domingo, 29 de junio de 2014

El festín de Babette, 1987








Tengo que decirte, de entrada, que es una película extraña, a veces hasta un poco estrambótica, tanto por sus personajes como por las historias que cuentan, sobre todo las truncadas historias de amor de las dos hermanas protagonistas.

Babette es una mujer francesa que es enviada a Dinamarca por un conocido de las dos hermanas. Empieza a trabajar como criada y cocinera. Ellas son mujeres muy piadosas, con pocos recursos y que mantienen viva la obra y la filosofía de su padre, que fue pastor de la iglesia.

Cuando se va a cumplir el centenario del nacimiento de su padre, programan una reunión con sus seguidores, pero Babette, que ha ganado un premio de la lotería, pide que le dejen preparar una cena especial.

Y ese es el festín de Babette, una cena deliciosa a la que los comensales tratan de enfrentarse, ya que piensan que es algo malvado y demoníaco.

Lo curioso es que tanto mientras la veía como después de acabar, la sensación que tenía era como de tranquilidad, calma, familiaridad, bienestar... y ya digo que a veces los personajes, diálogos y situaciones eran bastante extraños (por ejemplo el brindis del coronel casi al final del banquete).

Pues eso, que no puedo ni recomendarte que la veas ni lo contrario. No sé si es que me pilló de un humor extraño o qué pasó, pero me resultó agradable verla.

Y siendo sincera, a pesar de ello, pienso en volver a verla en un futuro y la idea no me llama mucho. Así que tú decides.


viernes, 27 de junio de 2014

Spygame, 2001




Tengo que empezar diciendo que no me gustan las películas de espías. Y que no he visto muchas películas protagonizadas por Robert Redford. Y que esta nunca la hubiera tenido en cuenta para ver.

Pero la vi.

Y sí, es de espías, de la CIA, de lo retorcidos que son en esa agencia. De que llega un momento en que no sabes si hay alguien en quien puedes confiar.

Lo más curioso de todo es que la verdadera acción de la película se desarrolla ahí, en esa oficina de la imagen. Es una oficina en la que preguntan al personaje de Redford sobre el personaje de Pitt (que se encuentra a punto de ser ejecutado en una cárcel china). Las únicas partes en que se ven exteriores es en referencia a lo que se está contando en la oficina.

Una se pregunta qué puede hacer alguien a quien poco a poco van retirando sus privilegios, que además no se mueve del edificio y que está solo. Y llega un momento en que una también se pregunta si verdaderamente ese personaje quiere hacer algo o no. Que tal vez lo que busca es tapar algo propio más que ayudar al otro.

Y así ese casi jubilado de la CIA va sumando pelotas en el aire, haciendo malabarismos, llegando al límite y dejando lo menos posible a la suerte. Tiene que ir un paso por delante de los demás, contestar preguntas y pergeñar una historia creíble. O contar la verdad, que no sabes cuál de las dos opciones estás viendo.

Me gustó sobre todo el final, me recordó ligeramente al de Sospechosos habituales (muy ligeramente).

Así que aunque te pase lo que a mí, que no te gusten las películas de espías, anímate, puede que también acabe gustándote.

miércoles, 25 de junio de 2014

Angel, Colleen McCullough



Conocía a la autora no por una novela suya, sino por la adaptación televisiva, El pájaro espino (o El pájaro que canta hasta morir). De hecho recuerdo que en mis años mozos, después de haber visto la serie, la leí.

Casi por casualidad y no hace mucho tiempo, descubrí que Colleen McCullough ha escrito una serie de libros sobre la antigua Roma que son bastante conocidos y apreciados. Los tengo en lista para leer. Pero antes, le tocó a Angel.

Angel cuenta la historia de Harriet Purcell, una joven australiana  que se siente incómoda consigo misma y con la vida que lleva, hasta que conocer a Pappy, una compañera suya del trabajo en radiología, le hace conocer un mundo de libertad, en su propia ciudad pero en un barrio diametralmente opuesto.

Conoce la libertad en todas sus facetas: desde la independencia a la hora de comer, vestir, tratar con gente diversa, tener relaciones sexuales, etc. Todo ello en La Casa, un lugar donde alquila una habitación y cuya dueña (y por tanto casera), le toma un cariño especial. Ella se dedica a la lectura de cartas y la bola de cristal y tiene una niña "especial", su ángel. Que con el tiempo se convierte también en el ángel de Harriet.

En la novela conocemos los demás habitantes de La Casa, sus relaciones, sus problemas. Harriet se va liberando cada vez más con el tiempo, acercándose a la vida que conoce ahora y alejándose de la que tuvo con su familia.

Hasta que ocurre lo inesperado y tiene que pelear con uñas y dientes por su ángel.

La verdad es que se me hizo un poco complicada de leer. Está ambientada en Australia en los años treinta. Conocemos la historia de Harriet a través de lo que va escribiendo en su libreta-diario. Y entre las rarezas de la casera, de los huéspedes y la forma de reaccionar y pensar de Harriet, pues se me hizo un poco árido. Arido en el sentido de no congeniar con nadie, ni de pinchar mi curiosidad por saber qué pasaría con los personajes. Es decir, me daba igual dejarlo que acabarlo.

Y acaba de una forma un tanto abrupta, todo hay que decirlo.





Nivel 5, Douglas Preston y Lincoln Child



Tal como aclaré en una entrada anterior del blog, Preston y Child tienen novelas por separado y novelas juntos. Y estas últimas no están todas protagonizadas por mi querido Pendergast.

En esta se trata el tema de la ingeniería genética. Intentan equilibrar las cosas, mostrando un ejemplo de uso positivo, pero obviamente si quieres escribir una novela, tienes que irte al otro lado.

No, no es que traten la genética desde el punto de vista de crear monstruos o recombinar genes de distintas especies. Se trata de dos proyectos, uno al que ya se le ha dado el visto bueno y otro en proceso.

Pero me estoy adelantando a acontecimientos.

Conocemos Mount Dragon de la mano de un joven científico, Guy Carson, al que trasladan a ese centor de investigación que se encuentra en el desierto, en medio de ninguna parte, cerca de donde se hicieron las primeras pruebas de la bomba atómica.

Mount Dragon es el único centro de Nivel 5 de bioseguridad del mundo. Todo está preparado para asegurarse de que ningún virus ni sustancia se escapará al exterior. La seguridad tanto de las instalaciones como del personal es extrema, llegando al punto de que si a alguien se le encuentra con lápiz y papel, es despedido inmediatamente.

Allí se llevó a cabo la manipulación genética de una bacteria, consiguiéndose "fabricar" sangre humana (la llaman PureBlood), que ha pasado todos los filtros y pruebas y está a punto de ser comercializada.

Pero Guy no va a trabajar en ese proyecto, ya acabado, sino a otro. Van a trabajar en una vacuna para la gripe. Así dicho suena muy tonto, si no fuera porque sin querer, han fabricado un virus de la gripe que es totalmente mortal y que es la base para la futura vacuna. O sea, han creado un arma letal y buscan el antídoto.

Pronto Guy se da cuenta de que en el centro pasan cosas raras. No raras a nivel sobrenatural ni nada de eso, sino respecto a comportamientos extraños de algunas personas. Y todo el "subidón" que sintió al conocer el proyecto en el que iba a trabajar, se va apagando poco a poco, hasta llegar a investigar y descubrir cosas muy negativas, no sólo del virus de la gripe sino de TrueBlood, que será utilizada en hospitales en un intervalo muy breve de tiempo.

Es una novela muy entretenida, como suelen serlo las de estos autores, sea juntos o por separado. El final es un poco exagerado, no voy a darte detalles para no fastidiártelo, pero cuando uno no tiene fuerzas ni para abrir los ojos, es que no tiene fuerzas para nada, digo yo. Pues eso.

Si quieres una lectura para la playa o para estar en plan despatarre estas vacaciones, es recomendable.

La búsqueda, 2004




Es una película entretenida, no un peliculón ni mucho menos. Está bien y pasas un buen rato, divertido y ameno siempre y cuando tengas en cuenta que es lo que yo llamo una completa y total americanada. Es decir, ocurren cosas que ni "jartos de vino" pueden pasar.

Por ejemplo, que alguien robe la Declaración de la independencia, documento histórico e importante para los americanos donde lo haya, sin despeinarse ni costarle gran cosa.

O que en el polo (no sé si el norte o el sur), se encuentre enterrado bajo la nieve un barco de hace unos cuantos siglos y sea sacado de ella sin mucho trabajo. Que tenga el armazón podrido por el paso del tiempo pero que las escaleras interiores aguanten el peso de varios hombres sin problema. Que la atmósfera de sus bodegas sea completamente respirable...

SPOILER

Que la policía y el FBI sean comprensivos y no sólo no metan en la cárcel a quienes roban documentos históricos sino que encima, les recompensen con millones de dólares.

Que encuentren acertijo tras acertijo y con simplemente poner cara de estreñido y mirar al infinito, se te ocurra la solución.

Que a pesar de los cientos de años transcurridos, todos los objetos que encuentran y son pistas están en perfecto estado, ni siquiera están sucios ni nada.

FIN SPOILER

Pues eso, que si ya vas concienciado de que será americanada y dispuesto a pasar por alto exageraciones, puedes pasar un rato divertido en esta película tipo juego de La búsqueda del tesoro.

Death race, 2008





Otra de esas películas que jamás habría visto por mí misma.

El argumento es simple: en una cárcel se celebran carreras a vida o muerte, que son retransmitidas previo pago (un gran negocio). Aquel recluso que gane cinco carreras es puesto en libertad.

Frank "Frankenstein" (porque tiene la cara desfigurada y utiliza una máscara), lleva cuatro carreras ganadas, pero fallece tras la última. Así que la alcaide de la prisión busca un sustituto que corra esa última carrera, con la máscara puesta y haciéndose pasar por él, ya que Frankie genera mucha expectación y por tanto, mucho dinero.

Así que Jason Statham es casi obligado a convertirse en Frank, con lo cual a sus problemas de convivencia en la cárcel se suman los problemas con las trampas en las carreras. Cada carrera dura tres días, cada día una fase.

Y hay chicas. Prisioneras de una cárcel de mujeres, las más guapas, para lucirse con los pilotos. Es una tontería porque una vez se meten dentro del coche no se les ve más, pero bueno.

Y si quieres saber más, pues tendrás que verla. Es otra de esas películas entretenidas, con toques de humor que, para mi gusto, las hace más apetecibles.

Skyfall, 2012





Nunca había visto una película de la serie de 007. De hecho la única imagen que tenía era de un joven Sean Connery disparando hacia la cámara y de Ursula Andress (al menos creo que es ella), saliendo del agua con un bikini.

Así que pude ver esta película en principio sin ningún tipo de recelo ni prejuicio, ya que no tenía con qué compararla.

A ver, la película me gustó, en el sentido de que es entretenida, está bien para pasar el rato, una película de esas que puedes ver prácticamente en cualquier momento.

Lo que no soporto es a James Bond. Me parece una persona horrible. Y nada atractivo, en ningún sentido. Se acuesta con una muchacha a la que sólo ha visto una vez, unas horas más tarde, la chica es asesinada y él pasa a unos metros de su cadáver como si nada, como si no fuera más que un trozo de papel arrugado.

Es un cretino. Egoísta, egocéntrico. No me cae nada bien.

A pesar de eso, tal como te dije antes, la película me pareció entretenida, recomendable para eso, pasar un rato sin más.

A ver si en las siguientes que vea de 007 el personaje se vuelve un poco más simpático por lo menos.

lunes, 16 de junio de 2014

El monstruo de Florencia, Douglas Preston



Ya sabes mi debilidad hacia A.X. L. Pendergast, el agente del F.B.I. que protagoniza unas cuantas novelas escritas por Douglas Preston y Lincoln Child.

Pero aparte de montones de novelas a dúo, ambos escriben por separado. El monstruo de Florencia es un ejemplo de ello.

En el prólogo el autor cuenta cómo llegó a conocer la historia del personaje. Fue en la época en que se trasladó a vivir a Italia, cerca de Florencia. Allí se puso a investigar porque quería escribir una novela en la que aparecía la policía italiana y por tanto quería tener datos de la forma de trabajar de dicho cuerpo. La persona con la que le pusieron en contacto para ello, para recopilar información fue la que le habló de un asesino en serie que tuvo aterrorizada a la ciudad unas décadas antes.

La historia fascinó a Preston, hasta el punto de escribirla, narrando lo que le contó su informador, las pesquisas que ellos siguieron después, los malos ratos que pasaron al ser sospechosos precisamente de ser el asesino en serie...

Y sí, entiendo que le gustara, que quisiera escribirla. Pero lo hace en un plan demasiado periodístico para mi gusto, no parece que te esté contando una historia, no "novela" los  hechos, sino que los muestra, analiza y presenta bajo una luz un tanto fría.

Y es lo que hizo que no pudiera zambullirme ni en la atmósfera ni mezclarme entre los personajes. Es una lástima porque creo que podría haber contado la historia de una forma mucho más atractiva y no tan "diseccionada".

Pues eso, agridulce.

miércoles, 11 de junio de 2014

Venganza (Taken), 2008





Secuestran a la hija de Liam Neeson (bueno, de su personaje), mientras está de turismo en París. La secuestran por boba, todo hay que decirlo, porque contarle tu vida a un desconocido y decirle que tú y tu amiga vais a estar solas en el piso y que sí, que vais a ir a la fiesta a la que os invita... pues bueno, la cosa acaba como acaba.

Lo que no saben los secuestradores (unos albaneses que se dedican a la trata de blancas) es que el padre de una de las chicas que secuestraron es uno de esos hipermegasuperespías que con un imperdible te hacen una bomba atómica. Así que se va a París y ahí arma un buen lío y consigue él solito en unas horas lo que tooooda la policía europea no ha conseguido en meses.

Es "muy americana", en el sentido de que "casualmente" el protagonista consigue todo lo que necesita, desde armas hasta apoyo local. Da igual que provoque accidentes enormes o que destruya lo que sea, todo le está permitido. Y todo le sale bien, por supuesto.

Explosiones, tiros, persecuciones pero nada que me haya mantenido en vilo, sorprendido o gustado. Lo que sí me sorprendió fue saber que hay otras dos secuelas. Supongo que mi gusto es un poco peculiar. Pero la verdad es que no me ha gustado ni un poquito.


Darkness, 2002





Una mudanza. Una familia (padre, madre, hija, hijo) que se trasladan de país y se establecen en una casa aislada. En esa casa empiezan a pasar cosas raras. ¿Te suena? Pues sí, es simplemente una película más de "casa con historia".

La madre obsesionada por vaciar cajas. El padre con una enfermedad mental que parecía que había remitido. La hija adolescente que parece ser la única que ve que algo no va bien. El niño pequeño que aparece con marcas en el cuello y hace dibujos inquietantes.

Pues ya la has visto.

sábado, 7 de junio de 2014

La cocinera de Himmler, Franz-Olivier Giesbert


He acabado de leerla hace como dos minutos. Después de haber leído en varios lugares que era una novela en plan humorístico y que la contraportada dice "He aquí la hilarante epopeya de Rose, una cocinera que nunca le ha temido a nada y que ha sobrevivido a las barbaries del siglo XX"

También la crítica habla de una novela inteligente y todo eso.

Pues yo debo tener el sentido del humor atrofiado. De la inteligencia mejor no hablar, porque reconozco que es escasa.

Empecé a leerlo esperando ver algo así como una biografía con pinceladas de humor, ironía, sarcasmo o directamente despropósitos. Y me encuentro con una historia contada como a trompicones, saltándose años en la vida de Rose, pasando como sin importancia por momentos que teóricamente debían ser duros para ella.

No me gusta la forma de escribir del autor. Tampoco me parecen razonables las reacciones de sus personajes. No veo absolutamente nada de humor o de risa, ni tan siquiera de sonrisa en una sola línea que he leído.

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Spoilers

El que prostituyan a una niña no me causa risa. El que le roben lo que le pertenece, la persigan, pierda a su familia, tampoco. Que se vaya acostando con unos y con otros, tampoco me resulta gracioso. O que tenga una hija que ni siquiera quiere ver y que entrega para que sea criada por los nazis, menos.

Tal vez sea mi falta de inteligencia lo que me hace perder los sutiles detalles de humor (que no encuentro por mucho que me esfuerce). Tal vez sea mi poca femineidad la que me hace sentir que ninguna mujer reaccionaría como Rose o actuaría como ella.
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Ha sido una novela en la que he sentido ganas de acabarla prácticamente desde la primera página.  No le he pillado el ritmo a la narración, esos saltos en el tiempo y geográficos, esa contradicción en la protagonista, que se pretende mostrar como una mujer en busca de venganza pero que se comporta con total sumisión ante la primera persona que se le planta delante.

Puede ser que mi cerebro esté tan atrofiado que sólo pueda disfrutar novelas e historias de otro calibre y otra naturaleza, pero he de decir que me siento muy decepcionada.

Cuando participé en el sorteo, describí a Rose como la Sophia de Las chicas de oro, me la imaginaba así, anciana, llena de arrugas, con muchas cosas vividas encima, pero aún con ganas de vivir y pasarlo bien, de reír y de seguir adelante.

En cambio esta Rose es una mujer centenaria, cuya vida parece girar alrededor del sexo y que, de cuando en cuando, para superar un momento de tristeza o depresión, mata a alguna persona que le hizo daño en momentos de su vida.

No me ha gustado la novela, ni los personajes, ni la narrativa... pero lo dicho, tal vez el humor es tan sutil que no acabo de captarlo. Todo es posible.

viernes, 6 de junio de 2014

Cosas y casas



Tengo que empezar diciéndote que soy lo que se llama una friki (o como se escriba). Me encantan los concursos de cocina, más concretamente MasterChef y TopChef (más el primero que el segundo). Me gustan hasta el punto de volver a verlos una y otra vez. No sé, tienen algo que me reconforta.

Esta mañana puse el programa del miércoles de fondo, mientras trasteaba un poco por la cocina. La prueba de exteriores se hacía en O Grove y el ingrediente principal era el mejillón.

Personalmente, los mejillones me gustan enlatados y en escabeche y para eso tampoco es que me entusiasmen. Pero inconscientemente, el ver las bateas, cómo recogían y escogían el mejillón, me hizo recordar cosas.

Así que sin esperarlo y de forma muy sorprendente, me pasé todo el camino desde casa al colegio pensando en mi abuela y en su casa.

Mi abuela materna murió cuando yo tenía ocho años. Mi recuerdo de ella es el de una mujer muy muy menuda y bajita, una cosita pequeña pero que daba unas bofetadas increíbles. Y cuanto más te quería, más fuerte te daba. Y mi abuela me quería mucho. Pero mucho.

Siempre vestida de negro, con un mandil por encima de la ropa y el pañuelo (también negro) anudado a la cabeza. Sabía que debajo había una trenza de pelo, una trenza muy delgadita de pelo oscuro entrecanado. Mi abuela, al igual que me pasa a mí, tenía el pelo muy fino.

Como todo el mundo en ese tiempo, se sentaba fuera, sacaba una silla y se sentaba al lado de la puerta, esperando que pasara o parara alguien conocido para charlar o tomarse un café. Cuando era el tiempo, se juntaban varias vecinas y se ponían a desgranar guisantes o el maíz.

Su casa era pequeña, de una sola planta, con dos habitaciones, la cocina, un baño al fondo y un diminuto comedor. Ahí crió a sus siete hijos. Y a un par de nietos. El terreno hacia atrás es pedregoso, casi incultivable. Por delante, justo pegado a la carretera, un pequeño patio de cemento.

Olía siempre a café. Mi abuela siempre tenía la cocina de leña encendida y una pota con café en una de sus esquinas, para mantenerlo caliente. Hacía "café da pota", echando el café recién molido en el agua y antes de sacarlo del fuego y colarlo, le añadía un tizón al rojo vivo.

No sé a qué edad empezó a darme café. Sé que a eso de los siete años mi madre se enteró y le montó una escena de aúpa. De hecho, no he vuelto a tomar café desde entonces. Si fuera americana, diría que me quedó un trauma de mi infancia.

Así que mi abuela siempre que no llovía estaba, como casi todo el mundo, sentada delante de la puerta y cuando nos veía venir, se levantaba para recibirnos. Era pequeñita, sí, pero tenía muchísima fuerza. Recuerdo que primero casi me ahogaba con un abrazo y luego me daba un par de bofetones cariñosos. Lo que deberían ser las típicas cachetaditas cariñosas en los mofletes, pero ella tenía mucha fuerza.

Mi abuelo era un desastre de hombre. Muy trabajador, sí, pero en cuanto tenía algo de dinero en el bolsillo se dedicaba a beber sin parar o a comprar regalos para todo el mundo, aunque después viera que sus hijos pasaban hambre y frío.

Un día mi abuela se cansó y lo puso de patitas en la calle. Un divorcio de aldea, le llamaría yo. Y ahí empezó la tranquilidad para la familia. Desaparecieron las palizas tanto a mi abuela como a mi madre y mis tíos y tías. Dejaron de nacer niños. Y poco a poco cada uno fue encontrando su lugar en la vida.

Entre todos pudieron hacer que los últimos años de mi abuela fueran tranquilos y confortables. Todos le llevaban cosas, la cuidaban, se preocupaban por ella. En general, era una mujer apreciada en la aldea en la que vivía. Aún la recuerdan.

Murió joven, a los setenta y dos años. Le falló el corazón. Estuvo encamada, en su casa, durante unos días, con el médico visitándole con regularidad. Eran tiempos en que la medicina era algo más que fichas y datos estadísticos y los médicos menos mecánicos de lo que son ahora (o más bien de lo que les hacen ser ahora).

Cuando murió a mí no me dijeron nada. A los niños nunca se les dice nada, se supone que para protegerles. Pero los niños se dan cuenta de que algo pasa y si no se les explica lo que sucede, empiezan a imaginar cosas, a buscar razones. Y el resultado puede ser peor.

Sé que me despertaron una noche y me llevaron a casa de mi madrina. Y no recuerdo nada más de esa época.

Una cosa curiosa que sucedió y de la que me enteré años más tarde, fue del nombre. Siempre la habían llamado María. Mi madre dijo que se llamaba María Ludivina pero que siempre la llamaban María. Pero cuando murió y se recogieron sus papeles, se enteraron de que su madre se llamaba María Luz Divina.

Algo parecido sucedió cuando murió una vecina suya, bastantes años más tarde. Todos la conocíamos con el nombre de Coralia. Y al morir, tanto familia como vecinos, nos enteramos de que su nombre era Carolina.

Algunas veces mi madre me cuenta cosas de cuando era niña, en la aldea, antes de que se la llevaran a un colegio de monjas en Vigo. Me contaba cómo los niños iban a robar fruta, pero no por hacer una trastada sino porque tenían hambre. Por el día de Ramos, los padrinos les daban huevos, si eran ricos, hasta una docena. Entonces parte de ellos se vendían para poder comprar harina, pan, algo más consistente y duradero. Y otra parte, se consumía. Y era una fiesta poder comer tortilla de pan. O tener harina para hornear pan o hacer filloas.

Tenían una cabra y la paseaban por los caminos para que pastara. Por esa época todo el mundo tenía animales en casa y no había tanta hierba como ahora, así que mi madre y sus hermanos tenían que recorrer mucho camino para que la cabra comiera la hierba que crecía en las cunetas de los caminos de carros.

También me habla a veces de los juegos a los que jugaban, de los juguetes que se construían con hierbas, palos, flores y lo que tenían a mano. De cómo de jovencitas las chicas iban al baile con los zuecos y al llegar se ponían los zapatos, para no gastarlos porque sólo había un par.

Y ahora, que ya no tiene que trabajar, se niega a descansar o divertirse. Por mucho que digamos que salgan, que se diviertan, que vayan aunque sólo sea a tomarse un café a una terraza. O a un baile. O a una excursión, a lo que sea... pues no. Que ya toman café en casa, que no están para bailes y que nada de excursiones ni viajes.

Y así, mi padre sigue haciendo chapucillas para los nietos, arreglando bicicletas, haciendo banquitos de madera, marcos para cuadros o puzles... y mi madre sigue haciendo las tartas de galleta para los nietos y biznietos, las croquetas. Sigue queriendo tener a la familia en casa, cocinar para todos. En el congelador siempre hay al menos una cosa para cada uno, lo que ella sabe que nos gusta. Y si sabe con tiempo que vamos a ir, saca lo correspondiente y lo prepara tan contenta.

Te ceba, te llena el plato, te pregunta si quieres más, te da postre, y después dice que tienes que ponerte a dieta que has engordado :)

Claro, ponte a dieta, pero si le dices "voy a ir pero no prepares nada que estoy a dieta", encadena como siete razones por las cuales ese día debes comer o si no, otras siete por las cuales la comida que sea no te engordará.

Un ejemplo, las lentejas. Una vez me preparó "lentejas a lo pobre", me avisó que no tenían nada. Y eran lentejas con carne picada, chorizo y jamón. Y trocitos de patata y algo de pan rallado para espesar. Cuando le pregunté dónde estaba lo de pobre, me dijo que era por la carne picada en lugar de trozos de carne y que le había puesto poco de chorizo y jamón. Que comiera lo que quisiera que esas lentejas no engordaban.

Y no, las lentejas no engordaron, pero yo sí.

Mi abuela era igual. El café era sagrado. Y tener algo que acompañarlo, también. Supongo que para compensar los años de estrechez que pasó.

Ahora en la casa de mi abuela vive una de mis tías. La casita se ha remodelado, sigue teniendo el mismo número de habitaciones, pero más arregladas y el baño es completamente nuevo.

Hace muchos años que no voy, que ni siquiera paso por delante. A mi tía no le gustan mucho las visitas. Pero esa casa está y supongo que siempre estará unida al recuerdo de mi abuela, levantándose de la silla y sonriendo, caminando hacia nosotros para recibirnos.

Y todo esto por un programa de cocina que trató de mejillones. Qué cosas.

jueves, 5 de junio de 2014

Good times, Edie Brickell


Hace ya bastantes años tuve un Windows 95 "legal". Me había comprado mi primer ordenador y con él, venía el Windows con su licencia y todo.

Más que un ordenador era una patata. La patata más cara de la historia. Pero como una no tenía ni idea de lo que compraba y de su valor, pues claro, timo al canto.

Pero a lo que vamos. En el CD de Windows venían algunos vídeos, uno de los cuales era de una canción que me encantó desde la primera vez que la escuché. No sabía más que el título y el nombre de la discográfica.

Me costó mucho muchísimo encontrar el resto de datos. Por entonces ni yo sabía manejarme como ahora (tampoco pienses que soy un lince pero he mejorado bastante desde entonces) ni había tanto donde buscar.

La otra noche estuve viendo y escuchando vídeos en Youtube. Y lo recordé. Y ahora te lo pongo aquí por si quieres disfrutarlo. O por si tú también lo habías visto y no tenías ni idea de quién era la cantante o el grupo.

Good times, Edie Brickell and the new bohemians.


https://www.youtube.com/watch?v=iqL1BLzn3qc

Falsa memoria, Dean R. Koontz


No, no he leído otra novela en los escasos minutos que han transcurrido desde la última entrada. Se trata simplemente de que ordenando cosas me he encontrado con este título, que leí hace como un par de años y se me ocurrió reseñarlo.


Otra vez la lucha del bien contra el mal. Clásica en Koontz. El bien encarnado otra vez en un matrimonio joven y muy bien avenido, ambos comprensivos, generosos, pacientes y todo eso. Y al igual que en El lugar maldito, él es un poco más payasete, extrovertido y "divertido" que ella.

El mal lo encarna un médico aficionado a los haikus. Manipula a la gente para que hagan lo que quiere o para que no hagan lo que no quiere. Consigue que sean vistos como enfermos mentales, ya que se comportan como si tuvieran una patología, con lo cual están más en sus manos y puede utilizarles a su antojo.

Da un poco más de "cosa" que El lugar maldito, ya que en este caso y a pesar de que está todo exagerado, te das cuenta de que puede pasar algo similar. No hasta el punto de que ocurran las cosas de la novela, claro, pero sí que te preguntas si en cierto modo no hacemos cosas a veces instigados inconscientemente por otras personas y hasta qué punto eso puede llegar cuando quien te maneja es alguien con los conocimientos adecuados.

Pues eso, otro título recomendable para leer este verano, en la playa, en casa, donde sea.

El lugar maldito, Dean R. Koontz


Como en casi todas las novelas del autor, plasma la lucha del bien contra el mal. Esta vez el bien está representado por un matrimonio de investigadores privados y el mal por una familia "diferente", con cualidades poco usuales y una moralidad muy particular.

Engancha desde el principio, cuando aparece un personaje que no sabe quién es, dónde está ni qué le ocurre, sólo sabe que tiene que huir y que está en peligro. Así que ese personaje no tiene mejor idea que la de contratar los servicios de unos investigadores privados para que averigüen quién es y sobre todo, si ha hecho algo ilegal, ya que cada vez que se duerme aparece con distinta ropa y ademá a veces cubierto de sangre o con bolsas con dinero o piedras preciosas.

La mayor pega que encontré fue precisamente la bondad de los protagonistas. A ver, nadie puede ser tan perfecto ni tan generoso ni tan paciente ni tan... 

Aparte de eso, disfruté bastante la lectura. El mejor personaje, para mí, Thomas, el hermano de la protagonista. Es el que demuestra tener más sentido común y un comportamiento más "normal", aunque no deja de ser irónico ya que es como es y está donde está (no entro en detalles para no hacer spoiler).

Y como suele pasarme en series y películas, otro de los personajes que me caía muy bien (no voy a decir cuál), también muere. Por si lo lees y sientes curiosidad de quién es, te diré que se suicida.




miércoles, 4 de junio de 2014

Va de nubes


Ayer, de camino al colegio para recoger a mi niño, vi en el cielo lo que en principio pensé que era una columna de humo blanco, pero que después, fijándome, resultó ser una nube.



Me acerqué más para asegurarme de que no era humo, aún así es algo raro, ¿no crees?.

Pues bien, fíjate ayer qué cielo tan azul y despejado.

Esta mañana, a eso de las nueve y media, el cielo estaba así:




Y ahora está como una mezcla de ambas, con trocitos azules rodeados de nubarrones.

Conclusión: el clima es gallego, no se sabe si va o si viene.


lunes, 2 de junio de 2014

Duda razonable, 2014





Estaba echando un vistazo a la lista de películas pendientes y he aquí que me encuentro con un título que me sonaba mucho, así que no se me ocurrió otra cosa que ir a Filmaffinity para ver la sinopsis. Y resulta que la había visto!

Ya puedes imaginarte que no me caló hondo, a pesar de la presencia de Samuel L. Jackson. Es una película perfectamente olvidable. Una más entre varias con tramas similares.

Un abogado de éxito que tras una cena con copas atropella a alguien y se da a la fuga por no meterse en líos. Pero detienen a otro hombre acusado del incidente. El abogado, que es fiscal, intenta echar abajo el caso contra él, no sigas leyendo si la vas a ver porque voy a soltar el spoiler que no lo es tanto, y es que el hombre al que logra que liberen, es un asesino, que atacó al hombre atropellado justo antes del atropello y a ver ahora qué hace el abogado.

Pues meterse en líos ya que el asesino sabe que él sabe lo que sabe y todo eso. Al final, por supuesto, ganan los buenos, aunque no diría yo que alguien que atropella a un hombre y se da a la fuga sea muy bueno, pero vamos....

Pues eso, para mí fue perfectamente olvidable (esta vez de forma literal).

Al encuentro de Mr. Banks, 2013









Antes de empezar a escribir la reseña, tengo que ser honesta y avisarte de que soy un pelín cortita de entendederas. Ya me pasó en Persiguiendo a Amy, me pasé casi toda la película esperando a que apareciera el personaje de Amy, con eso te lo digo todo.

Aquí curiosamente no me puse a esperar al señor Banks. Me ocurrió algo diferente y es que yo creía que la niña era la escritora, pero los nombres no cuadraban. Ya sé que no entenderás nada si no has visto la película, pero créeme, fui idiota.

Bueno, la historia narra el encuentro entre Walt Disney y P.L. Travers, la autora de Mary Poppins. El quiere los derechos del libro, ella quiere imponer sus condiciones. Tras veinte años de lucha, él consigue que ella (acuciada por la necesidad monetaria), acuda a Estados Unidos para empezar a crear la película basada en su novela.

Ella es básicamente una tocapelotas. No le gusta nada y no está conforme con nada. De entrada dice que no quiere ni cancioncillas ni dibujos animados en la película (y al final hay ambas cosas). Trae de cabeza a todo el mundo. Mientras se van mostrando pinceladas de cómo se fue construyendo el guión y las canciones, se nos muestra su infancia en Australia mediante flashbacks, ya que los personajes de Mary Poppins están sacados de esa parte de su vida. Por eso también es tan picajosa con todo y con todos, que como no saben lo que pasa, creen que simplemente es su carácter (y algo de razón tienen, aunque no del todo).

Se nos muestra a un Disney encantador, sonriente, atento, divertido, amable y con ganas de llenar el mundo de risas y alegrías (y si de paso se lleva unas buenas ganancias, mejor que mejor). Leyendo por ahí, descubrí que realmente era una persona tirando a poco agradable, por decirlo de alguna forma. O sea que si ella es cascarrabias, él le daba cien vueltas.

Claro que teniendo en cuenta que es el creador de Mickey Mouse (personaje al que detesto), no es de extrañar que tuviera bastantes rarezas y mal genio. Bueno, al final de la película le dan un cierto aire a manipulador, pero eso es todo y muy suavecito.

La película me gustó. Emma Thompson me pareció increíble en su actuación. Pero ten en cuenta que no soy una gran conocedora, es simplemente la impresión que tengo. Tom Hanks me gusta y supongo que hace también una buena interpretación porque no "veía a Tom Hanks".

Con decirte que hasta me dieron ganas de volver a ver Mary Poppins (ahora bajo una nueva perspectiva), te lo digo todo.