Entiendo que por el dolor, por el intento de mantener algo de su hijo cerca de ella, se aferre a unas zapatillas, una prenda de ropa o algo así, pero no que llegue casi a comerlo.

La madre descubre después que su hijo no ha muerto accidentalmente, tal como pensaba, sino que se ha suicidado después de leer un relato escrito por el autor de novelas que es el protagonista.

En este punto hay un cambio brusco de tema y se pasa a conocer al escritor. Está medio deprimido porque se ha enamorado de una muchacha que conoció por internet, con la que pasó una noche, pero que le dejó porque no quería romper su matrimonio. Ese tema lo saca una y otra vez, su amor por Yolanda, lo maravilloso que fue, lo mucho que la ama, lo mucho que la echa de menos, que le gustaría tener noticias suyas, pero que tiene que recuperar el sentimiento hacia su esposa... y vuelta a empezar con el ciclo: está enamorado de una muchacha que conoció por internet, etc etc.

Eso ya se hace demasiado pesado de por sí, pero bueno. El caso es que convence a la mujer para que le ate las piernas a las patas de la silla metálica y las manos a la espalda, que le meta un pañuelo en la boca y la tape con un buen trozo de cinta americana.

Y así pasa el tiempo, pensando en su amor perdido, en el amor por su esposa (que quiere recuperar), en la protagonista de su novela (que estaría atada y amordazada como él), etc. Llega un momento en que las molestias ya empiezan a ser grandes, así que intenta llamar la atención de su mujer, que está en la cocina, con el niño. Hace ruidos ininteligibles, hasta que ella le responde, pero su respuesta queda interrumpida por un leve grito. El niño empieza a llorar. El sabe que algo ha pasado, pero no sabe el qué. Pasan los minutos y lo único que escucha es el llanto de su hijo. Algo ha ocurrido, no sabe a cuál de los dos, si a la madre o al hijo.

Tras bastantes páginas en las que nos explica cómo lo consigue, llega renqueando y medio arrastrando la silla hasta la cocina, donde ve que su mujer se ha caído de una banqueta, con tan mala suerte que se golpeó la cabeza contra la encimera y está muerta en el suelo. Su hijo, afortunadamente, está bien.

A partir de aquí empieza lo peor. Es obvio que no puede utilizar las manos, pero se empeña en intentar hacer cosas para las que las necesita. Por ejemplo, quiere llegar al teléfono. Pero ni puede descolgarlo ni en el supuesto caso de que lo consiguiera, no puede ni marcar (a no ser que lo hiciera con la nariz, que es una posibilidad), ni hablar, sólo gruñir. Y si alguien nos llama y gruñe, lo que hacemos es colgar pensando que es una broma de mal gusto.

Tampoco puede abrir la puerta del coche, porque no puede sujetar la manilla. Ni abrir la puerta del garaje, ni la de la entrada.

Una y otra vez, nos cuenta cómo consigue llegar arrastrando centímetro a centímetro la silla, para llegar a los sitios en los que piensa que puede haber una solución a su situación... para encontrarse, una vez allí, con que no puede hacer nada.

A ver, céntrate. Eres consciente de cómo estás, de lo que puedes hacer y lo que no. Pues antes de gastar tus fuerzas en algo inútil, primero piensa en ello. Así me habrías ahorrado unas decenas de páginas dedicadas solamente a cómo colocas los pies para conseguir impulsar la silla (una y otra vez).

Otra cosa es el niño. Un bebé que sólo gatea y se pone en pie si tiene un punto de agarre. El niño a veces es como si estuviera ahí (llora, ríe se acerca a él, se aleja y tal) y otras, es como si no estuviera, como si desapareciera de la historia.

El autor intenta mantenernos en vilo. En mi caso lo que consiguió fue aburrirme hasta el punto de que me daban ganas de ir a la casa del protagonista, pero no para liberarle sino para darle un par de patadas en el trasero. Por idiota. Otra forma en que se intenta mantener un estado de ansiedad, es que a la casa y sus alrededores llega gente. Un mensajero que deja una carta, una pareja de novios, y oh, sorpresa, la tal Yolanda, el amor de su vida, que va hasta allí para ver de lejos dónde está su amado. Todas y cada una de las personas, se vuelven por donde han venido sin percatarse de que dentro se masca una tragedia.

Bueno, el caso es que al final la hermana del escritor acude en su rescate porque tiene "una sensación", le llama y al no tener respuesta, se preocupa.

Resultado: amputación de ambas piernas, de una mano, insensibilidad en la otra, ceguera parcial del niño y muerte de la esposa. Ah, y fin del enamoramiento. Porque en un momento de la historia, él se convence de que va a morir y se dice "no quiero morir con este sentimiento que no tiene futuro" y ale, inmediatamente, se desenamora.

Hay también un supuesto fenómeno paranormal, cuando el cadáver de la esposa evita que él mate al niño (por compasión). Una estupidez.

Para remate, después de que nos cuenta cómo está él, cómo está el niño y tal, como fin de la historia, aparece la madre del principio, que va a la casa del escritor para vengarse, ya que uno de sus relatos fue el que propició el suicidio de su hijo. Y se encuentra con que la casa está en venta. Así que tiene que posponer temporalmente sus planes de venganza.

¿A santo de qué está la historia de esa mujer y su hijo suicida? No pintan nada ni aportan nada a lo que sucede después. Y como dije antes, el comportamiento de la mujer no tiene sentido alguno.

La historia en sí, es repetitiva, cansina, tediosa, lenta... lo dicho, que dan ganas de ir y darle un par de tortas al protagonista para que espabile un poco.

Un horror. Y muestra de ello es lo larga que me ha quedado la entrada. Normalmente no suelo hablar mucho de las cosas que me gustan, más que nada para que quien después lo vea, lo lea o lo escuche, pueda disfrutarlo sin saber lo que va a pasar. Pero en este caso, me ha parecido una novela tan horrenda, que no me ha importado destriparla por completo.

La idea, buena. El desarrollo, decepcionante.


Cluedo, el juego de la sospecha, 1985





Nunca he jugado al Cluedo, aunque lo conozco de oídas, claro. Y cuando vi que había una película que se basaba en él, pues nada, a verla.

He de decir que sólo vi los primeros veinte minutos. La verdad es que me negué a perder más tiempo. Estaba claro que era una comedia, con un asesinato de por medio. Estaba claro que se intentaba dar el toque de humor en la exageración de los personajes. El mayordomo ultraeficiente, la criada con un escote de escándalo y la falda más corta casi que un cinturón, la esposa del político intentando ser diplomática, etc. Pero sinceramente, una cosa es exagerar algo hasta conseguir que sea gracioso (por ejemplo, como hace Rowan Atkinson en algunos de sus sketches de Mr Bean) y otra muy distinta es pasar el límite y convertir lo gracioso en grotesco.

Otro de los intentos de humor está en situaciones que intentan ser cómicas pero que en mi opinión rozan el patetismo.

Un horror, ni siquiera llegué al momento del asesinato. Me parece la película más estúpida que he visto en un tiempo (y he visto unas cuantas).

Pues eso, no creo que sea nada recomendable. Y tampoco creo que si hubiera aguantado más tiempo, las cosas se hubieran puesto más interesantes o, cuando menos, más aceptables.

María Antonieta, 2006









Por supuesto, después de haber leído la biografía, tenía ganas de volver a ver alguna de las películas cuya protagonista fuera esta famosa reina. Y me decidí por esta, dirigida por Sofía Coppola.

Es bastante fiel a la biografía que había leído, lo cual me sorprendió ya que no está basada en ella, sino  en otra escrita por Antonia Fraser.

En esta película se puede ver cómo María Antonieta lucha desde el principio por complacer primero a su madre, la emperatriz María Teresa, y luego al rey y al Delfín. Lo diferente de la corte francesa hace que cometa errores y que se sorprenda de algunas de las costumbres que ha de acatar, como por ejemplo el ritual matinal de lavarse y vestirse, o el hecho de hacer sus comidas siendo objeto de las miradas de los cortesanos.

El hecho de no consumar el matrimonio es para ella un motivo de presión. Además, recibe cartas de su madre, quien está preocupada porque teme que la alianza con Francia se trastoque por no dar un heredero al Delfín. Así, ella se ve como atrapada en un lugar extraño, con nuevas costumbres, con gente que no conoce, incapaz por mucho que lo intente, de seducir a su marido... y encuentra una salida en las diversiones. Las cartas, las apuestas, la bebida, la comida, las escapadas a París...

La película narra los hechos desde la entrega de María Antonieta para casarse, hasta el momento en que abandona Versalles, para afrontar su destino, que le espera en París.

Cosas que no me han gustado: la forma en que intentan mostrarnos el abandono de la reina a sus deseos y pasiones (escenas de compras y compras de pelucas, zapatos y demás, escenas de bebida sin control y comida sin freno, etc) y otra cosa que en mi opinión queda fatal, es el uso de música moderna en algunos momentos de la película.

Eso mismo se hizo en Destino de caballero, y la música quedaba perfecta en ese caso. Pero en este me ha parecido algo fuera de lugar, no sé si es por las canciones elegidas o qué, pero es un efecto horrendo.

Las expresiones de la actriz en algunos momentos, sus gestos, también me resultan chocantes, fuera de lugar, como si rompieran el ritmo de la película. 

Son detalles algo molestos, que me impidieron disfrutar plenamente de la historia.

Así que de elegir, te recomendaría que leyeras la biografía.



María Antonieta, Stefan Zweig


Como sabes, me gustan mucho la novela histórica y la historia novelada. Así que cuando por casualidad encontré este libro, me dispuse a pasar un buen rato leyendo la biografía de tan famoso personaje.

La verdad es que me sorprendió la imagen que se da de ella. Y sobre todo, de las circunstancias que dieron lugar a su comportamiento a lo largo de los años. El autor muestra como hecho fundamental el que su marido no pudiera consumar el matrimonio hasta siete años después de la boda. Según él, este impedimento tuvo dos consecuencias: uno, que María Antonieta siempre tuviera un cierto poder sobre él, ya que el Delfín sentía que tenía que compensarla de alguna forma por su incapacidad. Y la otra, que ella diera como hecho consumado que podía conseguir lo que deseara, que tenía derecho a que se cumplieran sus caprichos, ya que de esta forma, daba salida a la insatisfacción de su vida.

Es curioso que una cosa tan trivial como un pellejito de piel, pueda ser una de las principales causas de la Revolución francesa. Si el Delfín hubiera consumado el matrimonio, si María Antonieta empezara a tener hijos rápidamente, ni él se hubiera sentido en deuda con ella (y por tanto, no hubiera accedido a todas sus peticiones), ni ella hubiera necesitado encauzar sus deseos y sus pasiones en el juego, las fiestas y las compras compulsivas.

El autor nos muestra a una muchacha con poca disciplina, muy inteligente, con grandes capacidades pero perezosa y poco dada a la reflexión. Encantadora e inocente pero no exenta de orgullo, es como un juguete en manos de los conspiradores de la Corte e incluso muchas veces, blanco de sus cotilleos.

Sólo al final, cuando tanto ella como su familia son apresados, María Antonieta hace uso de sus capacidades, reflexiona, piensa, trata por todos los medios de salvar tanto su vida como las de sus hijos. Pero es en vano, tanto sus manejos políticos como los intentos de fuga que llevan a cabo con amigos aún fieles. Y ya sabemos cómo acaba la historia.

He de confesar que la imagen que tenía de esta reina era la de una mujer caprichosa, derrochadora, inconsciente, egoísta... vamos, la mecha que se necesitaba en el momento para que estallara una revolución. Y sí, tiene algo de esos rasgos, pero no de la forma en que en cierto modo ha pasado a la historia.

Ha sido una lectura interesante, la verdad. Me ha sorprendido muchísimo también el carácter del Delfín, luego Luis XVI, su aparente apatía, su falta de interés y de pasión en todo. Incluso al final, durante su juicio y el día previo a su ejecución, la flema de su comportamiento...

Pues eso, anímate y léelo.

martes, 12 de agosto de 2014

Tipping the velvet (miniserie) y El lustre de la perla, Sarah Waters








Tipping the velvet es una miniserie del 2002 que consta de tres episodios de aproximadamente una hora de duración. Está basada en la novela El lustre de la perla, de Sarah Waters (más detalles al final de la entrada)

Spoilers a partir de aquí.


El primer episodio nos muestra a Nan, una chica de un pequeño pueblo costero inglés. Ayuda a sus padres, junto con su hermana y su hermano, en la ostrería que poseen. Su vida es totalmente normal, es como si ya estuviera todo escrito. Trabaja, pasea con un muchacho por las tardes y los días de fiesta, a veces va a un music hall de una población cercana a ver los números musicales, que le encantan.... Su futuro parece claro y bien trazado.

Pero una noche, en el teatro, ve la actuación de Kitty, una mujer que se hace pasar por hombre, canta y actúa y remata su actuación tirando una rosa a una de las muchachas del público. Nan se siente rara, muy atraída por ella, hasta el punto de ir todas las noches a verla. Finalmente, eso llama la atención de Kitty y empiezan una amistad que poco a poco deriva en una relación amorosa. Y profesional, ya que acaban formando un dúo sobre el escenario.

Me gustó mucho este episodio. La forma en que la vida de Nan se metamorfosea poco a poco, la forma en que va descubriendo lo que siente, en que lo asume y lo quiere vivir. El amor es bonito. Y el descubrimiento del amor, más todavía.

El primer episodio acaba con Nan descubriendo a Kitty con su representante. Así que se esperaba un segundo episodio lleno de tristeza y todo lo que suele conllevar el descubrir una traición.

Pues no, la reacción de Kitty es otra. No se tira al río ni vuelve con su familia ni se deja estar en una oscura esquina. No, ella se viste de muchacho y así descubre que puede obtener dinero a cambio de ciertos favores sexuales a caballeros que la confunden con un muchacho. Y así es como llega a conocer a una mujer que la toma como amante, la lleva a su casa, la trata como si fuera una posesión suya más, la tiene a su disposición y presume de su propiedad ante sus amigas.

O sea, nada que ver con Nan del principio, esa muchacha dulce, inocente, enamorada, con poca experiencia en la vida y en el amor. Pasa de la pureza que el sentimiento da a su relación con Kitty, a la perversidad de su relación con Diana, pasa de ser una muchacha enamorada a ser un objeto que sólo proporciona placer sexual.

Así transcurren dos años, al cabo de los cuales empieza a aburrirse de ser lo que es y de hacer lo que hace. Empieza a ser crítica con la gente que le rodea, sin darse cuenta de que ella es una más, o quizás peor, porque ha aceptado conscientemente ser lo que es y hacer lo que hace. Pero no, prefiere ver a las otras como por encima del hombro. Y llega un momento en el que estalla. Y eso conlleva que sea expulsada de la casa y de la vida de Diana. Sin vuelta atrás.

Y es el fin del segundo episodio. Yo aún tenía en mente los sentimientos del primero y quería pensar que Nan simplemente se castigaba de esa forma como reacción a la decepción y tristeza del final de su relación con Kitty. Algo así como "me merezco lo que me pase por estúpida". Pero no. Es como otro personaje totalmente distinto. No tiene nada que ver con la Nan del principio.

El tercer episodio comienza con Nan intentando pegarse a Zena, la criada de Diana a la que también echaron (en parte por su culpa, aunque fue realmente cosa de ambas). Zena ve claro que quedarse con Nan es echarse una carga a las espaldas, así que la abandona durante una noche. Nan no sabe qué hacer, se pone a pensar a quién acudir y recuerda a una vecina, Florence, a quien decide ir a ver y espera que se haga cargo de ella. Pero han pasado años y Florence tiene ya una vida. Nan pretende hacerse imprescindible para ella, espera que simplemente las cosas pasen como ella quiere. Y lo gracioso es que con el tiempo es así... hasta que reaparece Kitty, que quiere otra oportunidad. Y Nan ha de decidir.

Pues bien, este episodio me enfadó mucho. Nan se revela como una persona manipuladora y egoísta, alguien muy desagradable. Sólo quiere encontrar a alguien a quien pegarse y que se haga cargo de ella, le da igual quién sea. Zena en principio porque es con quien fue echada de casa de Diana. Pero cuando la abandona, en lugar de pensar qué puede hacer ella, piensa a quién puede acudir. No acudir en busca de ayuda o consejo o punto de partida para una nueva vida, no. Busca alguien con quien quedarse y que se haga cargo de ella. Y va a buscar a Florence, y se obstina en quedarse, hasta despertar el amor en ella. Le da igual lo que ella sienta, lo que quiere es quedarse en un lugar seguro. Y cuando Kitty aparece, a pesar de lo ocurrido, a pesar de que ella le traicionó, a pesar de que Florence le ama, le da todo lo que tiene, comparte su vida con ella, no la esconde ni siente vergüenza, aún así, se lo piensa. Se pasa todo un fin de semana pensando qué hacer y a quién elegir. Y en el momento en que está ante las dos, sigue pensándoselo, sigue dudando.

Florence ama a Nan. Pero Nan ni ama a Florence ni la respeta ni es sincera con ella. Y es eso lo que me enfada, ese jugar con los sentimientos ajenos, esa falta de sinceridad. Uno no puede elegir a quién amar o no amar, pero sí puede elegir ser sincero o no serlo. Y Nan no lo es. A pesar de que esa ocultación pueda hacer daño a Florence. No es clara, juega con sus sentimientos.

Así como el primer episodio me dejó impactada por los sentimientos y por el cambio de la protagonista, los otros dos fueron decepcionantes precisamente por su comportamiento. Pasé de sentir una cierta melancolía a sentir enfado puro y duro. Y ganas de darle un par de patadas a Nan en el velvet.

Al principio de cada episodio, en los créditos, se hacía referencia a que estaba basada en la novela de Sarah Waters, así que al final del primero y al haberme gustado tanto, busqué la novela y empecé a leerla. Era tal cual la serie. No acabé de leerlo al ver cómo acababa la serie, y por ahora tampoco tengo muchas ganas de proseguir la lectura. Pero te dejo el título y la autora por si te animas.

Pues eso, ya sabes cómo me hizo sentir la miniserie.  Ahora es cosa tuya si la ves o lees la novela, o si no lo haces.

Miss Sinclair, 2013





El último suspiro es una película protagonizada por adolescentes. Esta otra está protagonizada por adultos que se comportan como adolescentes. No voy a decir que me haya parecido un desastre o un horror, pero casi.

Una profesora que se encapricha por un antiguo alumno, hasta el punto de poner todo el dinero que tiene para patrocinar la representación en el colegio de su obra de teatro. Pone en juego su puesto de trabajo, su reputación, todo, por ese capricho que ella misma ve como algo sin sentido.

Se enfrenta a todo  y a todos, sin pensar en lo que hace o dice. Hasta el punto de que un alumno graba una conversación entre ella y su "amado" que es muy reveladora. Hace pública la grabación y a partir de ahí se desmorona la vida de la señorita Sinclair.

No me ha gustado. Es totalmente poco creíble. No transmite ni atracción ni amor ni nada de lo que se supone que sienten los personajes. La protagonista parece mayor de lo que se supone que es, el chaval parece eso, un chaval, no un autor de una obra de teatro con cierto nivel y madurez. Y los alumnos... son los típicos americanos, de esos que se toman bobadas a la tremenda.

Así que te recomendaría que no la vieras.

El último suspiro, 2001





La sinopsis de esta película se centraba en la llegada de una muchacha a un internado. Y una piensa en eso, en una chica triste, que se siente desplazada, que no conoce a nadie, en un lugar en el que tiene que pasar todo el tiempo, lejos de su familia, con profesores exigentes en el mejor de los casos.

Pues bien, la chica llega al internado, sí. Pero no es nada de lo que yo había pensado. Llega y se encuentra un sitio donde hay risas, charlas, música, donde las profesoras tienden a ser más flexibles que rígidas, ya que saben lo que es ser adolescente.

Le asignan una habitación compartida con dos muchachas con las que congenia de inmediato. Poco a poco se da cuenta de que sus dos compañeras están enamoradas y viven su relación en secreto, por temor a los rumores y las consecuencias en cuanto a las otras alumnas y en cuanto a sus familias.

Son descubiertas en una situación reveladora y en ese momento han de decidir si seguir adelante juntas o dejarlo. Una de ellas tiene claro que la opinión de su familia y compañeras está por encima del amor que haya sentido por la otra. Pero la otra, Paulie, no cesa en luchar por lo que siente y por lo que han compartido. Oscila entre luchar por su amor y la desesperación y el dolor por la pérdida.

Por medio está la chica nueva, que recibe las confidencias de ambas, porque sólo ella sabe la verdad y sólo ella puede servir de puente o de vía de comunicación entre ambas.

A pesar de que el profesorado se muestra comprensivo, que no todas las alumnas le dan de lado, Paulie no acepta la ayuda ni la resignación, sino que hace lo que cree que debe hacer, lo que siente.

Independientemente del sexo de las personas implicadas, el amor es el amor. En este caso son dos adolescentes, y ya sabemos que en ese período de la vida, todo es extremo. Lo bueno es genial, sublime... lo malo es el mayor de los desastres, algo que no tiene solución... En ese sentido he logrado implicarme, tanto en lo que sentía Paulie, la euforia de cuando todo va bien y la depresión cuando acaba, como lo que siente su pareja, ese miedo a la familia, a perder todo lo que le supone la estabilidad y más que nada, el agotamiento que es aparentar estar bien, feliz, sonriente y enamorada de otra persona cuando no es así nada de eso.

Cada una de las dos lleva su propio lastre. Y la muchacha nueva está entre dos aguas, sin saber muy bien qué hacer o cómo hacerlo, viéndose incapacitada para evitar el desastre que se avecina y que no sabe cómo o cuándo estallará.

Es una película triste precisamente porque transmite lo que siente cada personaje. Porque eres espectador de lo que ocurre y no puedes hacer nada.

El hombre que amaba las flores, Stephen King (relato corto)



A pesar de no ser nada amiga de los relatos cortos (con excepción de los de Rosamunde Pilcher), me animé a leer este de Stephen King, básicamente por el título.

Lo más irónico del asunto es que no tiene nada que ver una cosa con la otra. El protagonista compra un ramo de flores, sí, pero es algo totalmente aleatorio, nada que tuviera pensado y, por supuesto, no lo hace por amar las flores, sino porque tiene intención de regalarlas.

De las aproximadamente cinco páginas, las primeras cuatro son las que me parecen mejores. Y eso que simplemente cuenta cómo un joven va caminando cada vez con más prisa, hacia un lugar. La gente que lo ve pasar, ve el amor y el enamoramiento en su cara, su expresión, su forma de moverse. Y recuerdan cuándo se sintieron así también, o cuando alguien se sintió así por ellos.

En la última página, el final es decepcionante. No porque se esperara nada romántico, al fin y al cabo, es un relato de Stephen King, pero precisamente por eso, esperaba algo más sorprendente o incluso retorcido. El final fue decepcionante.

Y no amaba especialmente las flores, de hecho. Lo dicho, los relatos cortos no son lo mío.

domingo, 3 de agosto de 2014

Atrapado en el tiempo, 1993




No sé el motivo, pero estaba casi convencida de que la película se titulaba El día de la marmota. Pues no, Atrapado en el tiempo.

La había visto hace muchísimos años y la verdad es que fue como si la viera por primera vez, porque apenas recordaba nada más allá de que el protagonista está condenado a repetir el mismo día una y otra vez.

Phil es el hombre del tiempo de uno de los canales americanos. Tiene que ir a un pueblo donde se sigue la tradición de sacar una marmota (también llamada Phil) para saber si el invierno será corto o se alargará seis semanas más. Una costumbre como otra cualquiera. Pues bien, Phil está hasta el gorro de ir todos los años al pueblecito a ver la marmota de marras. Además es un egoísta, egocéntrico, prepotente y cretino.

Va, con el cámara y la productora del programa. Graban el evento pero tienen que pernoctar en el pueblo a causa de una inesperada ventisca. Al día siguiente, suena el despertador-radio, con la misma canción y los mismos comentarios que la mañana anterior. Phil cree que en la emisora se equivocaron y pusieron la cinta del día anterior, pero cuando sale, se cruza con las mismas personas que le hacen los mismos comentarios, y ve que no es "mañana" sino "ayer" y tiene que volver a grabar el programa de la marmota, etc. Así una y otra vez.

Phil pasa por muchas fases: confusión, enfado, aprovechamiento (haga lo que haga, al día siguiente es empezar de nuevo, no hay consecuencias), intento de romper el bucle (por ejemplo, secuestrando la marmota), desesperación (se suicida varias veces), aceptación...

Si te paras a pensarlo, no es gracioso. Vale que Phil aprovecha sus días repetidos para aprender cosas, como hablar francés, tocar el piano, hacer esculturas de hielo, tener conocimientos básicos de medicina, conocer a todos los habitantes del pueblo... pero tiene que ser desesperante vivir un día tras otro sabiendo exactamente lo que va a pasar, a quién vas a ver, lo que te van a decir... que hagas lo que hagas, al día siguiente nadie lo sabrá, no dejas huella, nada de lo que digas, pienses o transmitas tendrá trascendencia. No me extraña que se quisiera suicidar.

Te ríes, sí, es una comedia en cada una de las fases que vive el protagonista. Está llena de guiños y de momentos divertidos. Casi al final es cuando se pone un poco más seria, cediendo el paso al romanticismo.

Es muy divertida. Estás todo el rato sonriendo o riendo directamente. Así que si no la has visto, dedícale un tiempo. Para más a su favor, no es larga, una hora cuarenta minutos si mal no recuerdo. Anímate.

Melancolía, 2011





A ver, esto es un blog, mi blog. Por tanto lo que reflejo aquí son mis impresiones, mis pensamientos o básicamente lo que me da la gana. Como soy consciente de que es algo muy subjetivo, siempre suelo remarcar que lo que escribo cuando comento una película, una novela o una canción, es mi opinión y que el hecho de que a mí me guste o no, no quiere decir que lo que esté comentando sea un asco o una obra de arte. No soy entendida en nada, sólo sé lo que me gusta y lo que no.

Pero permíteme que en esta ocasión deje a un lado la prudencia a la hora de expresar mi opinión y te diga, directamente, que esta película es un auténtico coñazo. Sí, he utilizado la palabra coñazo. Lo es. 

Me puse a verla. Empieza. Un plano fijo y música de fondo. Pasan los minutos. Cambio de plano fijo y sigue la música. Y así, hasta que a los ocho minutos me cansé y empecé a avanzar yo a mano. Después sale la imagen de una limusina blanca, de esas larguísimas que siempre me han parecido algo horrible, dentro una pareja de novios. Por una carretera sin asfaltar, apenas un camino con sitio para un coche y con curvas cerradas. Y la limusina es tan larga que no puede trazar las curvas. Y hay piedras y árboles a los lados. Pasa el tiempo, el chófer sigue intentando, lo intenta después el novio y después la novia. Más minutos interminables de "gira" "cuidado" "un poco más" etc.

Total, que los novios llegan a pie, casi de noche. Bronca por llegar tarde, pero en lugar de entrar donde les esperan los invitados, la novia decide ir a visitar a un caballo en los establos. Minutos estúpidos con el caballo. Decido ir directamente al final. Personajes tristes, paisajes tristes, apenas diálogos y los que hay te dan ganas de hacer daño a alguien... Menos mal que el planeta Melancolía ya se ocupa de eso.

Horrenda, la verdad. No es lenta, es leeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeenta. Uf.

Y ya sé que se supone que todas esas cosas que me desquician como los planos fijos durante montones de minutos con música de fondo y los diálogos (que a mí me parecen tontos) y todo eso, son lo que harán que sea una obra de arte o algo así. Pero yo no la veo aunque me paguen. Será que soy muy bruta.

Mujercitas


Me encontré hace un par de días en mi ebook una nueva traducción de Mujercitas, la famosa novela escrita por Louise May Alcott. Según el prólogo, la versión que leí de jovencita estaba, por decirlo de alguna forma, censurada. Se eliminaron cosas con el fin de obtener una novela más al gusto de la mentalidad femenina de la época (finales del siglo XIX). Parece que la versión que tengo, es la original y entera.

No, no la leí (aún). Pero me hizo recordar las películas que había visto, basadas en la novela. Así que volví a ver dos de ellas.

Mujercitas, 1933


Con Katharine Hepburn como Jo, el personaje que creo que todas deseamos ser en su momento (e incluso ahora). Es muy pero que muy suave, muy inocente, muy romántica. Si las niñas de la novela son prácticamente perfectas, en esta versión en pantalla, lo son aún más, incluso a veces hasta la exageración.


Mujercitas, 1994


En esta otra versión, Jo es interpretada por Winona Ryder. Es mucho menos inocentona que la de 1933, por decirlo de algún modo, es más humana. En general, de las dos películas me quedaría con esta versión. Pero a la Jo de aquí le falta el espíritu que Hepburn transmitió en la de 1933.

Toda esa energía, ese deseo de poder pensar, hablar y comportarse como un varón, están mucho más presentes en la primera que en la segunda película. Y, seamos francos, todo eso es lo que hace que Jo sea tan especial. Jo-Hepburn no busca ni desea el amor, no busca ni desea ser femenina, casarse y tener hijos. Solamente al final reconoce que se siente sola y que tal vez habría aceptado a Laurie no por amarle, sino por ahuyentar esa soledad. Jo-Winona no es tan "marimacho" como la original. Su comportamiento y maneras son muy femeninas conforme se desarrolla la historia, llegando incluso a adornarse con flores para estar más llamativa para el profesor. No me la imagino deslizándose por un pasamanos o imitando un duelo a espadas con los atizadores de la chimenea.

Se supone que Beth es una de las hermanas menores (sólo es más joven que ella Amy) y sin embargo, si te fijas, en la película de 1933 casi parece la mayor. El papel de tímida no le sale muy bien.

También Beth es la más delicada, frágil y de salud precaria. Si te fijas en la imagen de la película de 1994, Beth no es para nada la más pálida ni frágil ni delgada. Es más, hay una imagen en la que Jo se echa en cama al lado de Beth y ves que la primera es más o menos la mitad de voluminosa que la segunda. No estoy diciendo con esto que esté oronda ni nada por el estilo. Es que una muchacha que lleva años consumiéndose, que va perdiendo fuerzas y apetito se supone que debe reflejarlo en su aspecto y no parecer más sana que las otras, no sé.

Hay más adaptaciones, pero estas son las dos que he visto. Me encanta la Jo de Hepburn. El personaje que interpreta Winona es una muchacha que quiere ser escritora, sin más. Y creo que eso le quita mucho encanto tanto al personaje como a la trama en general.

Pues eso, no te digo más porque te conoces la historia, aunque no hayas leído la novela ni visto las películas.

viernes, 1 de agosto de 2014

El acoso, Dean R. Koontz



Es una novela breve (la he leído del tirón en unas horas de nada). Y es el equivalente literario a las llamadas road-movies. Alex y Colin van a atravesar el país para reunirse con Courtney, esposa y hermana respectivamente. Lo que no saben es que Leland les perseguirá con la intención de matarles antes de lograr llegar a San Francisco. Está enfermo, no lo sabe, tiene jaquecas, visiones y pérdidas de memoria y cree que matando a esas dos personas conseguirá volver a vivir en paz con Courtney, con la que tuvo una relación dos años antes.

La trama pasa por varias etapas, el principio es casi divertido, con los perseguidos inventándose historias sobre su persecutor, creyendo que la presencia de la camioneta tras ellos es simplemente una coincidencia. Pero cuando pasan los kilómetros, cuando las coincidencias empiezan a ser demasiadas, el temor va aumentando. Hay un par de enfrentamientos, la policía no les hace caso al no tener pruebas de nada. Cambian de ruta varias veces, pierden las reservas de los hoteles, hacen lo que pueden para despistar al desconocido (para ellos) que les acosa.

No me pareció la típica novela de Koontz. Porque siempre que leo algo escrito por él, tengo la impresión de leer sobre una lucha entre el bien y el mal. En este caso se podría pensar que el bien son los perseguidos y el mal el perseguidor, pero no es exactamente así. El acosador queda reflejado como un hombre muy enfermo, da la sensación de que tiene algún tipo de tumor cerebral o de problema  de ese tipo. Sufre y no es consciente de lo que hace, de lo que hizo o de lo que hará. No llega al punto de sentir lástima por él o darte pena, sino porque ves que realmente no es que sea una mala persona sino que no puede controlar lo que piensa, hace o dice.

Te mantiene en vilo, eso sí. Así que ya sabes, si te apetece para una tarde de verano, anímate.